Cabecera La Mirada Fotográfica

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domingo, 29 de septiembre de 2013

Alejandro Lamas



Alejandro Lamas nació en la ciudad porteña de Buenos Aires a mediados de los cincuenta pero,  quizás por la afinidad que siempre ha existido entre nuestros dos países, desde hace algún tiempo reside y trabaja en España, concretamente en Madrid. 

Entusiasta de la fotografía desde una edad muy temprana, comenzó a realizar imágenes a los catorce años, cursó estudios de Óptica Instrumental en Rosario, la tercera ciudad más importante en cuanto a población de Argentina y que está considerada como un importante centro cultural y educativo del país. Fue allí también, en la prestigiosa Peña Fotográfica Rosarina, fundada en 1950 y que a día de hoy está considerada como “Entidad de Bien Público”, donde perfeccionó sus conocimientos de fotografía. 

También se especializó en la reproducción fotográfica de obras de arte, de modo que en sus primeros años laborales alternó sus trabajos en este campo con el mundo de la publicidad. Así mismo impartió clases de iluminación en la escuela oficial de cine y televisión de la provincia de Santa Fe, en Argentina y más tarde actuó como profesor en varias escuelas de fotografía ya en España. 

Para Alejandro el dedicarse a la fotografía no fue algo deliberado sino natural. Desde el momento en que cogió su primera cámara, o más bien la de su padre, una Argus Coated Cintar, de la que seguramente muchos de vosotros no habréis oído hablar pero de la cual se vendieron más de dos millones de ejemplares en su momento, el salir a la calle con ella en la mano fue una costumbre que le acompaño a lo largo de su adolescencia y que sin duda marcó su vida profesional. No es pues de extrañar que los fotógrafos en los que más se fijara como referente fueran aquellos que también desarrollaban su labor en las calles, nombres como Harry Callahan, Manuel Álvarez Bravo, Robert Frank o Sergio Larrain fueron una fuente de inspiración y estudio. 

En su trabajo de autor Alejandro Lamas ha desarrollado una fotografía con un marcado carácter intimista. Sus imágenes suelen reflejar una ciudad desnuda, desprovista de cualquier tipo de artificio, en donde las calles son las auténticas protagonistas mientras que sus escasos moradores, apenas unas sombras, son meros espectadores del tiempo y el espacio.  Él suele definir su labor con una frase de Sergio Larrain extraída de su libro El rectángulo en la mano, “Es en mi interior que busco las fotografías cuando con la cámara en la mano paseo la vista por fuera, puedo solidificar ese mundo de fantasmas cuando encuentro algo que tiene resonancias en mí.”

Pero además de su propio trabajo personal como autor Alejandro dedica una gran parte de su tiempo a formar a futuros fotógrafos y si bien con anterioridad lo hacía al modo tradicional en alguna escuela, en los últimos tiempos ha desarrollado un método muy innovador en nuestro país, la fórmula del Coaching Fotográfico.  Este método está basado en una serie de salidas colectivas de un reducido grupo de alumnos, programadas a lo largo  de un periodo de tiempo durante el cual se realizará una práctica regular guiada por un fotógrafo profesional en activo, que incluye un proceso de revisión constante del trabajo realizado para una posterior selección y publicación de los resultados en formato de libro. 

Esta posibilidad de desarrollo de los conocimientos del alumno es mucho más provechosa y motivante. En lugar de impartir una lección magistral de la que los alumnos aprovechan un porcentaje limitado o un taller en el que el trabajo de campo ayuda a asimilar mejor las enseñanzas teóricas, se plantea una forma diferente de formación: incentivar el aprendizaje a través de la práctica regular del alumno, favoreciendo así el trabajo personal, la reflexión sobre los resultados, la comparación y el debate entre iguales y el incremento de la necesidad de adquirir conocimientos puntuales muy concretos y enfocados a una mejora casi inmediata de los resultados. 

De este modo Alejandro Lamas intenta transmitir a sus alumnos lo que él denomina “La Voluntad de Ver”, de modo que cada uno de ellos se sumerja en la tarea de encontrar su propia identidad como autor. Sin duda él la ha encontrado. Este hombre que se siente más cómodo mirando en blanco y negro, que gusta del formato medio y que cree que el futuro de la fotografía es un presente en transformación permanente, nos deja en sus obras una mirada de irrealidad trazada en un contexto paralelo en el que sin embargo se atisba una constante de humanidad, marcada sin duda por la presencia/ausencia de individuos como sujetos del espacio delimitado en la imagen. 

Como siempre os dejo el enlace a su página para que podáis seguir indagando y disfrutando del trabajo de este autor.








http://www.alejandrolamas.com/

jueves, 12 de septiembre de 2013

Robert Mapplethorpe





 Hace unos días terminé de leer "Eramos unos niños", la biografía de Patti Smith, o casi podría decirse la biografía compartida de Patti y Robert Mapplethorpe, ya que una buena parte del libro está dedicada a su vida en común. Era una asignatura que tenía pendiente, como tenía pendiente el escribir un artículo sobre ese polifacético artista que fue Robert Mapplethorpe.

Debo confesar que Mapplethorpe me fascina. Y no sólo como fotógrafo. Todo su personaje en sí, su fuerza vital, sus ansias de llevar la vida al límite aún dentro de su timidez, su deseo de experimentar, su fascinación por la belleza, su ambigüedad, su deseo de superación, todo en él era excesivo y al mismo tiempo insuficiente; siempre necesitaba más.

Nacido en el seno de una familia católica y siendo el tercero de seis hijos fue un niño travieso pero también estuvo sujeto a rígidas normas. Siempre supo que era un artista, era un dibujante nato del mismo modo que era capaz de componer cualquier cosa con sus manos. Disfrutaba montando y decorando broches, realizando collages, haciendo bocetos, cualquier cosa que requiriera de una mente creativa.

En 1963, Mapplethorpe se matriculó en el Instituto Pratt en las cercanías de Brooklyn, donde estudió dibujo, pintura y escultura. Influenciado por artistas como Joseph Cornell y Marcel Duchamp, experimentó con diversos materiales para la realización de collages de técnica mixta, incluyendo imágenes recortadas de libros y revistas. Fue su amiga y compañera Patti quien insistió para que realizara sus propias imágenes para incluirlas en sus obras. Sin embargo en un principio Robert no estaba interesado, entre otras cosas porque su economía no era muy boyante y la compra del material necesario para poder realizar las fotografías hubiese supuesto un coste mucho mayor que el que le exigían las revistas que utilizaba.

Sus primeras fotografías las tomó con una cámara Polaroid que le prestó un amigo y sus primeros modelos fueron Patti y él mismo. Al principio jugueteó con la cámara, no estaba convencido que aquello fuera lo suyo y aunque el mecanismo de la misma era muy sencillo las opciones eran limitadas. Aquello fue suficiente para que aquel hombre apasionado por todo tipo de arte se quedara totalmente enganchado a la fotografía. Poco tiempo después conoció a Sam Wagstaff, coleccionista y mecenas que paso a formar parte de su vida y que el día de su cumpleaños le regaló una Hasselblad. Ambos habían nacido el mismo día, el 4 de noviembre, con 25 años de diferencia y a cambio Robert le regalo a Sam una fotografía. Aquel primer intercambio simbolizó sus respectivos papeles como artista y mecenas, aunque con el tiempo Sam llegaría a ser mucho más al convertirse en amantes. 


La Hasselblad, una cámara de formato medio adaptada a la Polaroid, le permitía a Mapplethorpe una mayor flexibilidad y control sobre el uso de la luz y el poder intercambiar los objetivos le procuraba una mayor profundidad de campo, de ese modo Robert empezó a conseguir exactamente lo que quería. A partir de ahí, el resto de sus trabajos quedaron arrinconados y se dedicó en cuerpo y alma a la fotografía con resultados cada vez más atractivos. 

El mundo que rodeaba a Mapplethorpe estuvo siempre compuesto de los intelectuales más importantes de aquella época, músicos, poetas, pintores, escultores, todo tipo de artistas pasaron por el objetivo de su cámara, consiguiendo que nos dejará un maravilloso legado de retratos y aunque su obra está también repleta de naturalezas muertas, desnudos y provocativas imágenes, yo he querido mostraros hoy su faceta como retratista. Sin embargo si deseáis conocer más no tendréis ningún problema ya que la red está llena de páginas dedicadas a este singular artista. Para facilitaros un poco la labor, yo os dejaré al final un enlace a la página de su fundación. Como siempre os deseo que disfrutéis con las imágenes de Robert Mapplethorpe.






http://www.mapplethorpe.org/

sábado, 24 de agosto de 2013

Paul Mobley



Hola amigos, tras un pequeño paréntesis veraniego, volvemos a las actividades cotidianas y que mejor para ello que empezar a presentaros una nueva tanda de fotógrafos que espero que sean de vuestro agrado o que al menos os sirvan de inspiración.

Vamos a empezar por Paul Mobley, un fotógrafo americano que comenzó su andadura en Detroit, aunque muy pronto se trasladó a New York, en donde trabajó como ayudante de  Annie Leibovitz, Steve Steigman, and David Langley. El contacto con estos profesionales le proporcionó la base para poder realizar sus propios trabajos, tanto en publicidad, como para el mundo de la música  o el corporativo. Pero es en sus trabajos personales donde se puede apreciar la verdadera esencia de la fotografía de Mobley.

Con un dominio absoluto del retrato cada una de las series en las que trabaja conforman un mapa de los colectivos a los que representan. Así en su primer libro, "American Farmer: The Hear Of Our Country", publicado en el 2008, captura el alma de las comunidades agricolas de Estados Unidos. Al modo de los fotógrafos que en la época de la depresión y bajo la tutela de la F.S.A, y la dirección de Roy Striker recorrieron los caminos de América para dar una imagen más o menos fiel de lo que suponían aquellos tiempos para la población agraria y de ese modo concienciar al resto de la población, Paul Mobley ha viajado durante tres años por 35 estados, visitando más de 300 granjas y plantaciones de todo tipo.

Sin embargo el trabajo de Mobley es muy diferente del que realizaran en aquella época fotógrafos como Dorotea Lange o Walker Evans, entre otros. Y no sólo porque evidentemente las circunstancias son muy diferentes, sino porque también lo es el espíritu de los fotógrafos. Los reporteros de la F.S.A., documentaron la situación sin comprometerse en ella, buscaban un trabajo documental que impactará en la sociedad removiendo sus conciencias, esperando con ello lograr una mejor situación para los inmigrantes y desplazados por la depresión y la sequía que asolaba sus campos. Sin embargo, tal y como relató en algunas entrevistas Dorotea Lange, nunca convivieron con los protagonistas de las imágenes que realizaban, ni siquiera interactuaron con ellos. Llegaban realizaban las fotos y se iban. De hecho es curioso constatar que Lange nunca supo el nombre de la mujer protagonista de su imagen más icónica "Madre Migrante".

Por el contrario Paul Mobley ha querido dar a sus imágenes un significado mucho más cercano, por lo cual ha incluido en su libro no sólo los nombres de los personajes que ha fotografiado sino también comentarios, anécdotas e historias de los mismos. Su convivencia con los granjeros se nota, dando como resultado un retrato amable y humano. Es indudable que sus fotografías no tienen el impacto de las anteriores, pero sin duda constituyen un magnífico retrato de la vida actual de los granjeros americanos.

En su trabajo, "Everyday Heroes: 50 Americans Changing the World", publicado en octubre del 2012, nos presenta a una serie de personas anómimas que cada día intentan hacer lo posible para mejorar la vida de los  menos afortunados.  Bomberos, médicos, maestros, asistentes sociales y organizaciones no lucrativas como Alex's Lemonade Stand Foundation, que se inició como una reación contra el cancer infantil a través de puestos de limonada, o la Meals on Wheels Association of America, una de las mayores asociaciones de la lucha contra el hambre en los Estados Unidos, todos  tienen cabida entre estos héroes con los que cada día nos cruzamos sin darnos cuenta.

Pero los retratos de Paul Mobley no sólo abarcan esta serie de trabajos, entre su clientela se encuentran algunos de los músicos más famosos del momento, actores y empresas como Ford, John Deere, Apple, Max Factor, Chevrolet, Microsoft o American Express. Algunos de sus trabajos son sumamente divertidos y otros realmente entrañables como el dedicado a los Centenarios, personas todas ellas que han sobrepasado los cien años de edad. 

En fin, si os gusta el retrato en la página de Paul Mobley podréis encontrarlos de todo tipo y si rebuscáis un poco podréis también encontrar su libro "American Farmer". Que disfrutéis.






http://paulmobleystudio.com/Entertainment/1/

lunes, 22 de julio de 2013

Fred Herzog



La fotografía de calle es, por encima de todo, un ejercicio visual. Dado que no tiene en que apoyarse, pues no se basa en una sucesión de imágenes cuyo conjunto sea coherente como lo hace el reportaje, se ve obligada a sobresalir por si misma. Y sin embargo, y al mismo tiempo, se caracteriza por la falta de necesidad de que ocurra algo especialmente importante.

Los fotógrafos de la calle suelen tener una especie de sexto sentido que les permite visualizar en unas decimas de segundo aquello que otras personas que están en el mismo lugar son incapaces de ver. La secuencia de colores precisos, el juego de luces y sombras, la escena con un punto irónico o divertido, el juego de las líneas de un edificio, una o varias personas que sobresalen del resto por cualquier motivo, todo esto y mucho más puede ser lo que de protagonismo a sus fotografías.

Fred Herzog es uno de esos fotógrafos, pero además fue un precursor. En una época en la que la mayoría de los que se dedicaba a este oficio trabajaban en blanco y negro él decidió hacerlo en diapositiva y en color, lo cual le excluyó durante largo tiempo del circuito de museos, galerías de arte y demás ambientes fotográficos.

Herzog, de origen alemán, emigró a Canada tras perder a sus padres durante la segunda guerra mundial. Enrolado en un barco como marinero recaló en el continiente americano y durante un breve tiempo vivió en Toronto y Montreal. En 1953 se traslada a Vancuouver, donde comienza a trabajar como fotógrafo dentro del ramo de la medicina. Más tarde llegaría a ser Director Asociado de UBC Department of Biomedical Communication y también formó parte de la plantilla de profesores de la Universidad Simon Fraser.

Fuera del laboratorio también retomó lo que en su infancia había sido simplemente algo casual y empezó a fotografiar las calle y las gentes de su ciudad. Su trabajo se centra principalmente en la gente corriente de clase obrera y en los lugares que frecuenta. Siente una expecial predilección por los numerosos carteles que en los años 50 y 60 cercaban los muros de Vancouver, por los espacios abiertos, los coches abandonados y las tiendas. Sus escaparates son a menudo un motivo para este fotógrafo, tanto en lo que puede apreciarse desde el interior, como aquello que los viandantes encuentran a su paso.

El uso de la película Kodachrome le confiere a sus imágenes ese aspecto que nos hace pensar en los fotogramas de una película o en los lienzos de algunos de los pintores realistas de la época. Muchas de sus fotografías podrían haber servido de base para las obras de Edward Hopper, o tal vez fuera él quien se sintiera inspirado por las mismas.

En las últimas decadas su trabajo ha sido reconocido en todo el mundo y se han hecho muestras del mismo en diversas galerías, como la Vancouver Art Gallery o la Equinox Gallery, también de Vancouver, quién tiene la representación de su obra y en cuya página podréis ver parte de su trabajo.

Los que queráis profundizar más podéis optar por alguno de sus libros. Yo recomiendo "Photographs", el cual contiene una buena selección de su trabajo y cuenta con una serie de interesantes prólogos de Claudia Gochmann, Sarah Milroy, Jeff Wall y Douglas Coupland. Eso si, está en inglés, así que los que no dominéis el idioma tendréis que hacer un esfuerzo.








http://www.equinoxgallery.com/artists/portfolio/fred-herzog

lunes, 1 de julio de 2013

Anders Petersen



Anders Petersen nació en Estocolmo en 1944. Influenciado por los artistas plásticos Karin Bodlan y Lars Sjögren, a quienes conoció en la provincia de Värmland cuando se trasladó allí con su familia a los 14 años, quiso convertirse en pintor o escritor, así que en 1961se estableció durante un tiempo en Hamburgo para estudiar alemán al tiempo que realizaba sus deseos. No lo consiguió, no realizó un sólo cuadro.

Eso no fue óbice para que años más tarde lograra su objetivo, aunque de una manera diferente. Su relación con Christer Strömholm, fotógrafo sueco que se hizo famoso por sus fotografías sobre los ambientes existencialistas de París, tuvo mucho que ver. Su amistad con Strömholm, que además fue su profesor en la Escuela de Fotografía de Estocolmo, influenció la manera de ver y de trabajar de Petersen.

En 1968, Petersen entró por casualidad en el café Lehmitz a tomar una cerveza. El local, situado en el barrio rojo de Hamburgo, era un tugurio frecuentado por prostitutas, homosexuales, proxenetas, alcohólicos y todo tipo de personas que se movían al margen de la sociedad. El azar quiso que dejara su máquina sobre la mesa para ir al baño y al volver se encontró con que los clientes se estaban haciendo fotografías los unos a los otros. Petersen no desaprovecho la oportunidad y tras obtener su permiso para fotografiarles estuvo visitando aquel lugar durante aproximadamente tres años, obteniendo una serie de 88 fotografías que acabaron convirtiéndose en un clásico, su libro Café Lehmitz, publicado por Schirmer Mosel en 1978.

Fue también allí donde hizo su primera exposición ya que las fotografías realizadas fueron colgadas en las paredes del café, detrás de la barra. Su empatía con los personajes retratados le llevó a realizar el reportaje no como un extraño, sino con una mirada de afecto en una especie de diario íntimo.

En sus siguientes trabajos Anders Petersen siguió la misma tónica que tan buen resultado le diera en el realizado en el café. Durante algún tiempo visito los lugares que formarían sus próximos tres libros, una trilogía constituida por un estudio de la marginalidad en cárceles, instituciones mentales y asilos de ancianos. Después de fotografiar un manicomio durante tres años consecutivos decidió que ya tenía bastante y empezó a enfocar su trabajo hacia la calle y la vida cotidiana en ella.

Sin embargo el estilo de Anders Petesen no varió. Sus descarnadas imágenes marcan una constante, de tal manera que su trabajo podría ser todo uno, no importando el lugar ni el momento en que fueron realizadas. Petersen ubica a sus personajes en el centro de la imagen y les rodea de una atmósfera cerrada, casi opresiva, de tal manera que en ocasiones su retratos llegan a ser grotescos, aunque nunca estén exentos de humanidad. La vida en ocasiones es dura y Petersen sin duda es capaz de mostrar esa dureza en toda su realidad.

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http://www.anderspetersen.se/petersen/

viernes, 14 de junio de 2013

Elliot Lee Hazel



Casi podríamos decir que Elliot Lee Hazel no existe si no fuera por sus imágenes. Hoy en día en que la información corre por nuestras venas informáticas a raudales, como si de ríos sin retorno se tratase, el hecho de que apenas haya datos sobre alguien que se dedica al mundo del arte y que se relaciona con grandes estrellas de la música o el cine es sin duda cuando menos extraño. 

Casi igual de extrañas resultan las fotografías de este británico de nacimiento, residente en Los Ángeles, y representado por la firma Probation London. Con un estilo claramente conceptual, Lee Hazel se aparta de los caminos habituales de la publicidad a la hora de realizar su trabajo, tanto si el encargo proviene del sector de la moda como si se trata de imágenes realizadas para el mundillo de la música. 

Entre los clientes de Elliot Lee Hazel, que ha sido descrito como un impresionante híbrido entre Ryan McGinley y Yelena Yemchuk, dos de los mejores fotógrafos publicitarios del momento, se encuentran marcas de ropa de moda alternativa como THVM, Moonspoon, Saloon, Fourth and Main y Endovanera. También ha trabajado para las revistas LAB Magazine, Bullett, Super Nasty y The Work Magazine. 

Supongo que a muchos de vosotros, al igual que a mí, todo esto os suena un poco a chino. No os preocupéis, si os dais una vueltecita por sus páginas, que están a la vuelta de la esquina de una pequeña búsqueda en google, en seguida comprenderéis que el estilo de Elliot Lee Hazel casa a la perfección con cualquiera de ellas. Y es que las imágenes de este artista/fotógrafo o fotógrafo/artista, que para el caso es lo mismo, son una mezcla de sueños oníricos con fotogramas cinematográficos, aderezada con una clara y fuerte personalidad, sin ningún tipo de complejos, que acaban por convertirse en una obra de autor. Así pues, sus trabajos realizados por encargo con idea de promocionar a un cantante, grupo o marca comercial, no desentonarían en absoluto en las paredes de una galería de arte o un museo de arte contemporáneo. 

No es de extrañar por tanto que sea uno de los fotógrafos más solicitados actualmente ya que es capaz de combinar el retrato, la moda, el arte y la fotografía conceptual en un enfoque único, logrando unos resultados sumamente atractivos. Y como para muestra basta un botón, aquí os dejo algunas de sus imágenes. No dejéis de visitar su página, seguro que no os arrepentiréis.

  





http://eliotleehazel.com/

lunes, 27 de mayo de 2013

Sebastião Salgado




Hablar de Sebastião Salgado es algo muy fácil y a la vez muy difícil. A estas alturas todo el mundo conoce el trabajo de este gran fotógrafo y se ha escrito tanto sobre él que no queda mucho que decir. Así que casi prefiero centrar mi comentario en su último libro, GÉNESIS.

Desde el momento en que conocí este proyecto estaba deseando ver los resultados y desde luego puedo asegurar que no me han defraudado, al contrario, considero que es uno de los mejores trabajos de Salgado.
Citando las palabras que encabezan el libro diré que el fotógrafo Sebastião Salgado, que nació en Aimorés, Minas Gerais, en 1944 y se crio en una hacienda, siempre ha sentido un gran amor y respeto por la naturaleza. También es un hombre profundamente comprometido con la devastadora situación socioeconómica en la que a menudo se ven afectados los seres humanos. Esto es algo que ya hemos podido apreciar en sus anteriores proyectos Trabajadores (1993) y Éxodos (2000).

Génesis, al igual que los anteriores, puede considerarse un trabajo épico realizado a lo largo de ocho años en los que Salgado ha realizado más de 32 viajes, a veces en condiciones extremas y con los más variados medios de transporte a su alcance para conseguir llegar a los más recónditos lugares del planeta. Sin embargo a diferencia de sus otros trabajos en los que se mostraban las duras condiciones de vida de los trabajadores de todo el mundo, o el dolor de los desplazados por la hambruna, las guerras o los desastres medioambientales, en esta ocasión lo que Sebastião Salgado pretende mostrarnos es el lado amable de la vida. La naturaleza, los animales y los habitantes de distintas tribus reciben en la obra del fotógrafo un homenaje a su belleza y a sus costumbres y tradiciones. 

Para algunos puede resultar extraño que la exuberante vegetación de las selvas amazónicas, las gargantas del Gran Cañón o los glaciares de Alaska se nos muestren en blanco y negro perdiendo de ese modo una parte de su propia esencia. Sin embargo, en mi opinión, es precisamente el haber privado de color a la naturaleza lo que confiere a la obra de Salgado una dimensión especial. Sin distracciones que nos estorben a la hora de observar, la obra de Salgado se convierte en una oda visual a la majestuosidad y fragilidad de la Tierra. Sin duda el fotógrafo ha logrado  su sueño de mostrar la vida y la naturaleza en todo su esplendor.

Dado que los temas que se reflejan en esta obra, paisajes, animales y gentes, a menudo se solapan, al diseñar el libro el autor y su colaboradores han optado por estructurarlo en cinco amplios capítulos, donde cada uno representa una extensa región que a su vez puede también comprender varios ecosistemas.
Si tenéis la oportunidad de conseguir un ejemplar no lo dudéis, el libro vale lo que cuesta y mucho más. Eso sí para poder disfrutar de él os recomiendo que os lo toméis con calma. Disponed de una mesa en donde situarlo, ya que pesa lo suyo, y disponeos a desgustarlo con calma, son más de 500 páginas y seguro que no pasaréis ninguna por alto. 

Para quienes no estéis demasiado familiarizados con el autor os dejo una pequeña reseña: 

Salgado trabajó en la administración de la OIC (Organización Internacional del Café), pero en 1973 abandona su carrera para dedicarse a la fotografía, terreno al que llega relativamente tarde y de modo autodidacta. En su carrera como fotógrafo comenzó trabajando para la agencia Gamma con sede en París, pero en 1979 se une a Magnum Photos.

En 1994 deja Magnum para formar su propia agencia Amazonas Images en París para representar su obra. Fue nominado representante especial de UNICEF en el año 2001.

No todo el mundo admira el trabajo de Salgado, en los inicios del año 2000, periodistas del New York Times y la escritora Susan Sontag criticaron sus imágenes. El fotógrafo fue acusado de utilizar de manera cínica y comercial la miseria humana y de exponer de manera bella las situaciones dramáticas,  corriendo el riesgo de hacerlas perder su autenticidad. 

Eso es algo que cada cual debe juzgar por sí mismo, pero a veces es difícil separar la belleza de la cruda realidad. No podemos olvidar que en el fondo todo fotógrafo tiene una parte de artista y una forma de mirar totalmente personal que en ocasiones los demás no pueden llegar a comprender.









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