Cabecera La Mirada Fotográfica

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miércoles, 18 de febrero de 2026

HELEN LEVITT EN LA FUNDACIÓN MAPFRE

 


Tras su paso por el KBr Photo Center de Barcelona, la Fundación Mapfre abrirá al público en su sede del Paseo de la Castellana una muestra de la fotografía de Helen Levitt el próximo día 19 de febrero que podrá visitarse hasta el 17 de mayo. Se trata de una amplia retrospectiva de la obra de la autora, nacida en Nueva York en 1913, que incluye gran parte de su archivo además de algunas de las fotografías realizadas en México y una pequeña muestra de su trabajo en color. 

Aunque todos hemos podido ver algunas de sus fotografías en exposiciones colectivas, no son muchas las realizadas individualmente en nuestra ciudad sobre el trabajo de Levitt. Si mal no recuerdo creo que fue en 2010, cuando dentro del Festival PHotoEspaña el Museo ICO programó una muestra antológica que llevaba por nombre Helen Levitt. Lírica Urbana. Fotografías 1936-1993. Y si hubo alguna más yo no lo recuerdo. 

Helen Levitt es una de las grandes fotógrafas estadounidenses de la segunda mitad del siglo XX. Su obra destaca por su mirada singular y por su estilo documental, centrado en la vida urbana, sobre todo en las zonas populares de Nueva York. Sus imágenes captan pequeños instantes de la vida cotidiana, momentos aparentemente banales pero con un gran sentido metafórico sobre las condiciones sociales de nuestro tiempo. Y sin embargo ella nunca pretendió hacer una fotografía documental en el estricto sentido de la acepción. 


Fotografiaba sobre todo niños, no porque la atrajeran en mayor medida sino porque ella trabajaba en la calle y los niños estaban allí, al igual ocurría con los ancianos. Y fotografiaba los barrios marginales porque ella había nacido en un barrio humilde y se sentía más cerca de los acontecimientos que transcurrían en sus calles, además en las calles de los barrios obreros había una mayor actividad social que en aquellas que frecuentaba la clase privilegiada. No la interesaban las grandes avenidas de Manhattan, ni las líneas de su estilizada arquitectura.

Joshua Chuang, comisario de la muestra

Su estilo de fotografía a menudo se le define como “un teatro urbano” debido a la forma con la que Levitt fue capaz de capturar momentos fugaces, ordinarios y corrientes de gente común, y convertirlos en algo surreal y sumamente artístico. Su mirada encajaba perfectamente con una visión cinematográfica y por tanto es normal que coqueteara con ese mundo. A Levitt se le recuerda su incursión en el cine más que nada por dos trabajos de 1948: In the Street y The Quiet One, aunque intervino de un modo u otro en algunos documentales más. 

También fue pionera en el uso de la fotografía a color, cuando aún se la consideraba vulgar y su uso estaba reservado poco más que para publicidad. Ella empezó a utilizar películas a color en 1959 y 1960 gracias a dos becas Guggenheim. En la muestra que podemos ver en la Fundación Mapfre hay una pequeña sala dedicada a este apartado en la que podemos ver varias fotografías impresas y un carrusel de imágenes proyectadas. No son demasiadas entre otras cosas porque debido a un robo que la autora sufrió  en 1972 se perdieron la mayoría de sus archivos anteriores a ese año. Además Levitt no acostumbraba a hacer hojas de contacto, por lo que ni tan siquiera se conserva registro de sus fotografías a color anteriores a ese año. 

Helen Levitt fue una de las primeras mujeres en abrirse camino en el mundo de la fotografía, especialmente en el ámbito de la fotografía de calle. Su trabajo es comparable a algunos de sus contemporáneos con los que mantuvo una buena amistad como con Cartier-Bresson o Walker Evans. El primero fue sin duda decisivo para que Levitt se dedicase a la fotografía de forma independiente. Le conoció en la New York Film and Photo League, un colectivo comprometido con el cambio social a través de la imagen, al que Levitt se unió a mediados de los años 30, aunque no permaneció allí mucho tiempo, ni se implicó en sus actividades como algunos de sus otros miembros. Lo que diferenció a Helen Levitt de otros fotógrafos callejeros fue su apuesta por una mirada más humana y subjetiva hacia sus retratados, en contraste con la “objetividad cruda” que predominaba en su época.


Levitt siempre trabajó las calles de Nueva York, con una sola excepción, en 1941 viajó a México junto a una amiga, donde permaneció varios meses. Fue su único viaje al extranjero y marcó un antes y un después en su carrera. Allí realizó fotografías de calle muy diferentes a las de Nueva York: escenas de gran crudeza, centradas en indigentes y en las capas más desfavorecidas de la sociedad. Sin embargo, entre esa dureza también supo encontrar un lirismo sutil, propio de la ciudad y de sus gentes. La experiencia no la agradó lo suficiente como para intentar otros viajes, incluso reconoció que en algunos momentos tuvo una total sensación de inseguridad. 

La muestra realiza un amplio recorrido por la trayectoria de Levitt a través de nueve secciones y cerca de 200 fotografías. Incluye obras inéditas, así como los trabajos realizados en México en 1941 y buena parte de su trabajo a color. Además, se presenta su película In The Street, dirigida por ella misma junto con Janice Loeb y James Agee, y una proyección de diapositivas en color realizadas por la artista.







lunes, 16 de febrero de 2026

EL MUSEO REINA SOFÍA DEDICA LA PLANTA CUARTA AL COMPLETO A SU COLECCIÓN DE ARTE CONTEMPORÁNEO

 


Manuel Segade, director del Reina Sofía ha presentado hoy una nueva mirada de la Colección de Arte Contemporáneo del Museo Reina Sofía, la primera reordenación que se llevará a cabo para actualizar el museo y que abarcará dos salas más en los próximos años, hasta concluir en 2028 una total actualización.

La exposición que se ha inaugurado hoy y que lleva por título Arte contemporáneo: 1975-presente, ocupa un espacio de 3000 metros cuadrados en los que habrá distribuidas más de 400 obras de 224 artistas.


El ministro de Cultura, Ernest Urtasun, ha calificado esta presentación de “acontecimiento cultural de primera magnitud que refuerza el arte contemporáneo, con la que se abre el foco, se recogen más voces, más miradas y en la que hay un elevado porcentaje de mujeres artistas, poniendo de ese modo el foco en un sector que hasta ahora no estaba suficientemente representado.”  En total serán 197 artistas masculinos y 69 femeninos los que formen la colección. Además se exhiben 258 obras inéditas, fruto de nuevas adquisiciones que se verán por primera vez en esta exposición en el Reina Sofía. 



Para el ministro el año 1975 en España es un año frontera, se trata del comienzo de la democracia y en él se despliegan nuevas esperanzas, lo que sin duda afecta al mundo del arte. 



La subdirectora artística, Amanda de la Garza, ha destacado el esfuerzo que ha hecho el Museo por “cambiar la forma de mostrar los fondos al público gracias a un recorrido más accesible, dinámico y didáctico con el que conseguir un museo más habitable y generoso, y en el que se ha tenido en cuenta la ecología de criterios con sostenibilidad”. Como ejemplo Garza comentaba que las cartelas que acompañan las obras están realizadas en papel reciclable y no en vinilo como venía siendo habitual. Además, se ha realizado en este año una transición LED completa en toda la planta, estrenando una nueva iluminación más adecuada a los estándares de sostenibilidad energética del presente.



La exposición, que se podrá visitar a partir del 18 de febrero, es un recorrido lineal y no siempre cronológico que se extiende a lo largo de 21 capítulos, con obras muy conocidas de las Colecciones del Reina y artistas consagrados como Picasso, Miró, Dalí, Juan Genovés, Juan Muñoz, Cristina Iglesias, Susana Solano, Juan Navarro Baldeweg, Esther Ferrer, Cristina García Rodero, Richard Serra o Andy Warhol; nombres inevitablemente unidos a la Transición y la Movida como Guillermo Pérez Villalta, Ocaña, Ouka Leele, Ceesepe, Nazario, Iván Zulueta o Alberto García-Alix; artistas comprometidos con las sensibilidades de género como Judy Chicago, Barbara Hammer, Eulàlia Grau, David Wojnarowicz, Pilar Albarracín o Cabello/Carceller y figuras clave en la representación cultural, política y social del sida como Pepe Espaliú y Pepe Miralles. Otros que abordan sus propuestas desde posiciones políticas y teóricas en el marco de la crítica de la representación, como Joan Fontcuberta o Dora García; o aquellos que han desarrollado diferentes aproximaciones a la identidad afro como Pocho Guimaraes, Agnes Essonti o Rubén H. Bermúdez.



Este relato presta especial atención al panorama artístico español, el 77% de los artistas expuestos (137), son de nacionalidad española y de los extranjeros, el 31% son de origen latinoamericano, destacando artistas como Leonilson o Beatriz González. La presentación incluye también adquisiciones recientes y trabajos actuales de jóvenes artistas, muchas de ellas mujeres, con una especial atención al panorama artístico español, como Laia Abril, Mònica Planes, June Crespo, Teresa Solar, Elena Alonso, Sahatsa Jauregi o Nora Aurrekoetxea.




La exposición discurre en tres itinerarios en los que conviven tiempos que regresan una y otra vez a los años setenta y donde los espacios geográficos no son un contexto cerrado, sino un lugar de cruce y de tráfico de manifestaciones culturales. En el primer itinerario, Una historia de los afectos en el arte contemporáneo, se plantea el poder generador de los afectos en la creación, y su papel no solo como experiencias privadas, sino como fuerzas políticas y sociales que dan forma al arte y sirven para reconstruir los lazos en tiempos de crisis. El segundo itinerario, Los poderes de la ficción: escultura, nuevos materialismos y estéticas relacionales, es una galería escultórica donde las obras conviven físicamente en el mismo espacio que el visitante, derribando las barreras entre ficción y realidad. El tercer itinerario, La institución, el mercado y el arte que los excede a ambos, recoge por primera vez la genealogía del Museo, el impulso de las primeras culturas videográficas, la explosión de la nueva figuración en la pintura española y el papel de arte y realidad en las culturas fotográficas de los ochenta. Estos recorridos son tres formas de contar la historia del arte de los últimos 50 años.

Manuel Segade, director del Reina Sofía y Ernest Urtasun, Ministro de Cultura

Fotografías © Conchita Meléndez




domingo, 15 de febrero de 2026

HAMMERSHØI - EL OJO QUE ESCUCHA


El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza presenta la primera gran retrospectiva en España dedicada a Vilhelm Hammershøi (1864-1916) justo cuando se cumplen 110 años de la muerte del artista, el 13 de febrero de 1916. A través de noventa óleos y dibujos del artista y de algunos de sus contemporáneos, ofrece una completa visión de la obra de este pintor que creó poco más de 400 piezas en sus 51 años de vida. Considerado como uno de los artistas daneses más destacados de finales del siglo XIX y principios del XX, tras la irrupción y consolidación de los movimientos de vanguardia cayó progresivamente en el olvido a partir de 1930. Desde la década de 1980 varias exposiciones dentro y fuera de Dinamarca lo han acercado a un público que, en España, sólo habían podido verla en contadas ocasiones.



La ambigüedad de sus cuadros mantiene abiertas múltiples vías de interpretación que en las últimas décadas se han enriquecido gracias a la búsqueda de conexiones con otros artistas europeos y a la contextualización con sus contemporáneos daneses. Ver sus cuadros en el marco de las colecciones del Museo Thyssen permite relacionarlos con los de otros maestros del pasado, como los holandeses del siglo XVII y las grandes figuras del siglo XIX y XX.


El gran género del autor, que fue el que le dio fama fueron los interiores, espacios íntimos y enmudecidos, a menudo vacíos de gente, o simplemente con la presencia de su esposa Ida Ilsted, que se convierte en una presencia constante en la pintura del artista desde que se casan en 1891, a veces como una figura anónima o idealizada, a veces cercana y vulnerable. La paleta de colores que utilizaba el pintor era muy reducida, casi siempre moviéndose entre azules y grises, esto y el uso de pequeños formatos contribuían a crear una total sensación de intimidad en la que los objetos se reproducen una y otra vez, aunque a veces cambiados de sitio. Su casa en Copenhague sirvió de escenario una y otra vez para sus puestas en escena aunque con ligeras variaciones. 



Los paisajes, otro de los temas del autor,  siguen las mismas pautas que las pinturas de interior, en ellos no vemos figuras humanas y la luz está sumamente matizada. Tampoco los colores varían mucho de los de sus imágenes de interior y dado la constancia de su obra a lo largo del tiempo, la exposición no se muestra en orden cronológico pues no hay excesivas variaciones entre el inicio y el final. 



El subtítulo de la muestra, “el ojo que escucha”, remite a la relación metafórica entre su pintura, el silencio, la aparente calma que transmite, y el interés del artista por la música.

Los retratos suponen la cuarta parte de la obra de Hammershøi y permiten reconstruir su círculo más próximo. En él ocupan un lugar destacado los artistas y músicos de los que se rodea, que le encargan obras o posan para él.


La muestra podrá visitarse en el Museo Thyssen-Bornemisza del 17 de febrero al 31 de mayo de 2026 y tras su clausura en Madrid, la exposición se presentará en la Kunsthaus Zürich (Suiza).


sábado, 14 de febrero de 2026

ARTE URBANO. DE LOS ORIGENES A BANKSY

 


Hace unos años, en el primer blog que abrí allá por el año 2009 y que llevaba por nombre ‘Así lo veo, así lo siento’, uno de los primeros artículos que escribí estaba relacionado con los muros de nuestra ciudad y la evolución que estaba sufriendo lo que podíamos ver en ellos. Madrid, Carne de Graffiti, que así lo titulé, hablaba de como de las paredes firmadas por gente como el legendario Muelle, o alguno de sus seguidores habíamos llegado a encontrar auténticas obras de arte, pero también de como como aquello degeneraba y las paredes de las ciudades se convertían en estercoleros en los cuales multitud de jóvenes dejaban su impronta sin más motivo que ensuciar las mismas. Y no podía por menos que preguntarme: ¿El Graffiti es arte, provocación o un simple atropello?


Hace unos días La Fundación Canal ha inaugurado la exposición ‘Arte Urbano. De los orígenes a Banksy’, y curiosamente en uno de los cárteles que acompañan la exposición nos encontramos con una pregunta similar a la que yo me hice entonces: ¿Arte o Vandalismo? En dicha sección, que se haya casi al final de la exposición, se examina la difusa frontera entre creatividad e ilegalidad dentro del arte urbano. Algo bastante difícil de examinar dado que una de las variables de las que depende, aparte de la subjetividad, es el tiempo. Lo que ayer se consideraba transgresor hoy puede salvaguardarse como patrimonio, ya se trate de espacios comunes o de propiedad privada. También el límite entre la profanación del espacio común y la libertad de expresión o la creatividad contemporánea son puntos a tener en cuenta en un mundo que artísticamente evoluciona constantemente. 


No obstante la polémica que pueda suscitar un debate que lleva años abierto lo cierto es que esta exposición que narra la evolución del arte urbano, desde su nacimiento en la década de 1960, hasta su consolidación como expresión artística de pleno derecho, resulta sumamente interesante y ofrece un recorrido amplio e internacional por un fenómeno artístico que, nacido fuera de los circuitos institucionales, ha redefinido la relación entre creación artística, espacio público y sociedad.


Comisariada por Patrizia Cattaneo Moresi, reúne un conjunto excepcional de más de 60 obras de los artistas más influyentes y consagrados de esta disciplina, desde JeanMichel Basquiat, Keith Haring, Crash, Seen, Blek le Rat, Miss.Tic, Invader, RAVO, OBEY, JR, Os Gêmeos, Vhils, hasta los españoles SUSO33, que estuvo presente en la presentación de la exposición, El Xupet Negre o PichiAvo, con especial atención al mítico Banksy. Un repertorio variado de épocas, técnicas, medios y materiales.


La muestra presenta un recorrido articulado en cinco etapas cronológicas a las que se suma un apartado monográfico dedicado a Banksy, figura clave para comprender la dimensión mediática y simbólica del arte urbano en el siglo XXI.


También se analiza la diversidad de lenguajes y enfoques que desde el año 2000 ha dado lugar a un panorama extraordinariamente plural. La expansión global del arte urbano alcanzó su máxima proyección con la llegada de internet y las redes sociales, que transformaron radicalmente su circulación y recepción. Las obras ya no existen solo en el lugar donde se realizan, sino que se reproducen, se comparten y se reinterpretan, alcanzando una visibilidad internacional inmediata y siendo percibidas por un público cada vez más amplio como “arte”.

La exposición podrá verse desde el 4 de febrero hasta el 3 de mayo en la Fundación Canal, en la Sala de Mateo Inurria.