Tras su paso por el KBr Photo Center de Barcelona, la Fundación Mapfre abrirá al público en su sede del Paseo de la Castellana una muestra de la fotografía de Helen Levitt el próximo día 19 de febrero que podrá visitarse hasta el 17 de mayo. Se trata de una amplia retrospectiva de la obra de la autora, nacida en Nueva York en 1913, que incluye gran parte de su archivo además de algunas de las fotografías realizadas en México y una pequeña muestra de su trabajo en color.
Aunque todos hemos podido ver algunas de sus fotografías en exposiciones colectivas, no son muchas las realizadas individualmente en nuestra ciudad sobre el trabajo de Levitt. Si mal no recuerdo creo que fue en 2010, cuando dentro del Festival PHotoEspaña el Museo ICO programó una muestra antológica que llevaba por nombre Helen Levitt. Lírica Urbana. Fotografías 1936-1993. Y si hubo alguna más yo no lo recuerdo.
Helen Levitt es una de las grandes fotógrafas estadounidenses de la segunda mitad del siglo XX. Su obra destaca por su mirada singular y por su estilo documental, centrado en la vida urbana, sobre todo en las zonas populares de Nueva York. Sus imágenes captan pequeños instantes de la vida cotidiana, momentos aparentemente banales pero con un gran sentido metafórico sobre las condiciones sociales de nuestro tiempo. Y sin embargo ella nunca pretendió hacer una fotografía documental en el estricto sentido de la acepción.
Fotografiaba sobre todo niños, no porque la atrajeran en mayor medida sino porque ella trabajaba en la calle y los niños estaban allí, al igual ocurría con los ancianos. Y fotografiaba los barrios marginales porque ella había nacido en un barrio humilde y se sentía más cerca de los acontecimientos que transcurrían en sus calles, además en las calles de los barrios obreros había una mayor actividad social que en aquellas que frecuentaba la clase privilegiada. No la interesaban las grandes avenidas de Manhattan, ni las líneas de su estilizada arquitectura.
Su estilo de fotografía a menudo se le define como “un teatro urbano” debido a la forma con la que Levitt fue capaz de capturar momentos fugaces, ordinarios y corrientes de gente común, y convertirlos en algo surreal y sumamente artístico. Su mirada encajaba perfectamente con una visión cinematográfica y por tanto es normal que coqueteara con ese mundo. A Levitt se le recuerda su incursión en el cine más que nada por dos trabajos de 1948: In the Street y The Quiet One, aunque intervino de un modo u otro en algunos documentales más.
También fue pionera en el uso de la fotografía a color, cuando aún se la consideraba vulgar y su uso estaba reservado poco más que para publicidad. Ella empezó a utilizar películas a color en 1959 y 1960 gracias a dos becas Guggenheim. En la muestra que podemos ver en la Fundación Mapfre hay una pequeña sala dedicada a este apartado en la que podemos ver varias fotografías impresas y un carrusel de imágenes proyectadas. No son demasiadas entre otras cosas porque debido a un robo que la autora sufrió en 1972 se perdieron la mayoría de sus archivos anteriores a ese año. Además Levitt no acostumbraba a hacer hojas de contacto, por lo que ni tan siquiera se conserva registro de sus fotografías a color anteriores a ese año.
Helen Levitt fue una de las primeras mujeres en abrirse camino en el mundo de la fotografía, especialmente en el ámbito de la fotografía de calle. Su trabajo es comparable a algunos de sus contemporáneos con los que mantuvo una buena amistad como con Cartier-Bresson o Walker Evans. El primero fue sin duda decisivo para que Levitt se dedicase a la fotografía de forma independiente. Le conoció en la New York Film and Photo League, un colectivo comprometido con el cambio social a través de la imagen, al que Levitt se unió a mediados de los años 30, aunque no permaneció allí mucho tiempo, ni se implicó en sus actividades como algunos de sus otros miembros. Lo que diferenció a Helen Levitt de otros fotógrafos callejeros fue su apuesta por una mirada más humana y subjetiva hacia sus retratados, en contraste con la “objetividad cruda” que predominaba en su época.
Levitt siempre trabajó las calles de Nueva York, con una sola excepción, en 1941 viajó a México junto a una amiga, donde permaneció varios meses. Fue su único viaje al extranjero y marcó un antes y un después en su carrera. Allí realizó fotografías de calle muy diferentes a las de Nueva York: escenas de gran crudeza, centradas en indigentes y en las capas más desfavorecidas de la sociedad. Sin embargo, entre esa dureza también supo encontrar un lirismo sutil, propio de la ciudad y de sus gentes. La experiencia no la agradó lo suficiente como para intentar otros viajes, incluso reconoció que en algunos momentos tuvo una total sensación de inseguridad.
La muestra realiza un amplio recorrido por la trayectoria de Levitt a través de nueve secciones y cerca de 200 fotografías. Incluye obras inéditas, así como los trabajos realizados en México en 1941 y buena parte de su trabajo a color. Además, se presenta su película In The Street, dirigida por ella misma junto con Janice Loeb y James Agee, y una proyección de diapositivas en color realizadas por la artista.











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