Cabecera La Mirada Fotográfica
lunes, 1 de abril de 2013
Paco Elvira
Hoy es un día triste para el gremio de la fotografía en nuestro país. Siempre que cae un compañero lo es. A veces nos encontramos en los periódicos o en la televisión con noticias que nos dicen que algún fotoreportero ha sido herido o ha fallecido cuando cubría algún conflicto armado en algún país extraño al de su origen o su hogar y eso nos entristece, nos llena de rabia y de dolor.
Esta vez no ha habido balas de por medio, un fortuito y desgraciado accidente se ha llevado a uno de los más reputados fotoperiodistas españoles. Y no es que no hubiera tentado veces a la parca porque Paco Elvira había sido testigo de primera mano en algunos de los acontecimientos más importantes de las últimas décadas. El alzamiento popular en Portugal, la guerra de los Balcanes o el conflicto de Irlanda del Norte fueron algunos de los hechos que presenció y de los que informó en su periplo como reportero.
También estuvo presente y fotografió la lucha universitaria en los últimos años del franquismo y los problemas sociales que acuciaron a los mineros o a los jornaleros andaluces durante la época de la transición. Sus reportajes para el periódico El Mundo o la revista Interviú, abarcaron temas como el del envenenamiento por aceite de colza, la reconversión industrial o el conflicto de ETA.
Fue editor gráfico del diario Récord y de la revista Públic, y la publicación Photography Year Book ha pubicado en varias ocasiones sus fotos entre las mejores del año. Ralizó numerosas exposiciones fotográficas tanto individuales como colectivas. En la actualidad, algunas de sus obras están expuestasn el IVAM y en el MNAC. También publicó numerosos libros de fotografía y había sido galardonado con el premio Fotopress.
Actualmente estaba trabajando en un nuevo libro de fotografías sobre rincones emblemáticos de Barcelona. Para ello contaba con la participación de otros fotoperiodistas reconocidos como Xavier Miserachs o Pepe Encinas. Se cree que precisamente se hallaba buscando localizaciones para sus fotos en el paraje del Garraf, cuando se produjo el mortal accidente.
Todos los que en algún momento tuvimos algún tipo de contacto con él, personal o profesional, sentimos la perdida de Paco Elvira, a quienes sus amigos calificaban como una persona de extraordinaria bondad.
martes, 19 de marzo de 2013
Alex Ten Napel
Es indudable que el retrato es una de las disciplinas más atractiva y agradecida dentro del universo fotográfico, pero también es una de las más comprometidas. Hacer un retrato no consiste únicamente en capturar el semblante físico de una persona. El fotógrafo debe además poder mostrar el interior de esa persona, su carácter, su personalidad, su estado de ánimo.
Si además el retrato pertenece a una serie, debe de guardar cierta uniformidad de manera que el espectador pueda identificar el motivo en cada una de las imágenes. A lo largo de la historia de la fotografía ha habido muchos autores que han sabido cumplir estos requisitos a la perfección, desde Julia Margaret Cameron o Gustav Le Gray en sus inicios, hasta Pierre Gonnord en la actualidad, numerosos fotógrafos han dejado su huella en este campo.
Alex Ten Napel es un fotógrafo holandes que ha decidido volcar toda su creatividad en este género. Nacido en Alkmaar en 1958, curso estudios en la Escuela Superior de Fotografía de La Haya y es miembro de la GKF Photographers Association.
Aunque empezó a plubicar sus imágenes en periódicos y revistas, tanto holandesas como de fuera de sus fronteras, desde el año 1996, fué a raiz de la exibición de sus "Waterportraits" en el festival de EPSON PHOTO, en la ciudad de Naarden en el 2005 y más tarde en Paris Photo, cuando le llego el reconocimiento de sus trabajo. Esta serie, que muestra a niños, sólos o con sus padres, supuestamente sumergidos en el agua tuvo un gran éxito y fue mostrada en diferentes países desde Nueva York a Moscú, además de
publicarse en Le Monde, Zoom y otras revistas internacionales.
En sus trabajos posteriores Napel ha continuado realizando sus retratos con la misma estética que tan buen resultado le diera con los "Waterportraits". Por regla general son retratos sencillos de estudio, realizados sobre un fondo neutro, casi siempre en primer plano o con plano medio, iluminados frontalmente, en los que realmente lo que destaca es el protagonista. Y es que Alex Ten Napel consigue que sus modelos den lo mejor de si mismos, no importa si se trata de niños, adolescentes o jovenes graduados.
Sin embargo, en mi opinión, su mejor trabajo hasta el momento es el único que ha hecho fuera del estudio. Consiste en una serie de retratos realizados en una residencia de ancianos de Amsterdam a pacientes con la enfermedad de Alzheimer. Los retratos de estos hombres y mujeres han dado lugar a una galería de imágenes en las que las emociones están a flor de piel para el espectador. Sin pretender escenas desoladoras como han hecho otros autores, ni enfatizar rasgos, Napel ha captado el rostro del olvido de una manera sencilla y natural, algo que los que hemos vivido de cerca la enfermedad entendemos muy bien. Os recomiendo que echéis un vistazo a su web.
http://www.alextennapel.nl/
jueves, 28 de febrero de 2013
Yokohama Shasin
© Felice Beato
Cuando en 1858 Japón puso fin a su aislamiento, que había durado alrededor de 250 años, y firmó tratados comerciales con Estados Unidos y otros países, se produjo una gran entrada de extranjeros en la isla. Los occidentales fueron autorizados a residir en los puertos ligados a los tratados, así Yokohama, Kobe y Hakodate se convirtieron en los primeros lugares a los que acudieron no sólo comerciantes y empresarios ya que los turistas y viajeros ávidos de conocer las costumbres de oriente también llegaron hasta allí.
Entre la población que se
estableció en estas ciudades también había fotógrafos occidentales que en
algunos casos llevaban tiempo en oriente como reporteros de guerra, tal es el
caso de Felice Beato, y otros que emprendieron el camino hacia lo desconocido.
Desde la década de 1860 tanto los fotógrafos extranjeros como los japoneses
empezaron a establecer allí sus estudios a los que acudían principalmente los
foráneos. La llegada masiva de turistas hizo que surgiera un lucrativo negocio
ya que las fotografías y tarjetas ilustradas se convirtieron en recuerdos
populares. Las imágenes de los cerezos en flor, las geishas, el monte Fujiyama,
los acarreadores o los rickshaws, fueron las más demandadas. Las imágenes
solían venderse en álbumes que contenían alrededor de 50 fotos. De este modo
cuando los viajeros volvían a sus lugares de origen podían mostrar a sus
conocidos los exóticos lugares que habían visitado.
Así pues el mercado turístico dio
lugar al “Yokohama Shasin”, (fotografías al estilo de Yokohama), título que se
refiere a las fotografías realizadas tanto por los fotógrafos japonés como por
los occidentales residentes en la ciudad, entre los años 1860 y 1880. El género
conocido con este nombre consistía en imágenes realizadas en blanco y negro, o
en placas de cristal, que eran coloreadas a mano con pigmentos especiales. En
poco tiempo la técnica se convirtió en un auténtico arte y los grandes estudios
fotográficos contrataban a pintores japoneses para realizar dicha labor.
Tanto los fotógrafos occidentales
como los locales, entre los que se encontraban Adolfo Farsari, Felice Beato,
Kusakabe Kimbei, Tamamura Kozoburo, el Barón Von Strillfied, Ogawa Kazumasa y
Uchida Kuichi, realizaron trabajos en los que el tema principal, la composición
y el coloreado a mano representan una llamativa combinación de las convenciones
y técnicas de la fotografía occidental con las de la tradición artística
japonesa, sobre todo con el ukiyo-e (estampas japonesas realizadas mediante
xilografía). Dichos fotógrafos dieron la clave de las imágenes gracias a las
cuales se conoce la Era Meiji de Japón. Dieron lugar también a que los
japoneses cambiaran el modo en que se veían a sí mismos y a su país. También a
través de las sus imágenes dieron notoriedad a mausoleos y otros lugares que hasta ese momento
estaban reducidos al ámbito familiar y que a partir de ese momento trasladaron
a una audiencia más amplia.
Las fotografías realizadas con
estas técnicas eran caras de producir, un retrato podría costar fácilmente casi
un mes del sueldo de un artesano, ese fue sin duda uno de los motivos por los
que los trabajos estaban destinados a ser adquiridos por una clientela
residente en los enclaves extranjeros, tanto europeos como americanos y entre
los turistas que visitaban la isla. Para atraer a sus posibles clientes los
fotógrafos no dudaron en recrear escenas que denominaban de “usos y costumbres”.
También se utilizaron las fotografías de estos autores para ilustrar libros, como
inspiración para algunos pintores o para registrar eventos y visitas de
dignatarios extranjeros a Japón.
A finales del siglo XIX la
llegada de las nuevas tecnologías y el consiguiente aumento de fotógrafos
aficionados produjo un tremendo impacto negativo en la fotografía comercial.
Para paliar en parte las perdidas algunos fotógrafos como Farsari, ofrecían a
los aficionados el uso gratuito del cuarto oscuro, para que pudieran revelar
sus imágenes, y de ese modo los atraían a su estudio con el fin de animarles a
comprar alguno de sus trabajos.
Es difícil en ocasiones estar
seguros de cuál de los fotógrafos de la época realizó una imagen concreta, ya
que era práctica común que éstos compraran fotografías a otros y que las
vendieran bajo su propio nombre. Además, aparte de la costumbre que existía entre
los propios fotógrafos comerciales de intercambiar negativos, había un buen
número de fotógrafos independientes que vendían sus trabajos a más de un
estudio.
En cualquier caso la calidad de
los trabajos de estos autores ha sido valorada por los críticos de forma
desigual. Por ejemplo Terry Bennett, especialista en la temprana fotografía asiática, se
refiere al trabajo de Farsari como “inconsistente y carente de la calidad
encontrada en los trabajos de Beato, Stillfired o Kusakabe.” Pero Bennett
también reconoce que Farsari empleaba excelentes artistas, usaba los mejores
papeles para imprimir y producía “increíbles fotografías coloreadas”.
Muchas de las
fotografías y álbumes de estos autores pueden encontrarse hoy en día en
numerosos museos y colecciones privadas de todo el mundo.
© Kusabe Kimbei
© Barón Von Stillfried
© Adolfo Farsari
© Anonimo
© Felice Beato
© Tamamura Kozoburo
© Uchida Kuichi
martes, 12 de febrero de 2013
Jose Manuel Navia
Como es de bien nacidos ser agradecido tenía que llegar un momento en que le rindiera tributo a uno de los fotógrafos de los que más he aprendido, y lo que no he aprendido a buen seguro que no ha sido por culpa suya, sino de mi testarudez. Cuando uno conoce a Jose Manuel Navia se pregunta como es posible que en una persona tan menuda quepa tanto y tan bueno, porque Navia no sólo es un gran fotógrafo, además es un gran profesor y una gran persona repleta de humanidad y con una personalidad increible.
Hay muchos fotógrafos que consideran que la imagen es suficiente para mostrar algo, Navia a menudo conjuga la imagen con la palabra. Por ejemplo en uno de sus libros que a mi más me llega, Pisadas Sonámbulas, sus fotografías están acompañadas de los versos de varios autores de lengua portuguesa, dando lugar a lo que él ha llamado lusofonías. No es el único caso en que sus imágenes se han unido a la palabra de un escritor, aunque él, licenciado en filosofía, se basta y se sobra para expresar ideas y sentimientos.
Nacido en el seno de una familia andaluza fue su madre la primera en introducirle en el mundo de la fotografía y a los doce años ya realizaba sus primeras pinitos en un laboratorio casero. Con sus propias palabras: "A esa edad ver aparecer la imagen por primera vez en una cubeta fue como una droga." Y como una droga aquello le dejo enganchado ya que desde entonces no ha dejado de fotografiar.
Aunque en general se le considera un fotógrafo documental el prefiere la palabra "autor", que define como alguién que se expresa de una forma más o menos personal a través de un medio, en este caso la fotografía. Su estilo peculiar y el hecho de que desde sus inicios trabajara en color le han distiguido de otros fotografos de su generación, que utilizaban tradicionalmente el blanco y negro para relatar sus crónicas.
Solitario a la hora de realizar las imágenes, cuenta sin embargo con un equipo que trabaja con él en estrecha colaboración, su compañera Carmen que le ayuda en el proceso de edición y Marta, que se ocupa del trabajo de archivo y laboratorio digital. La experiencia de los años que llevan realizando el trabajo juntos hace que la suya sea una maquina bien engrasada en la que todo el mundo encaja perfectamente a la hora de llevar a buen termino su labor.
Jose Manuel Navia compagina sus trabajos de autor con la docencia, impartiendo cursos y talleres a aspirantes a fotógrafos y también a quienes ya lo son pero desean ampliar sus conocimientos y su forma de entende la fotografía. Aquellos que deseen asistir a alguno de sus cursos podrán hacerlo a lo largo del año no sólo en diversas escuelas de fotografía, sino también en sitios tan relajantes como La Magistral o Cabo de Gata, suponiendo que logren conseguir una plaza pues generalmente se cubren apenas salen.
En cuanto a su fotografía me atrevo a decir que es intimista, con un carácter muy real y plagada de sentimientos y sensaciones. Es de ese tipo que te hace pensar, hacerte preguntas. Y es que para Navia al fotografiar lo que buscamos es encontrarnos con nosotros mismos a través del rencuentro con aquello que nos importa o que surge de nuestro interior.
http://jmnavia.blogspot.com.es/
lunes, 28 de enero de 2013
Wayne Lawrence
El trabajo de Wayne Lawrence es un diario visual de la vida que transcurre a su alrededor, de la iteración de sus repetidas visitas a aquellas zonas de Nueva York que le atraen especialmente por su mezcla de culturas y costumbres.
Nacido en Saint Kitts and Nevis, el país más pequeño del continente americano, en 1974, decidió cambiar su oficio de carpintero por el de fotógrafo hace poco más de una década. Desde el principio se embarcó en una serie de proyectos personales, de los cuales tal vez el más conocido sea el desarrollado a lo largo de 6 años en la playa de Orchad, en el Bronx neoyorkino. Durante ese periodo cada verano Lawrence tomaba dos trenes y un autobús para documentar el complejo universo que se desarrollaba en aquella improbable "Riviera" situada al borde de uno de los barrios más duros de la ciudad de Nueva York.
Wayne Lawrence conocía bien la zona, de adolescente había pasado algunas temporadas allí con su abuela. Su reencuentro con la cultura hiphop, la trágica muerte de su hermano, los recuerdos de su infancia y su facilidad para conectar con la compleja sociedad que se desarrollaba ante sus ojos, fueron sin duda determinantes a la hora de realizar su trabajo. Su acercamiento hacia los habitantes del lugar fue respetuoso y sin prejuicios. En las fotografías de Wayne se observa orgullo, audacia, confianza, dolor y placer. Son espejos de la vida que parecen haber encontrado su voz en las imágenes de este autor.
Desde hace cuatro o cinco años Lawrence combina sus trabajos personales con algunos encargos profesionales, que suele realizar con un par de ayudantes y el apoyo del equipo de su agencia, el Institute For Artist Managent. Y aunque su oficina se encuentra en Bedford-Stuyvesand, Brooklyn, una gran parte de su trabajo se desarrolla en todo Nueva York. Wayne Lawrence piensa que hay tanta energía y cultura en la Gran Manzana que podría trabajar en las calles toda su vida sin poder cubrir todo lo que allí se encuentra.
http://www.waynelawrenceonline.com/
viernes, 18 de enero de 2013
Valérie Belin
Valérie Belin es una fotógrafa nacida en Francia en 1964, que reside y trabaja en París. Como muchos otros fotógrafos tiene raices en la pintura, en la cual se licenció en la Escuela de Bellas Artes de Bourgues en 1987. Allí llevó a cabo una investigación universitaria en el campo de la teoría del arte y profundizó en el conocimiento del minimalismo, todo lo cual ha estado siempre latente en su forma de trabajar.
Yo conocí su trabajo hace apenas un par de años a través de una muestra colectiva en la Maison Européenne de la Photographie y debo decir que en un principio no me llamó demasiado la atención, probablemente porque estaba más interesada en algunas otras de las obras expuestas. Sin embargo una segunda mirada a su obra me hizo cambiar de opinión. Para empezar debo decir que las fotografías de Valerie Benin me inquietan. A veces se me hace difícil distinguir lo real de lo irreal, lo vivo de lo que no lo está. Los retratos realizados por la autora, siempre de un modo aséptico y en un contexto desprovisto de todo lo que pueda ser banal, me producen una sensación de vacío, como si esas personas no fueran en realidad personas sino objetos inanimados. No se diferencian demasiado de su serie de maniquíes, a las que de algún modo y por medio del maquillaje y la iluminación, dota de una vida similar a las anteriores, incluso a veces más real.
El catedrático de Arte Contemporáneo y Fotografía de la Sorbona Michel Poivert, dijo en una ocasión que la iconografía de Valérie Belin es silenciosa. Posee ese silencio que precede a las catástrofes y después las sucede. La ausencia de toda dramatización, el empeño por no recurrir a ningún efecto, concurren en la realización de imágenes sin afecto.
Valérie Belin trabaja siempre con series pero entre sus imágenes pueden encontrarse todo tipo de objetos. En sus primeros ensayos, realizados con floreros y vasos de cristal se observa una busqueda de la luz de los objetos, en un proceso primario muy próximo al origen de la fotografía. Sin embargo en sus trabajos posteriores puede verse un tratamiento diferente, tal vez más pictórico, una busqueda entre realidad y fantasía. Es como si la artista se moviera siempre entre dualidades. Así por ejemplo la serie de los vestidos de novia vacios, depositados en cajas de madera de 1966, tendrían su contrapartida en la serie de novias marroquíes vestidas con trajes tradicionales del año 2000. Del más puro minimalismo casi al exceso barroco, en el que el ornamento de los trajes es tan importante o quizás más que la propia modelo.
En suma, podría decirse que la estética de la obra de Valérie Belin es cuando menos controvertida, ya que la artista parece estar en una búsqueda constante del límite de una frontera entre lo real y lo imaginario, que tiende a desvanecerse por momentos fundiendo ambas en una misma simetría.
http://www.valeriebelin.com/
sábado, 5 de enero de 2013
Rarindra Prakarsa
Quería empezar el año con algo hermoso, después del 2012 que hemos tenido al menos que nos llegue algo de belleza, por eso he elegido a un fotógrafo desconocido para muchos y admirado por otros tantos, al cual descubrí hace ya varios años y al que de vez en cuando vuelvo para revisar sus progresos.
Rarindra Prakarsa no es, según él, un fotógrafo profesional, aunque últimamente ha empezado a impartir workshops y a realizar pequeñas expediciones fotográficas junto a Steve Chong.
Prakarsa vive en Yakarta, la capital de Indonesia, así pues no hay duda de que dispone a su alrededor de todo lo necesario para construir esas idílicas imágenes que son su marca y que muchos fotógrafos intentan imitar. A los maravillosos paisajes que le rodean, ha sabido sumarle los personajes idóneos y los momentos justos. En su trabajo no hay improvisación, todo está cuidadosamente calculado. La luz, el gesto, el ambiente y por supuesto el procesado de las imágenes que hace que sus fotografías adquieran una especie de tercera dimensión con una belleza onírica. Hay quienes llaman a todo este proceso "pintar con luz", aunque técnicamente no es correcto. Sin embargo el resultado es fráncamente atractivo por lo que no importa demasiado el nombre que se le aplique.
Siento no poder disponer de más información sobre el fotógrafo en sí, ya que Rarindra es una persona celosa de su intimidad y no ha difundido datos de su preparación o sus logros, pero estoy segura de que vais a disfrutar con su trabajo.
Sed buenos y seguro que esta noche los Reyes Magos os traerán un bonito regalo fotográfico, quien sabe, tal vez esa lente con la que soñáis, algún libro de vuestro autor favorito e incluso puede que alguno tenga suerte y reciba esa cámara con la que poder sustituir la ya cansada y muy trabajada reflex que anida en vuestras mochilas.
http://photo.net/photodb/member-photos?user_id=2231437
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