Cabecera La Mirada Fotográfica

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jueves, 1 de noviembre de 2012

Raul Cañibano


Tuve el placer de conocer a Raúl Cañibano en mi viaje a Cuba la primavera pasada, durante un taller organizado por la escuela Man Ray de Madrid en el que participe aprovechando mi estancia en la isla.

Describir a Raúl es fácil, es un hombre sencillo, algo tímido al principio pero buen conversador una vez establecido un vínculo; al contrario que a muchas otras personas le cuesta hablar de sí mismo y de la importancia de su trabajo en el entorno de la cultura cubana y es que allí ser fotógrafo es complicado. Renovar el material, conseguir una buena cámara ya sea analógica o digital, adquirir película o tarjetas para las mismas o cualquier otro accesorio necesario para la práctica de la fotografía puede convertirse en una tarea realmente difícil, y no sólo por el precio, demasiado elevado para la economía de los isleños, sino simplemente por que no lo hay. Sin embargo todas las posibles dificultades parecen disolverse a la hora de ponerse manos a la obra y es que Raúl es un auténtico entusiasta de su trabajo. Verle actuar es como ver a un niño con un juguete nuevo. Sigue sintiendo la misma ilusión que el primer día y eso en esta profesión es algo que se nota. 

Raúl nació en La Habana, apenas dos años después del inicio de la revolución cubana, estudió para ser soldador dentro de la aviación civil pero durante un viaje de vacaciones a la localidad de Cienfuegos en 1990 conoció a un fotógrafo especializado en eventos sociales y se sintió tan atraído por su labor que comenzó a realizar sus primeros trabajos fotografiando a quinceañeras, bodas, cumpleaños, etc. La falta de material existente hizo que en ocasiones tuviera que trabajar con material caducado y que incluso fuese necesario elaborar por sí mismo los químicos necesarios para poder revelar las imágenes. 

Sus esfuerzos no tardaron en dar fruto y a partir de 1993, fecha de su primera exposición en México, la obra de Cañibano ha podido verse en lugares tan dispares como Francia, Japón, España, Canadá o en la propia Cuba, en el precioso edificio de la Fototeca Cubana de La Habana.

Tal vez su obra más conocida sea la serie “Tierra Guajira”, un viaje, o mejor dicho una serie de viajes realizados al interior de la isla; un regreso a los lugares de su infancia en donde rendir tributo a los lugareños que trabajan en los campos de caña o de tabaco. Este ensayo fotográfico realizado a largo plazo le dio a Raúl la oportunidad de establecer amistad con muchos de los campesinos que habitan lugares como Remedios, La Ciénaga o La Isla de la Juventud, de convivir con ellos y compartir risas y carencias, de dar y de recibir lo poco que unos y otros podían ofrecer. El resultado fue un trabajo lleno de lirismo y de una estética desprovista de toda artificialidad en donde se narra la dura vida de los trabajadores del campo, desde un punto de vista íntimo y natural. 

Otro de sus trabajos, parte del cual hemos podido ver en Madrid, dentro de la exposición colectiva “17 Milagroso, Babalú Ayé”, en el recinto de la Casa de América hace tres años, es el realizado en El Rincón donde cada 17 de Diciembre miles de peregrinos se congregan en la ermita para rezar y pedir a San Lazaro, patrono de los enfermos, que alivie sus penas y dolores. La procesión de los penitentes da lugar a escenas que pueden resultar sobrecogedoras para los no iniciados y de la que cada uno de los autores que formaron parte de este proyecto dio una lectura diferente, según su propio criterio y modo de ver. En el caso de Cañibano, tal vez por ser uno de los dos únicos cubanos que participaron en la muestra junto a Alaín Pantaleón, la mirada se pierde entre lo concreto y lo ambiguo, entre lo conocido y lo extraño. Es un trabajo pleno de contención en el que se eluden los excesos y se preserva la dignidad de los afectados al tiempo que se ahonda en las costumbres y la religiosidad de los isleños.

Raúl Cañibano ha colaborado en distintas ocasiones con algunos de nuestros mejores y más reconocidos fotógrafos, Cristina García Rodero, José María Díaz Maroto o Juan Manuel Díaz Burgos, entre otros. Recientemente la editorial La Fabrica le ha dedicado un número de sus libros PhotoBolsillo, dentro de la Biblioteca de Fotógrafos Latinoamicanos, con una pequeña selección de sus trabajos que invita a querer ver más. En su curriculum se incluyen varios premios y ha sido invitado a participar como conferenciante en Centros y Escuelas de Fotografía tanto en España como en México. En la actualidad combina su trabajo personal con el de la docencia, impartiendo talleres en colaboración con Díaz Burgos y con La Escuela Man Ray y Díaz Maroto.








/http://raulfoto.visura.co/


martes, 23 de octubre de 2012

Ed Ross



A mediados del siglo XIX el grabador y escultor inglés Frederick Scott Archer publicó un estudio sobre la piroxilina en la revista The Chemist. Probablemente en aquel momento no era consciente de lo que sus investigaciones supondrían para una disciplina que había comenzado apenas unas décadas atrás, la Fotografía.

Los estudios de Scott Archer estaban encaminados a facilitar su trabajo de manera que pudiera realizar fotografías de sus diseños de grabado, pero en el proceso descubrió lo que sería considerado como el antecesor de la película fotográfica, es decir la técnica del Colodión Húmedo o Placa Humeda. Aunque algunos atribuyen este invento a Gustave Le Grey, fue Scott quien primero lo dio a conocer. Este sistema era mucho más rápido que el Daguerrotipo y además tenía la ventaja de que la exposición era mucho más corta, apenas unos segundos, lo cual abarataba los costes.


Durante años este procedimiento se generalizó y se impuso tanto sobre el Daguerrotipo como sobre el Calotipo, técnicas que se habían venido utilizando con anterioridad. Incluso cuando en la década de 1880 su uso empezó a ser desplazado por la aparición de la instantánea de placas secas de vidrio al gelatino-bromuro, el Colodión siguió usándose durante muchos años en los talleres de artes gráficas.

Ed Ross es un abogado norteamericano que conoció esta técnica a través de un tutorial del artista californiano Eric Mertens. Interesado como estaba en la fotografía decidió aprender todo lo que pudiera sobre el proceso para lo cual utilizó el libro de Mark Osterman, “The Wet Plate Process, A Working Guide”, e inmediatamente comenzó a poner en práctica lo aprendido.

Aunque tradicionalmente se han venido utilizando dos procedimientos de placa húmeda, el Ambrotipo, que utiliza como base el vidrio, y el Ferrotipo, basado en el metal, Ross decidió utilizar este último, no sólo porque resulta más económico de producir sino que además ofrece una mayor resistencia o durabilidad.

El resultado de su trabajo ha sido una colección de paisajes y retratos, a la manera de las antiguas postales pero rezumantes de sensualidad, ya que las modelos de Ross suelen ser hermosas mujeres de miradas lánguidas o desafiantes, envueltas en un aura de sofisticación. Mientras que los paisajes, serenos y desprovistos de todo lo superfluo,  nos recuerdan las imágenes de algunos de los pioneros de este tipo de fotografía.







http://edrossphotography.com/

domingo, 14 de octubre de 2012

Jonathan Critchley



Jonathan Chritchley nació en Londres pero a la edad de 14 años su familia se trasladó a Lymington, en el extremo sur de New Forest. Esta decisión marcó la vida y la trayectoria de Jonathan. La ciudad de Lymington es famosa por su dedicación a los deportes de vela y está rodeada de belleza natural, antiguos bosques, brezales, parques naturales, rodean la ciudad, también la isla de Wight está situada enfrente de Lymington y se puede llegar a ella en ferry. Para una mente artística como la de Jonathan Chritchley es como vivir en el paraiso.

Desde muy pequeño a Jonathan le encantaba dibujar y plasmaba sobre papel imagenes de lo que veía a su alrededor realizadas a lapiz o carboncillo. También era un entusiasta de los comics y durante un tiempo pensó que sería a eso a lo que dedicaría su vida. Sin embargo acabó estudiando fotografía en la Escuela de Arte del Reino Unido y realizando prácticas con varios fotógrafos, eso lo cambió todo. 

Ya desde niño había aprendido a mirar por el visor de una cámara ya que su padre que era un gran aficionado a la fotografía le dejaba jugar con alguna de sus viejas cámaras y aunque éstas no tubieran película, le permitieron aprender a ver el mundo de una manera diferente.

Su aficción a navegar, al mar y la influencia de autores como David Parker, las marinas de Beken of Cowes, o el director de cine Luc Beson, con su película "The Big Blu", rodada en sus primeros diez minutos en blanco y negro, han conducido a Chritchely hacia el trabajo que realiza. 

Todas las obras de Jonathan están realizadas en blanco y negro y cuando en alguna ocasión le han preguntado porqué, el autor responde: " Me siento atraído por la simplicidad del blanco y negro, el modo en que se reduce un paisaje a formas elementales y tonos, la forma en que puede cambiar completamente la manera en que uno ve un objeto o lugar, la forma en que se altera la percepción de la realidad, lo que añade un cierto misterio para el paisaje, haciendo incluso que el más familiar de los objetos parezca de algún modo desconocido y de alguna manera más especial, más romántico incluso."

Y desde luego no le falta razón porque sin duda sus obras resultan idílicas y llenas de romanticismo y belleza. Creo que éste es uno de esos casos en los que podría decirse que menos es más, ya que en su propia simplicidad reside el encanto de las fotografías de este autor. 

Desde el año 1998 Jonathan Critchely reside en el sur de Francia pero viaja por todo el mundo buscando las mejores localizaciones marinas para la realización de su obra y también para los talleres que imparte a través de la empresa OCEAN, así que ya sabes si te interesa este tipo de fotografía y quieres aprender de una uténtico maestro seguro que puedes ponerte en contacto con él a través de su página web.







http://www.jonathanchritchley.net/

martes, 2 de octubre de 2012

Petrina Hicks



Petrina Hicks es una fotógrafa australiana que en apenas ocho años ha conseguido hacerse un hueco en algunas de las mejores colecciones de arte de su país y exhibir sus trabajos por gran parte del mundo, incluidas España, Alemania o Estados Unidos. 

Celosa de su intimidad apenas existen datos biográficos, aunque si sabemos que empezó a trabajar en el mundo de la publicidad  y que fue precisamente su paso por esta labor la que la llevo a evolucionar hasta su actual forma de concebir la fotografía. 

La idea de crear un falso sentido de la perfección usando los trucos aprendidos en el oficio, con el objetivo de seducir o evocar el deseo de los consumidores por lograr un objeto que en apariencia les hará sentir mejor o más bellos pero que sin embargo al final del día no habrá cambiado en nada sus vidas, es algo que obsesiona a la fotógrafa. 

 Petrina siempre busca imágenes perfectas en el exterior, agradablemente estéticas y limpias, que sin embargo al inspeccionarlas de una manera más cercana revelan una cierta ambigüedad relacionada con la satisfacción o insatisfacción que produce el consumismo y el vacío al que se ven avocados aquellos que se dejan seducir por las imágenes publicitarias. 

Petrina Hicks utiliza los objetos, los animales y las personas de un modo simbólico. En sus imágenes de adolescentes, trata de captar la ambigüedad de la juventud, pero los representa de tal forma que bien podrían ser esculturas, asi en cierto modo su obra transciende la frontera del retrato. 

En cualquier caso su trabajo nos hace sentir extrañas sensaciones y sus imágenes vanguardistas, basadas en la perfección de los objetos llevada al límite, provoca en el espectador un sentimiento de intriga e incluso, tal vez, de vacío, tal como busca la autora.

 






http://www.petrinahicks.com/

martes, 11 de septiembre de 2012

Steve McCurry



Tengo varios buenos amigos que llevan tiempo pidiéndome que publique algo sobre Steve McCurry y aunque debo decir que probablemente éste haya sido uno de los primeros fotógrafos que me hicieron amar la fotografía confieso que me he estado resistiendo. Es muy simple, ¿qué voy a contar de Steve McCurry que no se sepa? Y sobre todo ¿qué mostraros de su trabajo que no hayáis visto ya?

Finalmente, decidí echar un vistazo a su página web, que siempre había funcionado bastante mal, y me he encontrado con la sorpresa de que ha sufrido un cambio bastante radical; al menos ahora se pueden visualizar las imágenes sin que se te quede colgada cada dos por tres, lo cual es todo un lujo ya que hay mucho que ver. Además se puede complementar con el blog que continuamente actualiza y en el que se pueden encontrar trabajos bastante recientes. 


Steve McCurry se hizo mundialmente conocido a raíz de la fotografía realizada a una joven afgana, Sharbat Gula, que fue portada de National Geographic en 1985. El retrato que llego a convertirse en un icono en aquella década muestra la mirada penetrante, profunda y tal vez incluso desconcertada de una joven pashtún que se había visto obligada a huir de su país rumbo a Pakistán y que McCurry encontró en un campo de refugiados. 

McCurry que se había licenciado en cinematografía e historia por la Universidad de Pensilvania comenzó su andadura profesional en varios periódicos locales, hasta que en 1979 realiza su primer viaje a la India ya como fotógrafo independiente. Sin duda este país le dejo una profunda huella ya que fueron muchas las veces que ha vuelto a él y muchas las imágenes que allí ha realizado. El primer trabajo que yo conocí de Steve McCurry fue “Monzón” algo que según declaraciones del propio autor supuso todo un reto debido sobre todo a los rápidos cambios de luz que las tormentas producen y que obligan al fotógrafo a tomar decisiones apremiantes. 

Otro de los países que han marcado el trabajo de McCurry ha sido sin duda Afganistán, en donde fue testigo de la ocupación soviética en 1979 y también de los sucesivos horrores por lo que a lo largo de las siguientes décadas ha pasado este territorio. Las situaciones de guerra o desastre han formado siempre parte del trabajo realizado por este reportero, que sitúa su trabajo en la frontera entre el fotoperiodismo y la fotografía de viajes. Los conflictos en la antigua Yugoslavia o en Líbano, Irak o Camboya entre otros, forman parte del extenso dossier del fotógrafo. 

Asiduo en publicaciones como National Geographic desde hace más de 20 años, y miembro de la agencia Magnum desde 1990, ha recibido infinidad de premios, entre ellos el World Press Photo en dos ocasiones (1985 y 1992), y el premio Lucie de fotoperiodismo en el 2003. También desde el año 2005 es miembro de honor de la Royal Photographic Society de Gran Bretaña.

El fotoeditor Bruno Ceschel dice de él: “McCurry perfeccionó un oficio que tenía sus raíces en la tradición del reportaje humanista y, al mismo tiempo, estaba marcado por una aguda conciencia de la luz y el color en la línea de un pictorialismo contemporáneo.” Y desde luego creo que es una buena descripción del trabajo de este fotógrafo, quién durante muchos años trabajó con película positiva Kodachrome de la que obtuvo unos vívidos y vibrantes colores que aportaron una singularidad única a sus imágenes. 

Como siempre que me es posible os dejo enlaces tanto a su página web como a su blog para que podáis disfrutar de su trabajo y al mismo tiempo, en mi selección de imágenes para esta entrada, he procurado mostraros algunas de sus fotografías menos conocidas pero igualmente impactantes.
 








http://stevemccurry.com/galleries

http://stevemccurry.wordpress.com/