jueves, 29 de diciembre de 2011

Lisette Model



  Lisette Model es el nombre por el cual conocemos a Elise Seybert, fotógrafa austriaca nacida en Viena a principios del siglo XX, concretamente el 10 de Noviembre de 1901.
Sus primeros pasos dentro del mundo del arte estuvieron encaminados hacia la música ya que estudió piano con Arnold Schoenberg, compositor, teórico musical y pintor de origen judío creador del dodecafonismo.

Tras la muerte de su padre y los problemas empresariales del negocio familiar, Lisette se traslada a París mientras su madre y su hermana Olga establecen su domicilio en la casa de veraneo que poseen en Niza; allí abandona sus estudios de música y se inicia en la pintura. En 1933 tiene sus primeros contactos con la fotografía a través de Florence Henri, fotógrafa américana que daba clases en su estudio y la introdujo en la técnica fotográfica y las tareas de laboratorio, y  Rogi André, fotógrafa francesa de origen húngaro que fue la primera esposa de André Kertész. Rogi en uno de los paseos que solían dar juntas por París le dio un consejo que más tarde Lisette Model transmitiría a sus alumnos y que sin duda marcó su propio trabajo: “Nunca fotografíes algo que no te apasione”.

Su primera serie de fotografías, Promenade de Anglais, un estudio crítico de la burguesía realizado en Niza y Montecarlo, fue publicado en el periódico Regards en 1935. Dos años después tras contraer matrimonio con el pintor Evsa Model se traslada a Estados Unidos. En Nueva York conoce al director artístico de la revista PM's Weekly, Ralph Steiner, quién se interesa por su trabajo y accede a publicarlo.

Model sentía verdadera fascinación por las formas voluminosas, tal vez porque ella era una mujer menuda de frágil apariencia, y tal vez por eso las fotografías de su primera época iban dirigidas hacía este tipo de personas. De una forma muy personal, directa pero respetuosa, Lisette Model tomaba imágenes de la sociedad que la rodeaba, tanto ricos como pobres, ancianos o personas solitarias y aunque sus imágenes están llenas de empatía nunca establecía relación con las personas a las que fotografiaba.

En los años cuarenta, coincidiendo con su traslado a un apartamento de Greenwich Village, empieza una serie de reportajes de la vida cotidiana en las calles del Lower East Side, del Bowery y en los bares, cafés y cabarets que visitaba con frecuencia: el Sammy’s Bar, el Gallagher’s o el Metropole. Las imágenes realizadas en aquella época son publicadas en las revistas más importantes del momento tales como Paris Match o Harper’s Bazaar. Probablemente la década de los cuarenta sea la más fructífera de la carrera de Lisette Model.

Cuando en la segunda mitad de la década de los cuarenta, tras la segunda guerra mundial, los encargos empezaron a declinar debido a la postura conservadora que empezaron a tener las revistas para las que trabajaba, los problemas económicos se hicieron notar. Fue entonces cuando a través de Ansel Adams, Lisette consiguió dar clases en la Californi a School of Fine Arts. Tras esta primera experiencia en la vida docente, comenzó a dar clases particulares como medio para ganarse la vida y en 1951 aceptó la invitación de Berenice Abbott para trabajar en la New School for Social Research de Nueva York. A partir de entonces y hasta su muerte en 1983 Model se dedicó a la enseñanza. Entre sus alumnos más destacados estuvieron Helen Gee, fundadora de la Limelight Gallery de Nueva York; Diane Arbus, con la que mantuvo una estrecha relación de amistad; Larry Fink y Rosalind Solomon.

En indudable que las imágenes realizadas por Lisette Model tienen una gran fuerza y que la forma en que se aproximaba a las personas que retrataba hacen que el espectador sienta la presencia de los personajes de una forma muy cercana. En palabras de Cristina Zelich: “Casi es posible oír la música y el murmullo de las conversaciones, oler el humo de los cigarrillos o los alientos cargados de alcohol, palpar la suavidad de los abrigos de piel o escuchar el leve crujido de los vestidos de tafetán”.






martes, 20 de diciembre de 2011

Hugo Borges


Hugo Borges es un fotógrafo mexicano nacido en Mérida, en la península del Yucatán, el 5 de mayo de 1980. Tras licenciarse en Publicidad en el Centro Universitario Interamericano en la ciudad de Mérida, asiste a varios talleres de fotografía en la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY)  y comienza a trabajar para el Periódico Milenio Novedades en el departamento de Diseño y Arte. En el año 2008 decide viajar a la Ciudad de Buenos Aires, en Argentina, para estudiar Fotografía Profesional en el Instituto Superior de Arte Fotográfico, al tiempo que participa en diversos talleres de iluminación en la Escuela Argentina de Fotografía y en el Centro Cultural de San Telmo.
Es en este país donde empieza a desarrollar sus habilidades, trabajando en primer lugar como ayudante para fotógrafos como Federico Hamilton y Rafael Delceggio en diversas producciones sociales y de modas para las revistas argentinas  Fiancce y 90+10. También colabora en la realización de una serie de fotografías nocturnas en gran formato con Alejandro Chaskielberg y con el Ministerio de Cultura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires en el área de Comunicación.
Los conflictos sociales acontecidos durante los años 2009 y 2010 en Buenos Aires, le sirven para desarrollar su estilo como fotógrafo documental y reportero, y los viajes realizados por Argentina y Bolivia culminan en una serie de reportajes, “Pueblos Originarios de Argentina y Bolivia” y “De Tango y Piel”.
En el 2010 es seleccionado para exponer obras a gran formato sobre juguetes mexicanos dentro del marco del Otoño Cultural de Yucatán. La serie, que consta de 19 imágenes y lleva por nombre “Los Olvidados”, se realizó con la intención de que los niños mexicanos conocieran los juguetes que usaron sus papas o incluso sus abuelos y de este modo no se pierdan en el olvido. Trompos, baleros, canicas, perinolas y todos aquellos tradicionales que ya nadie utiliza fueron pintados con luz y fotografiados por Hugo Borges.  Las fotografías fueron impresas en gran formato de 2x2 metros. y montadas en estructuras de metal.
Hugo también ha expuesto en Buenos Aires, Mérida, D.F. y Guadalajara. Además de participar dentro de publicaciones dentro del taller Rendija Visual y del Conaculta. Lamentablemente no tiene página web, así que tendréis que conformaros con la muestra que aquí os dejo, o ser atrevidos e indagar por vuestra cuenta. Os aseguro que esto último suele resultar de lo más interesante. 

 






domingo, 11 de diciembre de 2011

Oleg Duryagin




 Cuando uno ve por primera vez las imágenes de Oleg Duryagin no puede evitar preguntarse que es lo que está contemplando. ¿Son personas? ¿Esculturas? ¿Dibujos? Y es que en realidad podría decirse que tienen un poco de todo.

Nacido en Moscú en un entorno artístico, su madre es pintora, no puede evitar interesarse por todo aquello que se desarrolla a su alrededor y aunque en un principio su camino tomó otros derroteros, es trabajando como diseñador de páginas web cuando empieza a darse cuenta del gran potencial que puede proporcionarle la combinación del diseño gráfico y la fotografía. Y es que si algo tiene claro este joven artista es que quiere ser diferente, lo cual sin duda ha quedado claramente reflejado en sus trabajos.

Las a veces escalofriantes imágenes de personas semihumanas, desarrolladas a través del ordenador, en donde mezcla rasgos de distintas razas y fisonomías, dan como resultado una serie de iconos surrealistas que pueden producir en el espectador emociones encontradas, pero que en ningún caso le dejarán indiferente.

Podría decirse que Oleg Duryagin es un perfeccionista y que a través de su obra busca una idea sublime de la belleza, no por la belleza en sí, sino por la perfección que conlleva la misma. Ojos grades y claros, pieles de porcelana, proporciones exactas, todo conduce a un prototipo envuelto en una nube etérea que hace aún más inquietante cada una de sus imágenes. De hecho, según sus propias palabras, Oleg busca algo limítrofe entre la belleza y la repulsión, entre la vida y la muerte. Es como si quisiera insuflar vida a los cuerpos inertes de los maniquíes plastificados.

A pesar de su juventud, Duryagin nación en 1983, ya ha disfrutado las mieles de la gloria. Ha sido ganador de varios premios de fotografía, entre ellos el de Photographer of the year Fineart, en el 2008 International Photography Awards. Su obra ha sido expuesta en Moscú, Madrid, París, Los Angeles, Dubai y Bélgica, entre otras ciudades. En los medios artísticos se le conoce por su apodo, DOU. 







http://www.douart.ru/

viernes, 2 de diciembre de 2011

Primer Aniversario de La Mirada Fotográfica

 Isabel Muñoz
 
Hoy hace un año que comencé a publicar este blog. Lo hice con la ilusión de compartir con aquellos que como yo aman la fotografía pero que, por algún motivo,  no tienen tiempo o la suficiente habilidad para indagar por si mismos, la obra de aquellos autores que, a través de los años y desde que en el siglo XIX surgió este maravilloso invento, nos han ido dejando una extraordinaria visión del mundo a través de su cámara.

Ante todo quiero agradecer su constancia a todos los que de algún modo habéis contribuido a divulgar mis notas y habéis sido fieles seguidores de estas páginas. Las más de diez mil visitas que ha recibido han sido para mi un acicate para continuar con esta labor que debo decir me produce una gran satisfacción y contribuye a educar mi mirada a la vez que la vuestra.

Este post quería que fuera algo muy especial, así que en lugar de la habitual reseña de un autor he decidido dejaros una serie de imágenes de distintos autores. Si habéis realizado estudios de fotografía en alguna escuela o acudido a seminarios o talleres, seguro que en algún momento alguien os ha pedido que eligierais un  fotógrafo que haya influido en vuestra forma de fotografiar, alguien que haya contribuido a definiros como fotógrafos. Pues bien yo, que de por si siempre he sido bastante indisciplinada en todo, me veo incapaz de hacer tal cosa. ¿Porqué conformarme con un solo bocado cuando tengo ante mí una mesa repleta de suculentos manjares?

Si bien me siento mucho más identificada con aquellos que practican la fotografía documental, cualquier imagen bella y bien realizada atrae mi mirada y llena mis expectativas. Por ese motivo han sido muchos los fotógrafos que han influido en mí y que han hecho que desde muy joven sintiera cada vez más la llamada, no de la selva, que también, sino de la luz. Esa luz que hace posible que una imagen se plasme en un papel o en una tarjeta digital y que nos permite visualizar un momento del tiempo y de la vida mucho después de que tal cosa haya transcurrido.

Hay muchos autores que opinan que la fotografía es una especie de máquina del tiempo que transforma el presente en pasado, ya que desde el momento en que la cámara capta la imagen está ha dejado de existir. No niego dicha posibilidad, yo sin embargo prefiero pensar que es una especie de ventana que nos permite visualizar aquello que de otro modo no podríamos ver, bien por que ya ha sucedido, factor tiempo, o bien porque ocurre en un lugar diferente a aquel en el que nos encontramos, factor espacio. En cualquier caso la fotografía obra una especie de magia que los buenos fotógrafos transmiten al espectador y que le hacen desear que saque un nuevo conejo de su chistera.

Todos las imágenes que os voy a mostrar a continuación pertenecen a fotógrafos españoles de distintas épocas. No he necesitado recurrir a ningún otro para esta muestra. Si de algo puede presumir nuestro suelo es de haber tenido siempre grandes representantes de la fotografía. Me ha costado muchísimo seleccionar poco más de una docena de ellos y mucho más seleccionar una sola obra de cada uno. Pido disculpas a todos los que se han quedado fuera y que merecían estar en esta página, pero el post sería interminable. Espero que disfrutéis al ver las imágenes tanto como yo he disfrutado al reunirlas.

 Alberto García Alix

José Miguel de Miguel

Leopoldo Pomés

Luis R. Marín

Ramón Masats

Alfonso Sánchez

Luis Baylón

Carlos de Andrés

Colita

Cristina García Rodero

Jordi Socias

Eduardo Momeñe

Jose Manuel Navia

Juan Manuel Castro Prieto