Cabecera La Mirada Fotográfica
miércoles, 30 de octubre de 2013
Rui Palha
Sin duda alguna me atrevo a decir que el tipo de fotografía que nos acerca más a la realidad de la vida es la fotografía de la calle, o como se conoce en términos anglosajones la "Street Photography". Puede que algunos tachen mis palabras de excesivas e incluso de ignorantes e irresponsables, yo creo que no lo son. Si analizamos el entorno más próximo a este género como podría ser el reportaje, la fotografía documental, veremos que de algún modo el fotógrafo interviene en aquello que refleja desde el momento mismo en que elige el tema de su trabajo. Esta intervención, incluso de un modo inconsciente y no voluntario, conduce indefectiblemente a cambios a veces imperceptibles pero siempre latentes en las imágenes realizadas. Por el contrario, el fotógrafo de la calle al no intervenir en la escena y permanecer al margen de ella, puede reflejar ese mundo cercano, esa cotidianidad que nos rodea por doquier, de un modo más puro.
A lo largo de la Historia de la Fotografía, a menudo los fotógrafos de la calle, sobre todo los más renombrados, han simultaneado ambas facetas: la del reportaje y la de ese pequeño mundo que hay a nuestro alrededor. Nombres como Cartier-Bresson, Robert Frank o Elliot Erwitt son claro ejemplo de lo que hablamos. Sin embargo también han existido otros autores, a menudo mucho menos conocidos o incluso totalmente ignotos como hasta hace muy poco fue el caso de Vivian Maier, que han dedicado una gra parte de su vida a recoger y conservar mediante sus imágenes la memoria de lo cotidiano.
El autor del que quiero hablaros hoy es uno de estos últimos, seguramente desconocido para el gran público, pero admirado y respetado por todos aquellos que seguimos y que de algún modo nos sentimos ligados a este tipo de fotografía. Se llama Rui Palha, es portugués y la fotografía de la calle ha sido su hobby y su vida desde que a los 14 años cogiera por primera vez una cámara en sus manos. Desde entonces ha llovido mucho y una buena parte de esa lluvia ha quedado reflejada en las fotografías de Palha, del mismo modo que lo han hecho las líneas de su ciudad, Lisboa. Y es que este autor tiene un don especial para mostrar el esqueleto y las interioridades de ese marco inigualable situado en la desembocadura del rio Tajo y que los griegos bautizaron como Olissipo en honor de Ulises, a quien consideraban según la mitología su fundador.
Seguramente con su técnica Rui Palha hubiera podido optar por cualquier tipo de fotografía pero en una entrevista concedida a Leicanistas confiesa que eligió la fotografía de la calle porque siempre se sintió sorprendido, incluso hipnotizado, con el movimiento de las personas, sus expresiones, sus reacciones. Sentía que era un gran reto el tratar de capturar el continuo ajetreo de la vida cotidiana y también por supuesto, una manera de aprender un poco más del mundo que nos rodea.
Como la mayoría de los fotógrafos de la calle Rui Palha tiene un gran dominio de la luz y a menudo escoge reflejar la oscuridad. Las estaciones, los pasos subterráneos, las escaleras en penumbra son parte de su trabajo, casi siempre acompañadas de una única figura humana, como si representaran una sucesión de soledades o tal vez una lucha desigual entre el individuo y su entorno.
A veces podemos encontrar también en sus imágenes un romanticismo nostálgico, pero no hay que olvidar que la mayoría de sus fotografías están realizadas en Lisboa, una de las ciudades con más reminiscencias entre las capitales europeas. El trabajo de Rui Palha es extenso y conviene degustarlo con tranquilidad como si de un buen vino se tratara, saboreando cada gota de esa colección de historias que nos cuentan sus fotografías y que además de en su página podréis encontrar en sus galerías de "1x", "flickr", o en su libro "Fotografía de Rua".
http://www.ruipalha.com/#!
sábado, 12 de octubre de 2013
50.000 Visitas
Alice Ellen Terry ( 1860s?) Fotografíada por Julia Margaret Cameron
Hace una semana vi que me quedaba poco para que el blog alcanzara las 50.000 visitas y decidí preparar algo especial para ese momento, pero no me ha dado tiempo ya que casi sin darme cuenta las hemos sobrepasado.
De todos
modos quiero dar las gracias a todos los que habéis hecho que esto sea posible
y por ello voy a dedicaros un artículo en el que no vamos a hablar de ningún
fotógrafo, aunque sin duda sean los protagonistas.
Uno de los
temas que ha estado siempre presente en la fotografía prácticamente desde sus
inicios ha sido el retrato y si tratamos de concretar más el retrato femenino.
La mujer ha servido en fotografía para mostrar la belleza, el glamour o la
moda, pero también para enseñarnos el dolor, la fuerza, el coraje, la lucha
silenciosa.
Actrices,
bailarinas, escritoras han sido fotografiadas por algunos de los mejores
fotógrafos de todos los tiempos. También lo han sido madres desesperadas por el
dolor de haber perdido a sus hijos en alguna guerra, por el hambre, por la
violencia que se ejerce contra ellas y sus hijas en muchos países o por la
desigualdad de derechos que tienen que sufrir.
Podría
elegir mostraros todo ello, imágenes no faltan, pero dado lo especial de esta entrada
he optado simplemente por la belleza, o por la interpretación que los fotógrafos nos han dado de ella a través de sus lentes, y he recogido una selección de retratos a
lo largo de la historia de la fotografía que espero que disfrutéis. Como en
muchos casos no he sido capaz de dar con el autor, éste no
constará en el pie de foto, de modo que pido disculpas a todos aquellos que no
puedo incluir, a pesar de que la mayoría ya no deben de estar entre nosotros.
Cleo de Merode (Alrededor de 1900) Fotografiada por Felix Nadar
Adrienne Ames (Alrededor de 1930)
Anna Pavlova (Principios de 1900)
Theda Bara (1917)
Barbra Streisand (1960s)
Brigitte Helm (1927)
Catherine Deneuve (1970s)
Katharine Hepburn (1950s)
Romy Schneider ( 1950s)
Yvonne Mertens (1930) Fotografiada por Alexander Bassano
Twiggy (1966)
Marilyn Monroe (1960) Fotografiada por Eve Arnold
Madonna (1982) Fotografiada por Richard Corman
Penelope Cruz (2010s) Fotografiada por Outumuro
domingo, 29 de septiembre de 2013
Alejandro Lamas
Alejandro Lamas nació en la ciudad porteña de Buenos Aires a mediados de los cincuenta pero, quizás por la afinidad que siempre ha existido entre nuestros dos países, desde hace algún tiempo reside y trabaja en España, concretamente en Madrid.
Entusiasta de la fotografía desde una edad muy
temprana, comenzó a realizar imágenes a los catorce años, cursó estudios de
Óptica Instrumental en Rosario, la tercera ciudad más importante en cuanto a
población de Argentina y que está considerada como un importante centro
cultural y educativo del país. Fue allí también, en la prestigiosa Peña
Fotográfica Rosarina, fundada en 1950 y que a día de hoy está considerada como “Entidad
de Bien Público”, donde perfeccionó sus conocimientos de fotografía.
También se especializó en la reproducción fotográfica
de obras de arte, de modo que en sus primeros años laborales alternó sus
trabajos en este campo con el mundo de la publicidad. Así mismo impartió clases
de iluminación en la escuela oficial de cine y televisión de la provincia de
Santa Fe, en Argentina y más tarde actuó como profesor en varias escuelas de
fotografía ya en España.
Para Alejandro el dedicarse a la fotografía no fue algo
deliberado sino natural. Desde el momento en que cogió su primera cámara, o más
bien la de su padre, una Argus Coated Cintar, de la que seguramente muchos de
vosotros no habréis oído hablar pero de la cual se vendieron más de dos
millones de ejemplares en su momento, el salir a la calle con ella en la mano
fue una costumbre que le acompaño a lo largo de su adolescencia y que sin duda
marcó su vida profesional. No es pues de extrañar que los fotógrafos en los que
más se fijara como referente fueran aquellos que también desarrollaban su labor
en las calles, nombres como Harry Callahan, Manuel Álvarez Bravo, Robert Frank
o Sergio Larrain fueron una fuente de inspiración y estudio.
En su trabajo de autor Alejandro Lamas ha desarrollado
una fotografía con un marcado carácter intimista. Sus imágenes suelen reflejar
una ciudad desnuda, desprovista de cualquier tipo de artificio, en donde las
calles son las auténticas protagonistas mientras que sus escasos moradores,
apenas unas sombras, son meros espectadores del tiempo y el espacio. Él suele definir su labor con una frase de
Sergio Larrain extraída de su libro El
rectángulo en la mano, “Es en mi interior que busco las fotografías cuando
con la cámara en la mano paseo la vista por fuera, puedo solidificar ese mundo
de fantasmas cuando encuentro algo que tiene resonancias en mí.”
Pero además de su propio trabajo personal como autor
Alejandro dedica una gran parte de su tiempo a formar a futuros fotógrafos y si
bien con anterioridad lo hacía al modo tradicional en alguna escuela, en los
últimos tiempos ha desarrollado un método muy innovador en nuestro país, la
fórmula del Coaching Fotográfico. Este método está basado en una serie de
salidas colectivas de un reducido grupo de alumnos, programadas a lo largo de un periodo de tiempo durante el cual se
realizará una práctica regular guiada por un fotógrafo profesional en activo,
que incluye un proceso de revisión constante del trabajo realizado para una
posterior selección y publicación de los resultados en formato de libro.
Esta posibilidad de desarrollo de los conocimientos del
alumno es mucho más provechosa y motivante. En lugar de impartir una lección
magistral de la que los alumnos aprovechan un porcentaje limitado o un taller
en el que el trabajo de campo ayuda a asimilar mejor las enseñanzas teóricas,
se plantea una forma diferente de formación: incentivar el aprendizaje a través
de la práctica regular del alumno, favoreciendo así el trabajo personal, la
reflexión sobre los resultados, la comparación y el debate entre iguales y el
incremento de la necesidad de adquirir conocimientos puntuales muy concretos y
enfocados a una mejora casi inmediata de los resultados.
De este modo Alejandro Lamas intenta transmitir a sus
alumnos lo que él denomina “La Voluntad de Ver”, de modo que cada uno de ellos
se sumerja en la tarea de encontrar su propia identidad como autor. Sin duda él
la ha encontrado. Este hombre que se siente más cómodo mirando en blanco y
negro, que gusta del formato medio y que cree que el futuro de la fotografía es
un presente en transformación permanente, nos deja en sus obras una mirada de
irrealidad trazada en un contexto paralelo en el que sin embargo se atisba una
constante de humanidad, marcada sin duda por la presencia/ausencia de
individuos como sujetos del espacio delimitado en la imagen.
Como siempre os dejo el enlace a su página para que
podáis seguir indagando y disfrutando del trabajo de este autor.
http://www.alejandrolamas.com/
jueves, 12 de septiembre de 2013
Robert Mapplethorpe
Hace unos días terminé de leer "Eramos unos niños", la biografía de Patti Smith, o casi podría decirse la biografía compartida de Patti y Robert Mapplethorpe, ya que una buena parte del libro está dedicada a su vida en común. Era una asignatura que tenía pendiente, como tenía pendiente el escribir un artículo sobre ese polifacético artista que fue Robert Mapplethorpe.
Debo confesar que Mapplethorpe me fascina. Y no sólo como fotógrafo. Todo su personaje en sí, su fuerza vital, sus ansias de llevar la vida al límite aún dentro de su timidez, su deseo de experimentar, su fascinación por la belleza, su ambigüedad, su deseo de superación, todo en él era excesivo y al mismo tiempo insuficiente; siempre necesitaba más.
Nacido en el seno de una familia católica y siendo el tercero de seis hijos fue un niño travieso pero también estuvo sujeto a rígidas normas. Siempre supo que era un artista, era un dibujante nato del mismo modo que era capaz de componer cualquier cosa con sus manos. Disfrutaba montando y decorando broches, realizando collages, haciendo bocetos, cualquier cosa que requiriera de una mente creativa.
En 1963, Mapplethorpe se matriculó en el Instituto Pratt en las cercanías de Brooklyn, donde estudió dibujo, pintura y escultura. Influenciado por artistas como Joseph Cornell y Marcel Duchamp, experimentó con diversos materiales para la realización de collages de técnica mixta, incluyendo imágenes recortadas de libros y revistas. Fue su amiga y compañera Patti quien insistió para que realizara sus propias imágenes para incluirlas en sus obras. Sin embargo en un principio Robert no estaba interesado, entre otras cosas porque su economía no era muy boyante y la compra del material necesario para poder realizar las fotografías hubiese supuesto un coste mucho mayor que el que le exigían las revistas que utilizaba.
Sus primeras fotografías las tomó con una cámara Polaroid que le prestó un amigo y sus primeros modelos fueron Patti y él mismo. Al principio jugueteó con la cámara, no estaba convencido que aquello fuera lo suyo y aunque el mecanismo de la misma era muy sencillo las opciones eran limitadas. Aquello fue suficiente para que aquel hombre apasionado por todo tipo de arte se quedara totalmente enganchado a la fotografía. Poco tiempo después conoció a Sam Wagstaff, coleccionista y mecenas que paso a formar parte de su vida y que el día de su cumpleaños le regaló una Hasselblad. Ambos habían nacido el mismo día, el 4 de noviembre, con 25 años de diferencia y a cambio Robert le regalo a Sam una fotografía. Aquel primer intercambio simbolizó sus respectivos papeles como artista y mecenas, aunque con el tiempo Sam llegaría a ser mucho más al convertirse en amantes.
La Hasselblad, una cámara de formato medio adaptada a la Polaroid, le permitía a Mapplethorpe una mayor flexibilidad y control sobre el uso de la luz y el poder intercambiar los objetivos le procuraba una mayor profundidad de campo, de ese modo Robert empezó a conseguir exactamente lo que quería. A partir de ahí, el resto de sus trabajos quedaron arrinconados y se dedicó en cuerpo y alma a la fotografía con resultados cada vez más atractivos.
El mundo que rodeaba a Mapplethorpe estuvo siempre compuesto de los intelectuales más importantes de aquella época, músicos, poetas, pintores, escultores, todo tipo de artistas pasaron por el objetivo de su cámara, consiguiendo que nos dejará un maravilloso legado de retratos y aunque su obra está también repleta de naturalezas muertas, desnudos y provocativas imágenes, yo he querido mostraros hoy su faceta como retratista. Sin embargo si deseáis conocer más no tendréis ningún problema ya que la red está llena de páginas dedicadas a este singular artista. Para facilitaros un poco la labor, yo os dejaré al final un enlace a la página de su fundación. Como siempre os deseo que disfrutéis con las imágenes de Robert Mapplethorpe.
http://www.mapplethorpe.org/
sábado, 24 de agosto de 2013
Paul Mobley
Hola amigos, tras un pequeño paréntesis veraniego, volvemos a las actividades cotidianas y que mejor para ello que empezar a presentaros una nueva tanda de fotógrafos que espero que sean de vuestro agrado o que al menos os sirvan de inspiración.
Vamos a empezar por Paul Mobley, un fotógrafo americano que comenzó su andadura en Detroit, aunque muy pronto se trasladó a New York, en donde trabajó como ayudante de Annie Leibovitz, Steve Steigman, and David Langley. El contacto con estos profesionales le proporcionó la base para poder realizar sus propios trabajos, tanto en publicidad, como para el mundo de la música o el corporativo. Pero es en sus trabajos personales donde se puede apreciar la verdadera esencia de la fotografía de Mobley.
Con un dominio absoluto del retrato cada una de las series en las que trabaja conforman un mapa de los colectivos a los que representan. Así en su primer libro, "American Farmer: The Hear Of Our Country", publicado en el 2008, captura el alma de las comunidades agricolas de Estados Unidos. Al modo de los fotógrafos que en la época de la depresión y bajo la tutela de la F.S.A, y la dirección de Roy Striker recorrieron los caminos de América para dar una imagen más o menos fiel de lo que suponían aquellos tiempos para la población agraria y de ese modo concienciar al resto de la población, Paul Mobley ha viajado durante tres años por 35 estados, visitando más de 300 granjas y plantaciones de todo tipo.
Sin embargo el trabajo de Mobley es muy diferente del que realizaran en aquella época fotógrafos como Dorotea Lange o Walker Evans, entre otros. Y no sólo porque evidentemente las circunstancias son muy diferentes, sino porque también lo es el espíritu de los fotógrafos. Los reporteros de la F.S.A., documentaron la situación sin comprometerse en ella, buscaban un trabajo documental que impactará en la sociedad removiendo sus conciencias, esperando con ello lograr una mejor situación para los inmigrantes y desplazados por la depresión y la sequía que asolaba sus campos. Sin embargo, tal y como relató en algunas entrevistas Dorotea Lange, nunca convivieron con los protagonistas de las imágenes que realizaban, ni siquiera interactuaron con ellos. Llegaban realizaban las fotos y se iban. De hecho es curioso constatar que Lange nunca supo el nombre de la mujer protagonista de su imagen más icónica "Madre Migrante".
Por el contrario Paul Mobley ha querido dar a sus imágenes un significado mucho más cercano, por lo cual ha incluido en su libro no sólo los nombres de los personajes que ha fotografiado sino también comentarios, anécdotas e historias de los mismos. Su convivencia con los granjeros se nota, dando como resultado un retrato amable y humano. Es indudable que sus fotografías no tienen el impacto de las anteriores, pero sin duda constituyen un magnífico retrato de la vida actual de los granjeros americanos.
En su trabajo, "Everyday Heroes: 50 Americans Changing the World", publicado en octubre del 2012, nos presenta a una serie de personas anómimas que cada día intentan hacer lo posible para mejorar la vida de los menos afortunados. Bomberos, médicos, maestros, asistentes sociales y organizaciones no lucrativas como Alex's Lemonade Stand Foundation, que se inició como una reación contra el cancer infantil a través de puestos de limonada, o la Meals on Wheels Association of America, una de las mayores asociaciones de la lucha contra el hambre en los Estados Unidos, todos tienen cabida entre estos héroes con los que cada día nos cruzamos sin darnos cuenta.
Pero los retratos de Paul Mobley no sólo abarcan esta serie de trabajos, entre su clientela se encuentran algunos de los músicos más famosos del momento, actores y empresas como Ford, John Deere, Apple, Max Factor, Chevrolet, Microsoft o American Express. Algunos de sus trabajos son sumamente divertidos y otros realmente entrañables como el dedicado a los Centenarios, personas todas ellas que han sobrepasado los cien años de edad.
En fin, si os gusta el retrato en la página de Paul Mobley podréis encontrarlos de todo tipo y si rebuscáis un poco podréis también encontrar su libro "American Farmer". Que disfrutéis.
http://paulmobleystudio.com/Entertainment/1/
lunes, 22 de julio de 2013
Fred Herzog
La fotografía de calle es, por encima de todo, un ejercicio visual. Dado que no tiene en que apoyarse, pues no se basa en una sucesión de imágenes cuyo conjunto sea coherente como lo hace el reportaje, se ve obligada a sobresalir por si misma. Y sin embargo, y al mismo tiempo, se caracteriza por la falta de necesidad de que ocurra algo especialmente importante.
Los fotógrafos de la calle suelen tener una especie de sexto sentido que les permite visualizar en unas decimas de segundo aquello que otras personas que están en el mismo lugar son incapaces de ver. La secuencia de colores precisos, el juego de luces y sombras, la escena con un punto irónico o divertido, el juego de las líneas de un edificio, una o varias personas que sobresalen del resto por cualquier motivo, todo esto y mucho más puede ser lo que de protagonismo a sus fotografías.
Fred Herzog es uno de esos fotógrafos, pero además fue un precursor. En una época en la que la mayoría de los que se dedicaba a este oficio trabajaban en blanco y negro él decidió hacerlo en diapositiva y en color, lo cual le excluyó durante largo tiempo del circuito de museos, galerías de arte y demás ambientes fotográficos.
Herzog, de origen alemán, emigró a Canada tras perder a sus padres durante la segunda guerra mundial. Enrolado en un barco como marinero recaló en el continiente americano y durante un breve tiempo vivió en Toronto y Montreal. En 1953 se traslada a Vancuouver, donde comienza a trabajar como fotógrafo dentro del ramo de la medicina. Más tarde llegaría a ser Director Asociado de UBC Department of Biomedical Communication y también formó parte de la plantilla de profesores de la Universidad Simon Fraser.
Fuera del laboratorio también retomó lo que en su infancia había sido simplemente algo casual y empezó a fotografiar las calle y las gentes de su ciudad. Su trabajo se centra principalmente en la gente corriente de clase obrera y en los lugares que frecuenta. Siente una expecial predilección por los numerosos carteles que en los años 50 y 60 cercaban los muros de Vancouver, por los espacios abiertos, los coches abandonados y las tiendas. Sus escaparates son a menudo un motivo para este fotógrafo, tanto en lo que puede apreciarse desde el interior, como aquello que los viandantes encuentran a su paso.
El uso de la película Kodachrome le confiere a sus imágenes ese aspecto que nos hace pensar en los fotogramas de una película o en los lienzos de algunos de los pintores realistas de la época. Muchas de sus fotografías podrían haber servido de base para las obras de Edward Hopper, o tal vez fuera él quien se sintiera inspirado por las mismas.
En las últimas decadas su trabajo ha sido reconocido en todo el mundo y se han hecho muestras del mismo en diversas galerías, como la Vancouver Art Gallery o la Equinox Gallery, también de Vancouver, quién tiene la representación de su obra y en cuya página podréis ver parte de su trabajo.
Los que queráis profundizar más podéis optar por alguno de sus libros. Yo recomiendo "Photographs", el cual contiene una buena selección de su trabajo y cuenta con una serie de interesantes prólogos de Claudia Gochmann, Sarah Milroy, Jeff Wall y Douglas Coupland. Eso si, está en inglés, así que los que no dominéis el idioma tendréis que hacer un esfuerzo.
http://www.equinoxgallery.com/artists/portfolio/fred-herzog
lunes, 1 de julio de 2013
Anders Petersen
Eso no fue óbice para que años más tarde lograra su objetivo, aunque de una manera diferente. Su relación con Christer Strömholm, fotógrafo sueco que se hizo famoso por sus fotografías sobre los ambientes existencialistas de París, tuvo mucho que ver. Su amistad con Strömholm, que además fue su profesor en la Escuela de Fotografía de Estocolmo, influenció la manera de ver y de trabajar de Petersen.
En 1968, Petersen entró por casualidad en el café Lehmitz a tomar una cerveza. El local, situado en el barrio rojo de Hamburgo, era un tugurio frecuentado por prostitutas, homosexuales, proxenetas, alcohólicos y todo tipo de personas que se movían al margen de la sociedad. El azar quiso que dejara su máquina sobre la mesa para ir al baño y al volver se encontró con que los clientes se estaban haciendo fotografías los unos a los otros. Petersen no desaprovecho la oportunidad y tras obtener su permiso para fotografiarles estuvo visitando aquel lugar durante aproximadamente tres años, obteniendo una serie de 88 fotografías que acabaron convirtiéndose en un clásico, su libro Café Lehmitz, publicado por Schirmer Mosel en 1978.
Fue también allí donde hizo su primera exposición ya que las fotografías realizadas fueron colgadas en las paredes del café, detrás de la barra. Su empatía con los personajes retratados le llevó a realizar el reportaje no como un extraño, sino con una mirada de afecto en una especie de diario íntimo.
En sus siguientes trabajos Anders Petersen siguió la misma tónica que tan buen resultado le diera en el realizado en el café. Durante algún tiempo visito los lugares que formarían sus próximos tres libros, una trilogía constituida por un estudio de la marginalidad en cárceles, instituciones mentales y asilos de ancianos. Después de fotografiar un manicomio durante tres años consecutivos decidió que ya tenía bastante y empezó a enfocar su trabajo hacia la calle y la vida cotidiana en ella.
Sin embargo el estilo de Anders Petesen no varió. Sus descarnadas imágenes marcan una constante, de tal manera que su trabajo podría ser todo uno, no importando el lugar ni el momento en que fueron realizadas. Petersen ubica a sus personajes en el centro de la imagen y les rodea de una atmósfera cerrada, casi opresiva, de tal manera que en ocasiones su retratos llegan a ser grotescos, aunque nunca estén exentos de humanidad. La vida en ocasiones es dura y Petersen sin duda es capaz de mostrar esa dureza en toda su realidad.
http://www.anderspetersen.se/petersen/
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