El museo presenta una selección de obras de Giovanni Francesco Barbieri (Cento, 1591 – Bolonia, 1666), conocido como Il Guercino, una de las figuras más destacadas de la pintura barroca del norte de Italia. En torno a Jesús y la samaritana en el pozo (hacia 1640–1641), obra maestra de Guercino en la colección Thyssen-Bornemisza, se reúne un conjunto de cinco pinturas clave que permite analizar cómo aborda el artista la imagen de la mujer en los temas bíblicos, procedentes de otras instituciones como el Museo del Prado, la Dulwich Picture Gallery de Londres o el Musée des Beaux-Arts de Estrasburgo. En estas obras se refleja, además, su capacidad narrativa y su dominio del lenguaje gestual, evidenciando al mismo tiempo su evolución estilística.
Jesús y la samaritana en el pozo, hacia 1640-1641, Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, Madrid
La elección de Guercino de esta temática no es casual, pues la narrativa de las heroínas bíblicas fue muy popular durante el siglo XVII. Su estilo consigue transmitir las emociones de los personajes a través del gesto, acorde a lo que se ha denominado el teatro o la poética degli affetti, inherente a las imágenes promovidas por la Contrarreforma y cultivada en la pintura boloñesa del Seicento por artistas como Guido Reni y Domenichino, entre otros.
La primera pareja de pinturas muestra a mujeres anónimas del Nuevo Testamento que encarnan el modelo de la pecadora arrepentida: Jesús y la samaritana en el pozo, donde ambos personajes se expresan a través de un juego de miradas y gestos cifrados, y Jesús y la mujer adúltera (hacia 1621), cuyo tratamiento de las luces y sombras articula el diálogo de Jesús con los fariseos, al tiempo que resalta la fragilidad de la figura femenina, en actitud recogida y cabizbaja.
Junto a estas obras, conviven en la misma sala dos escenas del Antiguo Testamento en las que Guercino transmite la inocencia de dos víctimas de situaciones injustas. Susana y los viejos (1617) narra el episodio en el que Susana es observada por unos jueces libidinosos mientras se baña en una fuente, destacando la figura femenina en contraste con el fondo oscuro y convirtiendo al espectador en testigo del acoso. Por otro lado, en Abraham repudia a Agar e Ismael (1657) el artista representa a Abraham expulsando de su casa a su sierva Agar y a su hijo Ismael, acentuando la expresión de los afectos a través de una composición a modo de escenario.
Salomé recibe la cabeza de San Juan Bautista, 1637, Musée du Louvre, en dépôt au musée des Beaux-Arts de Rennes desde 1955
El último capítulo está dedicado a las consideradas femme fatale según la iconografía cristiana tradicional y a las que Guercino concede una nueva interpretación. En Sansón y Dalila (1654), frente a la versión de Dalila como una nueva Eva que lleva al hombre a la perdición, el artista la presenta como una guerrera que contribuye a la salvación de su pueblo. Por último, en Salomé recibe la cabeza de san Juan Bautista (1637), Salomé se muestra arrepentida, con la cabeza inclinada, lejos de la tradicional representación de joven seductora, y presentándose, en cambio, como víctima de los deseos de su madre.
La exposición Guercino y sus heroínas bíblicas, comisariada por María Eugenia Alonso, conservadora de Pintura Antigua del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, se podrá visitar del 16 de marzo al 14 de junio de 2026 en la Sala 12 de la colección permanente.

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