Cabecera La Mirada Fotográfica

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jueves, 25 de noviembre de 2021

TIEMPO Y SOMBRA DE ALBERTO GARCÍA - ALIX Y ÁNGEL HARO

 

© Conchita Meléndez

Hace 17 años Alberto García – Alix y Ángel Haro se conocieron en París en una noche de invierno en casa de un amigo común. Amantes ambos de la luz y de las sombras no tardaron en congeniar y establecer una amistad y un  diálogo que se ha prolongado a lo largo de los años transcurridos desde entonces. El tiempo que crea y diluye las sombras y que a su vez invoca un mundo paralelo que puede ser habitado con cierta inquietud, ha sido a su vez factor clave para dar forma a esta exposición comisariada por Begoña Torres para el Museo Lázaro Galdiano de Madrid en la que se establece un cara a cara entre los dos artistas que desde sus respectivas disciplinas, nutridas desde una poética común, nos muestran una video instalación y un collage como cuerpo de trabajo principal en el que se encuentran ambos. 


La tarea del arte consiste en explorar los límites de la experiencia, en mostrar la infinita y laberíntica complejidad de lo humano, indagando en la orilla de un abismo arriesgado y también compartido, capaz de conducirnos a zonas de la experiencia a las que, de otra manera y como meros espectadores, nunca hubiéramos tenido la osadía de asomarnos.

Esto es precisamente lo que consiguen llevar a cabo Alix-Haro, Haro-Alix en esta exposición, que además de ser una apuesta muy valiente, es un proyecto de reflexión, una correspondencia estimulante y productiva entre dos artistas, sus maneras de hacer, sus trayectorias, sus dicciones, procedimientos y sus diversas capacidades técnicas.

©José Luis Santalla

No se trata de una confrontación, no es un combate o un duelo, es una simbiosis, un “cara a cara” que genera una intensa y genial complicidad, en la que cada uno cuenta con su propia voz. Aun trabajando desde naturalezas que pueden parecer opuestas y a pesar de ser plenamente conscientes del carácter necesariamente incompleto y solitario de la experiencia creadora, ambos están dispuestos a explorar caminos que no muchos más se atreven a transitar.

©José Luis Santalla

Es también un diálogo entre los diversos lenguajes y medios artísticos (escultura, pintura, fotografía, video, etc.) donde los dos se desprenden de sus conocimientos previos para llegar a una nueva síntesis, a un replanteamiento del hecho artístico, que abordan desde caminos completamente personales y sensibilidades compartidas.

Con el tiempo y la sombra como motivo central, como soporte de su propuesta, son capaces de adentrarse en un terreno que tiene mucho de inexplorado y de búsqueda personal, de tensión dialéctica entre temas tan fascinantes como el doble y el espejo, la realidad y la ficción, el “otro” y el “yo”, la noche y el sueño, la ilusión y el engaño, la memoria y lo inasible, en un juego constante entre diversas iconografías y lenguajes que se entrecruzan y yuxtaponen.

©José Luis Santalla

“Compartimos un diálogo. Nos fusionamos en un latido común y acompasado. 
El tiempo asola al tiempo. Lo hace volar, lo ilumina y lo oculta. 
Fondo de sombras. Naturaleza de carne y tinta. Espinas y ladrillos. 

Un aletear de pájaros…

Un devenir e irse. Una recreación constante. 
El tiempo como una máscara.
Lo efímero lo llevamos escrito en el rostro.
Somos salvajes enfrentados a un futuro que nos transmuta. 

Alberto García – Alix”

© Conchita Meléndez

viernes, 5 de noviembre de 2021

LA ESPAÑA DEL SIGLO XX REGISTRADA POR ALFONSO EN LA SALA CANAL DE ISABEL II

 

Fiestas de San Antonio, Madrid 1933

La Sala Canal de Isabel II de la Comunidad de Madrid, en colaboración con La Fábrica, y dentro del festival PHotoESPAÑA 2021, presenta la exposición “Cuidado con la memoria”, dedicada a la saga de los Alfonso, precursores de la fotografía moderna, así como impulsores y renovadores del género de la prensa gráfica y  autora de la memoria visual del dinámico, convulso y trágico siglo XX español. El proyecto se concibe como un recorrido antológico por una selección de más de 150 imágenes (39 originales en las vitrinas y 147 copias fotográficas realizadas a partir de los negativos del Archivo Alfonso) cubriendo diferentes épocas y articulada en diferentes espacios, un viaje por el Madrid y la España del siglo XX, por sus gentes, sus paisajes y sus momentos clave. La muestra reúne también un conjunto de material inédito documental y copias de la época procedentes de dos colecciones privadas y del Archivo General de la Administración, titular del fondo fotográfico de Alfonso. Marta Rivera de la Cruz, consejera de Cultura, Turismo y Deporte de la Comunidad de Madrid, ha sido hoy la encargada de presentar la muestra.

Alfonso XIII de caza

Las fotografías funcionan como verdaderos documentos históricos, como un almanaque fotográfico, recorriendo algunos de los principales episodios de nuestra historia, pero también, escenas de la vida cotidiana y sus retratos de estudio, hasta configurar una historia cuidadosamente trazada.

Celebración de la entrada de las tropas de Franco en Madrid, 1939

Detrás del sello Alfonso no hubo uno, sino cuatro fotógrafos pertenecientes a una saga familiar: el padre, Alfonso (Alfonso Sánchez García) y Alfonsito, el hijo, Alfonso Sánchez Portela principalmente y, también como autores, los otros dos hijos Luis y José. Incluso la madre y las hermanas participaban del negocio familiar trabajando en el estudio. Los Alfonso registraron a través de su cámara fotográfica toda una crónica visual de la España del siglo XX: escenas de la vida cotidiana y protagonistas de un tiempo convulso. La frescura y calidad de sus imágenes consiguieron una nueva mirada para el periodismo gráfico y un destacado protagonismo de la firma Alfonso en el oficio. La obra fotográfica de los Alfonso se compone de 116.000 negativos que dan forma a uno de los archivos más importantes de nuestra historia reciente, valiosísimo legado de incalculable valor.

Por el estudio Alfonso desfilaron todos los protagonistas de la vida cultural, social y política de la primera mitad del siglo XX, pero su cámara también retrató los acontecimientos más transcendentales de la política y sociedad española, la guerra civil y el proceso de transformación del país. 

Combates en la Plaza del Torico, Teruel 1937

Alfonso Sánchez García se inició en el fotorreporterismo gráfico, colaborando con los diarios y publicaciones periódicas más importantes del momento y más tarde se le unirían sus hijos al oficio ofreciendo una singular visión sin precedentes de la época. Desde la monarquía de Alfonso XII, la guerra en Marruecos y el Golpe de Estado de Primo de Rivera en 1923, los felices años veinte y treinta, con imágenes de la vida cotidiana de la ciudad de Madrid, de su tiempo de ocio, sus espectáculos y toreros, sus eventos deportivos, pero también la pobreza y miseria de los arrabales. Su objetivo también captó el advenimiento de la República y fue testigo de la guerra civil española y de sus nefastas consecuencias. 

Escena del Manzanares, Madrid 1935

Esquiadoras en la sierra de Madrid, 1933

Acabada la guerra, y debido a las imágenes realizadas durante el período que habían sido publicadas en distintos medios de prensa lo cual se consideró como prueba de una ideología afín a la Republica, se les retiró el carné de reporteros gráficos y no le sería devuelto a Alfonso padre hasta 1952, dos años antes de morir. También se les prohibió realizar fotos en la calle. El 30 de julio de 1942, el diario El Alcázar les señaló en una columna sin firma titulada “Cuidado con la memoria”. En ella se aludía al silencio y discreción con el que debía trabajar la firma, privada ahora de los permisos para ejercer el fotoperiodismo con el fin de evitar “provocar a los que tienen memoria, ofensas que perdonar y agravios que vencer”.

Llegada de África del Batallón del Regimiento del Rey, Madrid 1925

Durante los primeros años de la posguerra los Alfonso recorren los pueblos cercanos de Madrid haciendo fotografías de retrato y sobre todo de carnet para salir adelante. Abren el estudio Museo en el centro de la capital, concebido no sólo como un estudio de fotografía sino, también, como una sala de exposiciones en la que exhibir retratos de diferentes personalidades del momento. Toreros como Juan Belmonte y Fortuna, e intelectuales como Valle Inclán y Azorín, pero también algunos militares del régimen, pasan por el céntrico estudio. Entre ellos el propio Franco, que llama a Alfonso en distintas ocasiones al Pardo para hacerse retratar.

Proclamación de la Segunda República. Puerta del Sol, Madrid 1931

Segunda vuelta ciclista a España, Madrid 1936

Testigos de la apertura democrática, los Alfonso mantuvieron abierto su estudio principal en la Gran Vía madrileña hasta hace pocos años. La fuerza de sus fotografías reside no solamente en los acontecimientos que representan, sino también en la capacidad evocadora de su tomas, encuadres y texturas. Los Alfonso, con sus imágenes memorables, consiguieron construir un retrato fidedigno a la vez que sugestivo de su tiempo y un espacio que todos  reconocemos como propio y que forma parte de nuestra identidad. 

Vendedora de Pavos, Madrid 1922

El recorrido de la muestra se divide en cuatro capítulos: uno introductorio sobre los estudios Alfonso que se encuentra en la planta baja.  Aquí se exhibe una vitrina con originales (libros, carnés, cartas, recortes de periódico, 14 fotos vintage, etc.), así como una de las cámaras utilizadas en los Estudios Alfonso. La planta se complementa con seis gigantografías de algunas de las fotos más emblemáticas de la saga: los retratos de la Chelito, Alfonso XIII cazador, Pablo Iglesias, Francisco y Ramón Franco en Marruecos, Valle Inclán, así como una instalación emulando el estudio de un fotógrafo de la época.

En la primera planta se muestran 47 fotografías bajo el epígrafe "El imperio de la imagen". En ella se reúne una selección del primer tercio de siglo XX que coincide con el auge de la prensa gráfica.

En la segunda planta, "Los años convulsos", continua el recorrido con los preámbulos, el desarrollo de la guerra civil y el fin de la contienda, a través de otras 47 fotografías.
Verbena popular, Madrid 1922

Un último tramo está dedicado al retrato, como práctica que el estudio trabajó en paralelo a su actividad documental. Aquí se muestran 47 fotografías, entre los que se encuentran rostros de la vida política y cultural de la época como la Familia Real, Alfonso XIII, Pablo Iglesias, Julio Romero de Torres, Gregorio Marañón, Federico García Lorca, Ramón del Valle Inclán, Manuel Azaña y su esposa, Francisco Franco, Antonio Bienvenida o Camilo José Cela.

En la cuba se muestra un video documental con testimonios del comisario de la exposición, Chema Conesa, así como de los especialistas Bárbara Mur, Miguel Sánchez Vigil y Mercedes Martín Palomino, que se ilustran con una nutrida secuencia de fotos, algunas no expuestas.

Ramón María del Valle Inclán paseando por Recoletos, Madrid 1930

La exposición ha sido comisariada por Chema Conesa Licenciado en Historia del Arte por la Universidad Complutense de Madrid que tras acabar la licenciatura cursó los estudios de Imagen y Periodismo en la Facultad de Ciencias de la Información. Tras una extensa carrera dedicado al mundo de la prensa actualmente continúa su labor fotográfica y editorial, con la dirección de la colección Photobolsillo, (monografías de fotógrafos españoles editada por La Fábrica), así como con el comisariado de exposiciones y ediciones de otros libros.

La exposición permanecerá abierta al público hasta el 23 de enero del 2022 en la Sala Canal de Isabel II, en su sede de la calle Santa Engracia, 125 de Madrid. 


Todas las imágenes: ©Alfonso.-Vegap,-Madrid,-2021

miércoles, 27 de octubre de 2021

COLITA FLAMECO, EL VIAJE SIN FÍN


 Carmen Amaya en el rodaje de Los Tarantos en Montjuic. Barcelona, 1963 (C)Archivo Colita Fotografia

Nos cuenta el comisario Francesc Polop: Colita (Isabel Steva Hernández, Barcelona, 1940) inicia en el año 1962 un camino que habría de llevarla a través de innumerables situaciones, momentos y personajes, a un inmenso espacio del arte llamado “Flamenco”. De la mano de personas tan importantes en su vida, como Paco Rebés o José Caballero Bonald, llega a él y se sumerge a través de su cámara en un mar de sensaciones nunca antes experimentadas. Los poblados de barracas del Somorrostro y Montjuic la adentrarán en el mundo gitano; la pobreza y la miseria no le impedirán experimentar una alegría que se manifiesta a través del baile y el cante de una forma espontánea y que transmiten una autenticidad y una fuerza increíble.  Todo esto hace mella en una mujer de veintidós años, una mujer que está empezando su andadura en el mundo de la fotografía. 


Colita Flamenco - Teatro Español


Estos primeros momentos vividos en la intimidad de este mundo nuevo la llevarán a conocer a la que será una de las mujeres más importantes de su vida: Carmen Amaya. Una bailaora que llega desde México para trabajar en la película Los Tarantos y que será la causante de una experiencia que hará que nunca nada sea ya igual en el camino de la búsqueda de la emoción: 

“… jamás había visto ni sentido nada parecido en mi vida. Algo así como un deslumbramiento y una emoción hasta el llanto… A partir de ese momento, emprendes un viaje que no tiene fin…” 

Cristina Hoyos y Antonio Gades en la Arboleda de Palamós, Girona 1969
(C)Archivo Colita Fotografia

Juan Talega, Dos Hermanas 1969
(C)Archivo Colita Fotografia

Así lo cuenta Colita en su introducción al libro “Luces y sombras del Flamenco”. Un libro fundamental en su carrera como fotógrafa, con textos de José Manuel Caballero Bonald y que, de su mano, supone un viaje al mundo del flamenco, en su dimensión más cotidiana y familiar, compartida con las gentes de una Andalucía que le abre sus casas, sus patios, su vida, unos momentos llenos de naturalidad y de una verdad sin artificio que aparece irremediablemente en las fotografías captadas por ella.  


Colita Flamenco - Teatro Español

A partir de aquí, el viaje continuará por los tablaos y los escenarios, siguiendo a todos los flamencos y flamencas que de una forma u otra llegan a su vida, buscando siempre aquel momento irrepetible, aquella emoción que la desbordó y que, aunque no se volvió a producir, le permitió fotografiar a artistas que han dejado un gran rastro en su vida y en la historia de este arte.  

Mikaela Flores Amaya, La Chunga, en el camerino 1965
(C)Archivo Colita Fotografia

La exposición que se podrá visitar En la Sala Andrea D’Odorico del Teatro Español del 27 de octubre de 2021 al 24 de abril de 2022 se compone de 70 fotografías, seleccionadas entre las más de 2000 imágenes pertenecientes al Archivo Colita Fotografía, que nos permitirán asomarnos a los grandes momentos de artistas irrepetibles como Antonio Gades, La Chunga, Paco de Lucía, Pepe Mairena, José Menese, Lola Flores, Juan talega, La Piriñaca, Enrique Morente, Miguel Poveda y muchos más. El viaje de una mujer que nos llevará, de su mano, por un recorrido personal y por un tiempo único, el suyo.

Isabel Steva 'Colita'
© Conchita Meléndez

jueves, 30 de septiembre de 2021

CAMPO DE IMÁGENES DE PAOLO GASPARINI SE EXHIBE EN EL KBr DE BARCELONA

Carnaval, La Habana 1962 © Paolo Gasparini

El Centro de fotografía KBr Fundación MAPFRE de Barcelona ofrece a sus visitantes una muestra magistral de la obra de Paolo Gasparini que podrá visionarse desde el 30 de septiembre del 2021 al 16 de enero de 2022. La muestra está formada por más de 300 obras que forman parte de las Colecciones Fundación MAPFRE.

La niña de la Salina 1958 © Paolo Gasparini

Paolo Gasparini es el fotógrafo que mejor ha retratado las tensiones y contradicciones culturales del continente sudamericano. Sus imágenes transmiten la dura realidad social que ha enfrentado una región cuya autenticidad cultural es incuestionable y en donde pasado y tradición local dialogan con una torpe modernidad impuesta. Gasparini crea una obra con un lenguaje visual propio que parece manifestar siempre una crítica a la sociedad de consumo, al tiempo que revela una cierta obsesión por el modo que tiene el marketing y la publicidad de seducirnos.
Compañero Lenín, La Habana 1963 © Paolo Gasparini

En la acera, Santiago de Cuba 1964 © Paolo Gasparini

Sus obras permiten comprender no solo las diferencias entre Europa y el continente latinoamericano, sino las diversidades que ofrece este último, desde México hasta el sur de los Andes. Como señala la comisaria de la muestra, María Wills: «Las fotografías de Gasparini reflexionan sobre los efectos de décadas de migraciones políticas en los siglos XX y XXI: de europeos a América, como causa de la Segunda Guerra Mundial, de cubanos a España y Estados Unidos, de ecuatorianos a España y, más recientemente, del éxodo masivo de venezolanos a Colombia. Generaciones y generaciones marcadas por exilios voluntarios y forzados no pueden sino hacernos pensar sobre la ambivalencia de la identidad».

La mina de piedras, Bolivia 1961 © Paolo Gasparini

Anuncios de la modernidad, Lima 1972 © Paolo Gasparini

Como italiano de nacimiento, pero venezolano en esencia, el autor ha tratado de eliminar con su trabajo visiones etnocéntricas y los estereotipos que históricamente han definido Latinoamérica, casi siempre en función del otro, a lo que han contribuido los distintos populismos y nacionalismos que ha sufrido el continente.

Mercado de Chinchero, Perú 1976 © Paolo Gasparini

La mirada sobre el mundo, Los Ángeles, 1997 © Paolo Gasparini

La exposición Paolo Gasparini. Campo de imágenes hace un recorrido completo por la trayectoria del artista, centrado tanto en sus fotografías como en otro de sus soportes principales de expresión, el fotolibro, mecanismo narrativo crucial para definir la historia de la fotografía en el continente. Seis décadas de carrera fotográfica que ofrecen, en su conjunto, un itinerario por diversas urbes mutantes: Caracas, La Habana, São Paulo, Ciudad de México, pero también con resonancias en Múnich, París o Londres.

Regreso a casas, Sao Paolo 1997 © Paolo Gasparini

El recorrido expositivo está dividido en dieciséis secciones que recogen algunos de los proyectos más relevantes del artista a lo largo de más de seis décadas de trabajo, y hace hincapié en sus fotolibros, que el artista reconoce como un medio de expresión equiparable, en importancia, a sus fotografías.

miércoles, 22 de septiembre de 2021

LOS RETRATOS DE JUDITH JOY ROSS EN LA FUNDACIÓN MAPFRE


Judith Joy Ross nace en 1946 en Hazleton, una pequeña ciudad minera de Pensilvania. En 1964 se matricula en la Moore College of Art & Design de Filadelfia y en 1970 se gradúa con un máster en fotografía en el Institute of Design de Chicago e imparte clases en Nueva Jersey y en la Moravian College de Bethlehem, Pensilvania.

En 1966, Judith Joy Ross comenzó a fotografiar personas en su ciudad como un modo de entender el mundo emocional de aquellos que la rodeaban. En este sentido, puede decirse que la artista descubre a los sujetos que fotografía en el mundo, y quizá por eso, tal como señaló Robert Adams, «debe comenzar una y otra vez para poder adaptarse a su contexto, a lo que esos individuos están viviendo, alejada de cualquier tipo de prejuicio o sentimentalismo».


En 1984 conoce a John Szarkowski, director del departamento de Fotografía de The Museum of Modern Art (MoMA) de Nueva York, que pronto adquirirá obra de la artista para las colecciones del museo. Un año después obtiene una beca Guggenheim y una selección de sus retratos en el Monumento a los Veteranos de Vietnam se incluye en la exposición New Photography del MoMA. En 1992 recibe el premio Charles Pratt Memorial, que le permite iniciar un proyecto sobre las escuelas públicas donde ella estudió en Hazleton.


Ross no recorre las calles en busca de un motivo que capturar, tampoco lleva a los sujetos a su estudio; su modo de trabajo suele consistir en hacer lo que Svetlana Alpers —en su texto del catálogo que acompaña a la exposición— denomina «campañas» y a las que la propia Ross se refiere como «ocasiones» sobre temas previamente escogidos: Eurana Park, los visitantes del Monumento a los Veteranos de Vietnam, los miembros del Congreso durante el escándalo Irán-Contra (Irangate), los niños de las escuelas públicas de Hazleton o lugares concretos como Easton, en Pensilvania, el estado donde nació, se crio y en el que aún hoy vive.




Judith Joy Ross tardó algo de tiempo en entender que la fotografía le ayudaba a hacer más comprensible el mundo en el que vivía. A partir de ese momento, no dejó de utilizar este medio para tratar de responder a preguntas de carácter existencial: Como luchar contra la tristeza, como se forma la identidad de una persona, cuáles son los motivos que hacen que la vida merezca ser vivida, por qué existe la injusticia, la barbarie de la guerra, son sólo algunas de las respuestas que trata de responder con este medio. Las fotografías de Ross están centradas en cuestiones del día a día y en lo corriente. Con su obra no trata de glorificar o juzgar a los sujetos que retrata, sino de capturar la parte más humana de cada uno de ellos.


Según el comisario de la exposición Joshua Chuang, “Las fotografías de Judith Joy Ross demuestran la capacidad de un retrato para atisbar el presente, el pasado e incluso el futuro de un sujeto (...). Con penetrante delicadeza, Ross refleja el rostro, la disposición y el porte de los individuos que se presentan ante su objetivo, empeñada en captar la complejidad de su ser verdadero más que una proyección de quiénes podrían ser.”


El recorrido expositivo, compuesto por 200 fotografías y distinto material documental, se despliega a través de nueve secciones que, en sentido cronológico, muestran un amplio panorama de los principales proyectos de la artista. También incluye un número considerable de imágenes hasta ahora desconocidas y realizadas sin ningún proyecto concreto en mente. Todas las obras proceden de la propia Judith Joy Ross, que las ha prestado de forma altruista para esta ocasión.


Tras su paso por Madrid, donde permanecerá abierta al público desde el 24 de septiembre de 2021 hasta el 9 de enero de 2022, la muestra se podrá ver en LE BAL (París), de febrero a mayo de 2022, y en el Fotomuseum Den Haag (La Haya), desde noviembre de 2022 a marzo de 2023.



Todas las imágenes contenidas en este artículo con excepción de las dos últimas son propiedad de Judith Joy Ross, © Judith Joy Ross

 

martes, 21 de septiembre de 2021

MICHAEL SCHMIDT. FOTOGRAFÍAS 1965 - 2014

Michael Schmidt. Fotografías 1965-2014 constituye la primera retrospectiva dedicada al artista alemán desde su fallecimiento, y se podrá visitar en el Museo durante los próximos cinco meses. La exposición, la mayor y más completa realizada hasta la fecha en España del autor alemán, ha sido organizada por la Stiftung für Fotografie und Medienkunst mit Archiv Michael Schmidt, en colaboración con el Reina Sofía y reúne cerca de 350 imágenes realizadas a lo largo de cinco décadas y material documental.

Michael Schmidt (Berlín, 1945-2014) es uno de los artistas más influyentes de la fotografía alemana de posguerra, y rastreó a lo largo de su carrera las huellas de la sociedad contemporánea con su cámara a través de retratos, autorretratos, paisajes rurales, urbanos y naturalezas muertas. Su obra subraya la importancia del espacio urbano, la vigencia de la historia, la identidad femenina, el papel de lo regional y el peso de la naturaleza.


Nacido al terminar la Segunda Guerra Mundial en lo que sería Berlín Oriental, Schmidt ocupa un lugar singular dentro de la fotografía contemporánea alemana por su enfoque descriptivo de la realidad. Descubrió su interés por esta disciplina mientras trabajaba en la policía de Berlín Occidental, y aunque se afilió a algunos clubes de fotografía amateur, fue sobre todo un autodidacta que trabajó incansablemente para pulir su técnica. A principios de la década de los setenta empezó a impartir cursos de fotografía en centros de formación para adultos, y en 1976 fundó el Werkstatt für Photographie [Taller de Fotografía] en la Volkshochschule de Kreuzberg, que estuvo en funcionamiento hasta 1986. Allí se expusieron obras de fotógrafos estadounidenses contemporáneos a los que el público alemán nunca había tenido acceso. 


A mediados de los años setenta hizo las primeras fotografías en torno a su ciudad natal, dirigiendo su mirada a barrios como Kreuzberg (1969-1973) y Wedding (1976-1978) a los que dedicaría series capitales dentro de su producción centrándose en temas sociales con un estilo sobrio derivado de la tradición documental estadounidense.

El proyecto de exposición y libro Waffenruhe [Tregua] (1985-1987)–un estudio psicológico visualmente impactante de la ciudad aún dividida que se pudo ver en Berlín por primera vez en 1987– le granjeó fama internacional, y con Ein-heit [U-ni-dad] (1996), compuesto por un grupo de obras que examinaban el proceso de reunificación alemana, se alejó del entorno de su ciudad natal.  



Durante los primeros años del S.XXI Schmidt focaliza su mirada en cuestiones que exceden lo urbano capitalino llevando a cabo series centradas en mujeres como Frauen [Mujeres] (2000), o en el mundo rural como la titulada Irgendwo [En alguna parte] (2005). Su último proyecto vira hacia preocupaciones más globales materializándose en la serie sobre comida Lebensmittel [Alimentos] (2012, en su traducción literal, “medios para vivir”) que le permitió explorar la industria alimentaria en sucesivos viajes por Europa, y con la que le llegó el reconocimiento internacional.

La presente retrospectiva acoge sus principales series, publicaciones y material de archivo, y sigue en la media de lo posible el enfoque del propio Schmidt en la disposición y presentación de las obras.



En 1973, cuando ya ejercía de fotógrafo profesional, la oficina del distrito de Kreuzberg le encargó un libro sobre el barrio. Se publicó ese mismo año, con una segunda edición que se imprimió casi inmediatamente. A este libro le siguieron más encargos de otros distritos de la ciudad y del Senado de Berlín. En 1977, con un estilo documental estricto, fotografió el barrio de Wedding y a sus habitantes, y un año después sacó copias en diversos tonos de gris para publicarlas como serie.


Entre 1978 y 1980 fotografió el barrio berlinés de Friedrichstadt, en el sur de la ciudad, gravemente dañado durante la Segunda Guerra Mundial. Estas fotografías, como se puede apreciar en la muestra, capturan la atmósfera del Berlín Occidental de la posguerra, una ciudad que aparece con huecos entre edificios, solares sin construir y cortafuegos. Entre los temas dominantes figuran descampados urbanos y edificios públicos que fotografió con una luz difusa y una cámara de gran formato. En estos trabajos, Schmidt logró composiciones pictóricas que se sitúan en la frontera entre documentación y abstracción. Su Berlin nach 45 [Berlín tras el 45] no se publicó hasta 2005, un cuarto de siglo después de haber tomado las fotografías. Con el fotolibro Berlin-Kreuzberg. Stadtbilder [Berlín-Kreuzberg. Paisajes urbanos], publicado en 1983, empezó a alejarse del lenguaje documental tradicional y experimentó con un enfoque más subjetivo. 


A diferencia de las fotografías deliberadamente sobrias de sus series anteriores, el retrato de la ciudad aún dividida que Schmidt creó a mediados de la década de los setenta en el proyecto de libro y exposición Waffenruhe [Tregua], con fotografías en blanco y negro presenta múltiples facetas. A través este grupo de obras, el fotógrafo intenta transmitir la compleja situación política de Berlín y renuncia a la perspectiva documental en favor de secuencias pictóricas. Financiado con fondos públicos en el marco de las celebraciones del 750 aniversario de Berlín, este proyecto se expuso por primera vez en la Berlinische Galerie del Martin-Gropius-Bau, en las inmediaciones del Muro. La inclusión de Waffenruhe en una exposición colectiva en el Museum of Modern Art (MoMA) de Nueva York en 1988 supuso la inmediata consagración del artista a escala internacional. 


En paralelo a sus grandes series, Schmidt fue creando también obras de ambición más modesta que le concedían mayor libertad artística y le permitían depurar su método y lenguaje fotográfico. Las obras que siguieron a Waffenruhe se distinguen por el encuadre ajustado, la escasa profundidad de campo y los formatos inusualmente grandes para la época; son piezas que se centran cada vez más en la arquitectura y el retrato. Los motivos se han ido desvinculando de sus contextos urbanos o personales y funcionan como emblemas de la vida en la metrópolis, de la historia y de la sociedad. A este momento corresponden las series Architektur [Arquitectura] y Portraits [Retratos] 

En 1989 Schmidt dirigió su atención a Berlín por última vez para dar cuenta de las huellas visuales de la unificación alemana. Encontró buena parte de sus motivos en la antigua zona fronteriza del Muro y en esa tierra de nadie realiza 89/90.  Las fotografías que hizo por esa misma época del paisaje rural cercano a su segunda residencia en la Baja Sajonia no se publicaron hasta mucho después, cuando, poco antes de morir, las reunió en el libro de artista Natur [Naturaleza]. Esta obra constata la importancia que Schmidt concedió al paisaje durante esta fase de su vida. 


Con motivo de la exposición retrospectiva celebrada en la Haus der Kunst de Múnich en 2010, Schmidt produjo varios vídeos sobre sus libros de artista, de los que algunos se pueden ver en esta muestra. El fotógrafo daba tanta importancia al proceso de concepción y materialización de estos libros –que incluía sus decisiones sobre el diseño, las dimensiones, la secuencia de imágenes y el papel, o la supervisión de la impresión–, como al montaje de las exposiciones. 

Ein-heit [U-ni-dad] tomó forma durante la reunificación y aborda la historia y el simbolismo universal de los sistemas sociales que dominaron Alemania desde 1933: el nacionalsocialismo, el socialismo y la democracia. Este es el contexto en que el fotógrafo examina el papel esencial de los individuos en la sociedad y la posición que deciden adoptar.

Para Schmidt, una imagen publicada era parte integrante de la realidad objetiva. Las fotografías de Ein-heit incluyen imágenes muy recortadas y a veces invertidas, junto con reproducciones directas de material fotográfico existente, que suele combinar con sus propias tomas. De este modo, el artista reformula el contenido de las fotografías originales para sus propios fines.


Ein-heit, que se inauguró en 1996 en el Museum of Modern Art (MoMA) de Nueva York, fue la primera exposición individual que el museo dedicaba a un fotógrafo alemán en varias décadas.


Tras la reunificación alemana, Schmidt empezó a interesarse por el contexto regional alejando su mirada de la gran ciudad, Después de adquirir una caravana, emprendió con su mujer varios viajes a lo largo y ancho de Alemania (dieciséis en total). Publicó las imágenes resultantes en un libro de artista titulado Irgendwo [En algún lugar] y expuso las fotografías fuera de las grandes ciudades alemanas. La experiencia adquirida en estos viajes y su interés creciente por la comida y la bebida, reflejo de la sociedad alemana, se concretó en una serie titulada Lebensmittel [Alimentos]. Para realizarla llevó a cabo una investigación en Alemania, Noruega, Países Bajos, Austria, Italia y España, donde visitó diferentes tipos de plantas de procesamiento de alimentos.


En Lebensmittel, el artista empleó el color por primera vez en su carrera, además del habitual blanco y negro. Las imágenes no tienen título ni contienen mención alguna a la ubicación, por lo que es imposible situarlas geográficamente. Schmidt siguió desarrollando el método utilizado en Ein-heit [U-ni-dad], creando obras que en ocasiones funden dos mitades distintas o contienen imágenes o formas repetidas, u otras variaciones de motivos. El autor critica los excesos de un sistema económico tristemente conocido por su despilfarro. Las crisis actuales ponen de manifiesto que hemos llegado a los límites del crecimiento agrícola. Sus fotografías reflejan este hecho y la pérdida de confianza en la idea del crecimiento continuo. Con Lebensmittel, Michael Schmidt hace una importante aportación al debate sobre el que es, indiscutiblemente, uno de los recursos más importantes de la humanidad. Lebensmittel recibió el prestigioso Prix Pictet apenas unos días antes de la muerte del artista en 2014.



A finales de la década de 1990, Michael Schmidt se embarcó en una serie de retratos de hombres y mujeres jóvenes. Los retratos de mujeres de la generación más joven, vestidas y desnudas, “trataban de captar la relación de las fotografiadas con su propio cuerpo, examinando cómo las normas y los ideales transmitidos socialmente afectan a la noción de individualidad”, explica el comisario de la muestra. El fenómeno se dejaba sentir en gran variedad de ámbitos, desde la elección de la indumentaria y la ropa interior hasta la estilización del cuerpo, incluso de las partes íntimas. Schmidt pone de manifiesto “las huellas que esta imposición creciente de la uniformidad deja en el aspecto físico en forma de postura y porte, cicatrices y lesiones”, termina Weski.

Thomas Weski, Comisario

Schmidt interpretó estos fenómenos como la experiencia colectiva formativa de toda una generación, como quedó patente en sus exposiciones de la serie Frauen [Mujeres]. Presentó las obras como un bloque o tableau, con lo cual no ponía tanto el acento en los matices individuales como en los rasgos comunes de ese grupo de edad. Un análisis más detallado revela que este grupo de obras añadía otra faceta a la preocupación del fotógrafo por el papel del individuo en la sociedad. En el año 2000, Schmidt publicó la serie Frauen en un libro de artista homónimo, y en 2010, en la 6ª Bienal de Berlín, mostró algunos extractos en forma de anuncios a toda página en un periódico nacional y como carteles en espacios públicos.

La exposición podrá visitarse desde el 22 de Septiembre de 2021 hasta el 28 de Febrero del 2022, en la tercera planta del Edificio Sabatini del Museo Reina Sofía (Madrid).