Cabecera La Mirada Fotográfica

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lunes, 30 de enero de 2023

ISABEL MUÑOZ YA ES ACADÉMICA

 


En la tarde de ayer y ante una audiencia que llenaba por completo el aforo del salón de actos de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, la fotógrafa Isabel Muñoz, que cuenta en su haber con el premio Nacional de Fotografía entre otros muchos galardones, leyó su discurso de aceptación para convertirse en académica de número, pasando así a engrosar el número de mujeres que disfrutan de este honor y que con ella suman un total de seis miembros frente a los 50 miembros varones. Tiene también en su balanza el hecho de ser la única persona del sector de la fotografía que en este momento forma parte de la Academia. Antes que ella la precedieron en el tiempo Alfonso Sánchez Portela, Juan Gyenes y Alberto Schommer. 

El acto protocolario comenzó con la entrada de la fotógrafa escoltada por Arantxa Aguirre Carballeira y Estrella de Diego, ambas miembros también de la Academia. Isabel empezó su discurso, Una Antropología de los Sentimientos, dando gracias a todas las personas que le han abierto las puertas de la Academia, en especial a Pablo López Mondéjar, del que recordó que lleva casi medio siglo rescatando fotos y fotógrafos olvidados y trayéndoles al presente para darles así el lugar que merecen en la historia de la fotografía española. Mencionó también a Juan Bordes, escultor,  y a José María Luzón, exdirector del Museo Arqueológico y del Museo del Prado. Éstos tres miembros de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando fueron quienes propusieron su candidatura. Por supuesto tuvo unas cariñosas palabras para su familia, su hijo Manuel y sus cinco nietos, que estuvieron presentes en el acto. 


El discurso de Isabel Muñoz versó sobre el trabajo que lleva ejerciendo desde hace cincuenta años y que la ha llevado a través de múltiples países a plasmar el dolor y la alegría, casi siempre de una manera bella. Dice Isabel que aunque no es una teórica de la fotografía, en el ejercicio  de esta profesión ha aprendido que: “a través de mis fotografías puedo hablar de una manera más sutil y profunda que a través de las palabras”. La frase que es de Richard Avedon la ha adaptado Isabel a su propia experiencia.

Durante toda la intervención tanto de Isabel Muñoz como de Publio López Mondéjar que fue el encargado de dar la réplica a la fotógrafa, con frases tan emblemáticas como: “La obra de esta extraordinaria fotógrafa semeja un gran sueño expresado en imágenes que se nutren de los plurales ámbitos de la antropología, la mística, la búsqueda de la belleza y el cuaderno de viaje. Si ha llegado a ser una gran profesional es porque, ante todo, es una persona humilde, generosa, pundonorosa, fuerte, inagotable y respetuosa con todas las creencias, los sentimientos y las formas de vida y muerte del Planeta”, pudimos contemplar algunos de los trabajos de Isabel, desde sus primeras imágenes dedicadas a la danza hasta sus últimos proyectos como el de dar visibilidad a la contaminación de los océanos por los plásticos. 

Patricia Allende, Isabel Muñoz y María Antonia García de la Vega en la recepción que siguió al acto

Isabel que acaba de iniciar otro ambicioso proyecto en las ruinas del templo más antiguo del mundo conocido hasta hoy, el Göbekly Tepe, en Turquía, llega a la Academia con muchas ganas de trabajar para potenciar la fotografía dentro de la Academia y también para devolverle a esta disciplina parte de lo que ella asegura que le ha proporcionado la misma. Y es que ha asegurado “que debemos recordar siempre que algunas personas hemos tenido el privilegio de dedicarnos a oficios que nos han hecho y nos harán felices”. 

Podéis seguir el acto completo en el siguiente enlace:


jueves, 26 de enero de 2023

FRANCESC CATALÀ-ROCA. LA MIRADA SABIA.

 

El piropo (Sevilla), 1959

La sala de fotografía de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando acoge una selección de obras de Francesc Català-Roca que forman parte de las colecciones de la Academia. Se exponen, además, otras obras del fotógrafo procedentes de colecciones privadas. 

La muestra de Francesc Català-Roca (Valls, 1922-Barcelona, 1998) se enmarca en el contexto del primer centenario de su nacimiento. Considerado unánimemente como el gran maestro de su generación, constituyó el puente decisivo entre la vanguardia de la anteguerra representada por su padre Pere Català Pic (1889-1971) y la nueva vanguardia documental, que él mismo encabezó en la frontera de los años cuarenta y cincuenta. 

 Viaducto (Madrid), 1950.

                                     Red de San Luis (Madrid) 1957                                

Dueño de un sólido dominio de su oficio, que aprendió desde niño en el laboratorio familiar, heredó del padre, que fue quien lo introdujo en la fotografía,  su talento y la audacia formal para componer sus imágenes. Sus numerosos libros, que comenzó a publicar en los años cincuenta, muestran a un profesional riguroso, vanguardista del humanismo, que supo aunar un profundo conocimiento de la técnica y una inabarcable capacidad creativa, en una obra en la que parece primar el poderoso instinto visual, la vehemencia y la certera percepción de lo real sobre cualquier veleidad o voluntad de estilo. 

Sastrería (Barcelona) 1950

Con el tiempo, Català-Roca dirigió su mirada segura hacia los detalles decisivos de las cosas, con la pretensión de comunicar su propia visión de la realidad. Sólidamente instalado en las gradas de la certeza, siempre sintió una profunda seguridad en la validez de sus propias percepciones, y ésta fue probablemente la característica esencial de su fotografía; la que le permitió colocar la cámara en lugares nunca antes frecuentados y alcanzar la eficacia formal de sus prodigiosos picados y contrapicados, que aprendió a dominar desde niño. Una fotografía que marcó el definitivo final de la puerilidad tardopictorialista de aquellos años oscuros, que supo fijar como nadie en la edad eterna de sus fotografías, llenas de sabiduría y de humanidad. 

Positivo y Negativo (Sevilla), 1962

Català-Roca fue además inspiración para muchos de los fotógrafos que vinieron tras él y un absoluto referente en la fotografía documental. Es también el miembro más destacado de una saga familiar  de la que forman parte sus dos hijos, Francesc Català-Roca y Pere Català i Roca, así como su hermano Pere Català-Roca. Curiosamente no obtuvo el Premio Nacional de Fotografía, pero cuenta en su haber con el Premio Nacional de Artes Plásticas que otorga el Ministerio de Cultura, así como la medalla al mérito artístico y es que fue un hombre que convirtió la fotografía en arte. 

Dalí, 1953

Entreacto en el Liceo, 1955

El año pasado pudimos disfrutar de una amplia retrospectiva de su obra en la Sala el Águila, dentro del Festiva de PhotoEspaña. La muestra fue comisariada por Oliva María Rubio y tuvo una gran afluencia de público. En esta ocasión en Publio López Mondejar el encargado de hacernos llegar la obra de Català-Roca y aunque la exposición está reducida a poco más de una docena de obras, la sala no da para más, merece la pena acercarse a contemplar la cuidada selección que el también fotógrafo, fotohistoriador, periodista y académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando ha llevado a cabo. 

Estación de Francia, 1950

La muestra podrá visitarse hasta el 9 de julio y en breve se presentará el pequeño catálogo que la acompaña y que se suma a las anteriores publicaciones de Paco Gómez y Virgilio Vieitez. 

Tomás Marco Aragón, Publio López Mondéjar y Victor Nieto Alcaide

martes, 20 de diciembre de 2022

PROGRAMACIÓN EXPOSITIVA DE FUNDACIÓN MAPFRE PARA 2023

 

© Leonora Carrington

Fundación MAPFRE ha presentado hoy, 20 de diciembre, su programación cultural en Madrid y Barcelona para 2023. En total, organizará en sus salas doce exposiciones que muestran las obras de distintos artistas que ayudarán al visitante a tener una visión más completa del arte del siglo XX y buena parte del XXI, es el caso de los fotógrafos Anastasya Samoylova o Matthieu Pernot

El año comienza en Madrid con Leonora Carrington. Revelación y Facundo de Zuviría. Estampas porteñas que podrán visitarse en la Sala Recoletos (Paseo de Recoletos, 23) desde el 11 de febrero.

Leonora Carrington. Revelación, organizada en colaboración con el ARKEN Museum for Moderne Kunst de Dinamarca, constituye la primera retrospectiva consagrada a esta artista versátil y ecléctica que se celebra en España. Adelantada a su tiempo en su preocupación por la ecología y los derechos de la mujer, Carrington desarrolló un interés profundo por diversos temas, como la mitología celta, el mundo de la magia y lo oculto, la naturaleza —por la que siente un profundo respeto— y el mundo animal, la psicología, o el budismo tibetano; todos ellos asuntos que se reflejan en su pintura, dibujos, escultura y en los escritos que realizó a lo largo de toda su vida.

© Facundo de Zuviría

La exposición de Facundo de Zuviría concentra alrededor de 200 fotografías realizadas entre 1982 y 2022. El autor, uno de los más interesantes de la escena actual de la fotografía, lleva desarrollando su trabajo desde hace ya cuarenta años. Fruto de su infatigable deambular por la ciudad de Buenos Aires, sus imágenes ofrecen miradas originales y emblemáticas, en las que condensa los aspectos esenciales de la metrópolis argentina. El artista recorre sus barrios en busca de fragmentos que la recompongan, en una obsesión que le ha valido el apelativo de «cazador de imágenes».

© Anastasia Samoylova

Por su parte, en el Centro de fotografía KBr Barcelona se presentará, tras su paso por Madrid, la obra de Ilse Bing y la de la ganadora del I edición del KBr Photo Award, Anastasia Samoylova

A lo largo de su carrera Ilse Bing abordó una amplia variedad de temas. El proyecto incluye 190 fotografías y material documental que recorren en sentido cronológico toda su vida y obra: sus primeras imágenes, ancladas a la realidad, que realiza en su ciudad natal, Frankfurt; su viaje a París, donde se instala, recibe algunos de sus más importantes encargos para revistas como Regards Le Monde Illustré o L’Illustration y donde expone en algunas de sus galerías más importantes; el período en el que estuvo recluida en un campo de internamiento en los Pirineos debido a su matrimonio con el pianista Konrad Wolff, de origen judío; y, por último, su posterior exilio en Estados Unidos. Además, se proyectará el documental Drei Fotografinnen [Tres fotógrafas]: Ilse Bing.

© Ilse Bing

El proyecto ganador del premio de fotografía KBr, Image Cities de Anastasia Samoylova, está realizado en distintas ciudades del mundo y constituye un estudio visual de la integración cada vez más estrecha entre la imagen fotográfica y el entorno urbano. Samoylova analiza de cerca el papel que juega la fotografía en la creación de esta brecha ideológica entre una identidad urbana de la que se presume y la realidad que muestran.

© Louis Stettner

Una vez clausurada la exposición se podrá ver en las salas de Fundación MAPFRE en el Paseo de Recoletos.

Junto a la exposición de Samoylova, durante el verano en Madrid, se podrá disfrutar de la muestra sobre el estadounidense Louis Stettner, que dedicó casi setenta años de su vida a la fotografía. En 1947 el fotógrafo se trasladó a París, debido a la persecución de los intelectuales de izquierdas durante la era del macartismo. A caballo entre estas dos culturas, su trabajo, incorpora elementos de la Street photography y de la fotografía humanista francesa. Formado en la escuela neoyorquina de la Photo League, aprendió con Sid Grossman y fue un gran amigo de Weegee. En París, el joven fotógrafo conoció a Brassaï, que se convirtió en su mentor y le introdujo en la comunidad fotográfica parisina.

© Tina Modotti

Nacida en el norte de Italia, Tina Modotti emigró muy pronto a Estados Unidos, donde conoció, en 1923, a Edward Weston, que influirá notablemente en su trayectoria. En ese mismo año se trasladaron a México donde Modotti desarrolla, durante casi una década, un trabajo que parte del modernismo, pero que pronto será sustituido por una perspectiva diferente y personal, un modo distinto de ver la vida. Profundamente atraída por el ser humano, su sensibilidad social se desarrolló en paralelo a su militancia política y su activismo dentro del Partido Comunista, en cuyo seno conocerá a figuras de la intelectualidad mexicana como David Alfaro Siqueiros, Diego Rivera o Frida Kahlo.

La exposición Tina Modotti hace un recorrido por toda la trayectoria de esta autora y reúne el mayor conjunto de fotografías expuestas hasta el momento de su obra, además muestra una importante colección de documentos que dan constancia de su breve  e intensa vida.

© Jules Ainaud

Por su parte, Jules Ainaud, es un autor prácticamente desconocido hasta hoy, pues su obra se expone ciento cincuenta años después de que fuera contemplada por primera vez en Barcelona. Ainaud trabajó siempre para otro fotógrafo de mayor renombre, Jean Laurent que entre agosto de 1871 y julio de 1872 le encargó viajar por Cataluña para que fotografiara los monumentos y los paisajes de la región. La exposición se centra en este recorrido y trata de devolver a Ainuad el lugar que se debe ocupar dentro de la historia de la fotografía.

© Mathieu Pernot

Para finalizar, el año 2023, se abrirán en Madrid dos exposiciones. La primera, sobre el escultor Medardo Rosso, tiene como objetivo la recuperación de la memoria de este artista a través de la presentación de un centenar de obras entre esculturas, fotografías y dibujos, que responden a una visión muy alejada de las ideas de la época en la que fueron creadas y subrayan la importancia de su trabajo para la escultura del siglo XX. A Rosso se le ha clasificado tradicionalmente como un escultor impresionista por su interés en captar el momento fugaz pero la exposición muestra cómo su voluntad iba mucho más allá y que su obra desborda los límites de este movimiento y plantea aspectos fundamentales para el desarrollo de la escultura posterior. La modernidad de su obra se basa fundamentalmente en su radical concepción de la plástica escultórica como negación de la materia y en su voluntad de fusionar el objeto con el espacio que lo rodea.

© Medardo Rosso

La segunda exposición aborda el trabajo del fotógrafo francés Mathieu Pernot, uno de los autores más destacados del panorama actual. En sus fotografías, Pernot presenta motivos que tienen que ver con las minorías étnicas, los refugiados, la inmigración o las guerras, junto con otros relacionados con cuestiones más personales, y combina lo documental con enfoques ajenos a este género. El urbanismo de la periferia, la migración, el poder, los edificios de prisiones, los campos de internamiento generan una violencia y tensión que parecen convertirse, ellos mismos, en el tema de su trabajo. Todo aquello que se encuentra en los márgenes resulta de interés para este artista, en cuya obra a menudo se descubre a los mismos individuos fotografiados una y otra vez a lo largo de los años.

En Barcelona, el año se cerrará con William Eggleston, considerado el padre de la fotografía en color. A finales de la década de 1970 el artista logró que el medio fuera reconocido como modo de expresión digno de ser expuesto en las galerías de arte y los museos. Sus imágenes, en apariencia sencillas, resultan siempre atrayentes. Pertrechado con su Leica, reflejó los suburbios de Memphis utilizando películas en blanco y negro de 35 mm y alta sensibilidad, y ya desde entonces mostró un especial gusto por capturar restaurantes, interiores domésticos y personas enfrascadas en situaciones aparentemente triviales, e incluso banales.

© William Eggleston

La exposición William Eggleston está organizada por el C/O Berlín en colaboración con Fundación MAPFRE.

De forma paralela se podrá visitar una nueva edición de KBr Flama’23, proyecto que surge de la estrecha colaboración entre el centro de fotografía KBr Fundación MAPFRE y las instituciones Grisart, Idep Barcelona, IEFC y Elisava, Facultad de Diseño e Ingeniería de Barcelona con el objetivo de dar a conocer a las nuevas generaciones de fotógrafos.


miércoles, 14 de diciembre de 2022

ILUMINA MADRID, UNA EXPOSICIÓN EN TORNO AL MÍTICO CARTEL DE SCHWEEPS DE LA GRAN VÍA MADRILEÑA

 

© Carmenchu Alemán

Seguramente a vosotros también os habrá pasado, ir paseando por la Gran Vía y sentir la tentación de hacer una foto del luminoso que corona la cúpula del edificio Carrión, o edificio Capitol para la mayoría,  en la esquina de la Gran Vía con la calle Jacometrezo. Y a poco que llevarais una cámara o un móvil en el bolsillo la habréis hecho. Lo mismo le ha ocurrido a otros miles de personas, tanto si son vecinos del foro, como si han llegado a la capital desde otras ciudades españolas o incluso de otros países y por supuesto los fotógrafos profesionales no iban a ser menos. Por eso y aprovechando que el mítico cartel  ha cumplido 50 años de existencia, ayer se inauguró en el Espacio Cultural Serrería Belga (Alameda, 15), una emotiva exposición que permitirá descubrir a todo el que se quiera acercar hasta allí una selección de fotografías realizada por la comisaria de arte independiente Lucía Laín.

© Nicolás Muller

© Juan Pando Barrero

La muestra que es de entrada gratuita y de una duración bastante efímera  pues solo estará abierta hasta el día 20 de diciembre, está organizada por Schwepps y propone realizar un viaje emocional desde los años 50, antes de que estuviera instalado el actual neón, hasta nuestros días. Una manera de devolver a los madrileños y a todos sus visitantes el interés y los millones de fotografías que cada año se realizan a este icono que ya forma parte del paisaje protegido de la capital. Pero no sólo se trata del edificio en el que está enclavado el cartel, la mayor protagonista es la arteria que recorre la Gran Vía y que nos permite visualizarla desde distintas perspectivas y recrearnos en la vida que siempre ha tenido la avenida y en los cambios que se han ido produciendo a lo largo del tiempo. 

Equipo Europa Press

©Nicolás Muller

Para reflejar ese cambio de la ciudad y de sus residentes, la muestra se retrotrae a los años 50 —Schweppes comenzó a operar en España en 1957—, cuando todavía el neón no estaba instalado. En algunas de las imágenes puede verse otro cartel, el de la marca de cigarrillos Camel, cuando aún no estaban vetados los anuncios de tabaco y el vaquero de Malboro pululaba por las calles de Madrid. Estas imágenes, en blanco y negro, reflejan una Gran Vía bulliciosa, vibrante, llena de carteles de luz de sus locales. A medida que avanzan los años, las fotografías muestran una ciudad cada vez más moderna e imponente. El luminoso de Schweppes emerge en 1972 en la fachada del Carrión. Los años 80 son especialmente relevantes para esta arteria: la Movida Madrileña, un auténtico torbellino estético y cultural, toma la capital de España. De hecho, uno de sus iconos será el cineasta Pedro Almodóvar, quien aparece en una de las fotografías tomada por Jesús Peraita, junto a Fabio McNamara y Alaska. La exposición también recoge una secuencia de una de sus películas más famosas, La ley del deseo (1989). Seis años después tendría lugar la irrupción más conocida del luminoso de Schweppes en la gran pantalla con El Día de la bestia (1995), de Álex de la Iglesia: imposible no recordar a Santiago Segura, Álex Angulo y Armando de Razza colgando del neón en una escena que ya es historia del cine español.

© Roberto Arranz

Equipo Europa Press

Como podéis imaginar los nombres de los más prestigiosos fotógrafos firman las imágenes expuestas, desde las primeras tomas en los años 50 y 60 de Nicolás Muller, Juan Pando Barrero, Roberto Arranz, Cristóbal Portillo, Cesar Fraile, Martín Santos Yubero o el Equipo Europa Press, hasta las fotografías más actuales en las que no podía faltar una Gran Vía cubierta de nieve por la Filomena, realizada por Rafael Trapiello o las vistas desde la última planta del edificio del Corte Inglés de Callao que nos muestra Carmenchu Alemán. Entre medias un montón de nombres conocidos como Benito Román, Julio López Saguar, Leticia Felguerosos, Vicente Tofiño, Luis Vioque, Fernando Manso, Guillermo Armengol o el alemán Peter Witte. 

© Enrique Sanz de San Pedro

© Enrique Sanz de San Pedro

El neón de Schweppes lleva presidiendo la Gran Vía desde hace medio siglo. Fue el 5 de agosto de 1972 cuando Schweppes consiguió la licencia para colocar este enorme letrero en el edificio Carrión. Un mes más tarde, en septiembre, se instaló. El cartel está situado a 37 metros de altura, mide 10,65 x 9,36 metros y el conjunto del letrero alcanza los 600 kilos; lo integran 104 neones de colores: azul y amarillo para las letras, mientras que rosa, diferentes tonos de azul, rojo, amarillo y verde para el resto del letrero. Solamente dejó de brillar durante unas semanas en 2004, cuando tuvo que ser retirado por unos trabajos de remodelación y volvió con un nuevo aspecto: las letras pasaron a ser en minúscula y en otra tipografía diferente. Se trata, en cualquier caso, de un elemento que ya es parte fundamental del paisaje urbano, conformando uno de los rincones más buscados por los turistas. Tanto es así que fue declarado en 2010 como rótulo histórico por el Ayuntamiento de Madrid.

Foto de Sala

Foto de Sala

Lucía Laín © Conchita Meléndez

Me ha llamado la atención que entre tantas fotografías y fotógrafos nadie haya dedicado una sola imagen al otro cartel de Schwepps, el de la botella, situado en la esquina con San Bernardo desde 1966 y que a punto de desaparecer fue indultado por el Ayuntamiento en el año 2013 para dejar de existir definitivamente dos años después, en el 2015. Yo si conservo la imagen, para mí forma parte de mi infancia y no me gustaría perder ese recuerdo. 

© Conchita Meléndez





miércoles, 30 de noviembre de 2022

JUAN RODRÍGUEZ- 1992 – 2022

 

© Juan Rodríguez

Seguramente muchos de vosotros ya conocéis la Sala Minerva, esa diminuta y recoleta habitación que se encuentra en los bajos del Círculo de Bellas Artes y que a menudo nos depara interesantísimas sorpresas. Justo ahí es donde ayer se inauguró una preciosa exposición que recoge una serie de obras inéditas durante los últimos 30 años del fotógrafo gallego Juan Rodríguez. La muestra que podrá visitarse hasta el 8 de enero de 2023 de forma gratuita, lo que es de agradecer, nos presenta el trabajo más personal del autor de las tres últimas décadas con una mirada sensible a la presencia de la luz y al modo en que las formas materiales se funden con el espacio. 

© Juan Rodríguez

El eje que vertebra la exposición es una forma de ver y contemplar la arquitectura y muchas de las imágenes fueron captadas en algunos de sus viajes profesionales, en los que Juan siempre ha tratado de encontrar tiempo para una mirada más personal de los espacios que le rodean. Es por eso que muchas de sus imágenes están tomadas en movimiento en lugares tan dispares como Chicago, Portugal o España. 

© Juan Rodríguez

Juan Rodríguez empezó la carrera de arquitectura pero no llego a acabarla porque una cámara se cruzó en su camino y decidió cambiar las reglas, las escuadras y los compases por los rollos de película. Desde 1984 se dedica exclusivamente a la fotografía, si bien no ha dejado de estar ligado a la arquitectura que está casi siempre presente  en sus imágenes aunque no siempre de una manera directa. Además es editor de la revista ARCHIVES. 

© Juan Rodríguez

En su periplo como fotógrafo ha realizado también proyectos documentales y ha trabajado en el ámbito del retrato, la moda y la publicidad. Sus fotos son atemporales y no busca plasmar edificios claramente reconocibles sino que le interesan más esos edificios anónimos que por algún motivo llaman su atención, del mismo modo que en ocasiones incluye elementos humanos en sus composiciones pero que no son realmente protagonistas sino una parte más de la escena misma. 

Ninguna de las imágenes que se exhiben en la Sala Minerva ha sido producida expresamente para la exposición, todas pertenecen al archivo personal del autor y han sido ya expuestas en ocasiones anteriores pero no de forma conjunta. 

© Juan Rodríguez

La obra fotográfica de Juan Rodríguez es un vasto y amplio periplo que le lleva en un trayecto perpetuo de lugar en lugar, de ciudad en ciudad, de país en país. Es esencialmente la obra de una persona cuya vida se ha convertido en un viaje, la de alguien que se ha transformado en un nómada de la imagen y que, de forma incansable, trata de hacer tangible lo desconocido, de hacer evidente lo casual, de convertir en certeza lo espontáneo, de dotar de equilibrio el doloroso caos en el que el mundo se ha convertido. 
© Conchita Meléndez

© Conchita Meléndez

Juan Rodríguez es un buscador de imágenes capaz de transformar lo que hay a su alrededor en una visión diferente que altera la realidad, pero que dota al entorno de un halo de misterio, y como dirían los portugueses llena sus fotografías de saudades.

© Conchita Meléndez

Con motivo de la exposición se ha editado un libro diseñado por el estudio Desescribir, que tiene la voluntad de renovar la mirada sobra la obra de Juan Rodríguez. Una cuidada edición que recopila el trabajo más personal del autor. Las fotografías siempre son en blanco y negro y se entremezclan con textos y reflexiones de José Saramago, Álvaro Siza, Gertrud Schiele o Lee Fontanela, entre otros. 

miércoles, 16 de noviembre de 2022

GENEALOGÍAS DOCUMENTALES. EL MUSEO REINA SOFÍA EXPLORA LOS ANTECEDENTES DE LA FOTOGRAFÍA DOCUMENTAL ENTRE 1848 Y 1917

 


La exposición Genealogías documentales. Fotografía 1848-1917 explora, a través de siete salas, los antecedentes históricos de la fotografía documental entre las revoluciones comprendidas entre 1848 y 1917. Aunque el nacimiento del documental como género artístico propiamente dicho sea un producto de la década de 1920, el comisario de la muestra, Jorge Ribalta, indica que “retrospectivamente, se puede afirmar que la función documental es tan antigua como la fotografía misma”.

De hecho, a lo largo del siglo XIX la fotografía, fue utilizada extensamente por la burguesía, no cabe duda de que la fotografía en sus inicios es un monopolio del estado y las clases dominantes a pesar de haber nacido con fines democráticos, pero también es cierto que propició un vasto campo de imágenes fotográficas con una vocación temprana de reportaje o documentación.


La investigación desarrollada en esta exposición cierra un ciclo iniciado en el Museo Reina Sofía en 2010, con la muestra sobre el movimiento de la fotografía obrera del periodo de entreguerras Una luz dura, sin compasión. El movimiento de la fotografía obrera, 1926-1939 y continuado en 2015 con Aún no. Sobre la reinvención del documental y la crítica de la modernidad, que abordó la reinvención del documental en los años setenta. Posteriormente, en 2018, la retrospectiva Marc Pataut. Primeras tentativas, sobre su trabajo realizado en la región parisina en la década de 1990 durante el surgimiento del movimiento altermundialista, fue un breve epílogo a este ciclo que, en su conjunto, ha buscado ofrecer un relato alternativo de la configuración y evolución del discurso documental en la historia de la fotografía, a partir del estudio de casos en momentos decisivos del siglo XX.

La muestra reúne más de 500 obras -entre fotos de todo tipo, álbumes, publicaciones y daguerrotipos- con temáticas relacionadas, entre otros aspectos, con las clases proletarias, las reformas urbanísticas de la época, las revueltas populares o los proyectos de denuncia social surgidos en el periodo que abarca la exposición. Muchas de ellas proceden de importantes museos e instituciones internacionales.



En las diferentes secciones del recorrido se exhiben imágenes de individuos en actitudes corrientes, sin la aspiración conmemorativa de la alta retratística burguesa. Son representaciones de tipos populares, de clases proletarias urbanas o de trabajadores en sus puestos: los personajes andaluces de Robert P. Napper, los callejeros del París de Charles Nègre, la serie de pescadores de Newhaven de Adamson y Hill, o las fotografías de mineros de George Bretz y de la multitud de obreros del Canal de Isabel II, en vistas tomadas por Charles Clifford.

Las ciudades y las grandes reformas urbanísticas del momento fueron captadas también por la fotografía naciente. La exposición incluye, por ejemplo, las tomas que, de Viena, hizo Ferdinand Ritter von Staudenheim; el París de Charles Marville; las obras de la Via Laietana de Barcelona, etc.



Otra de las grandes cuestiones que la cámara fotográfica se ocupó de registrar fueron los eventos de reforma y revuelta. Fue así en 1848, momento revolucionario del que subsisten algunos daguerrotipos; y más adelante durante la Comuna de París de 1871, en la Semana Trágica de 1909 en Barcelona o en las revoluciones rusas de 1905 y 1917.

Genealogías documentales atiende igualmente a los usos más directamente instrumentales de la fotografía: por una parte, el proyecto de denuncia social de Lewis Hine en contra del trabajo infantil, en la década de 1910; por otro, las fotografías empleadas con pretensión de descripción supuestamente objetiva en las disciplinas de la antropología y la criminología, así como en el diagnóstico médico. Se presentan, entre otros, los trabajos criminológicos de Alphonse Bertillon, la fotografía asociada a las teorías clínicas del doctor J.M. Charcot, y obras etnográficas como las de Bronisław Malinowski.



La exposición inicia su recorrido mostrando la vida cotidiana de la clase trabajadora para atestiguar que ya desde la década de 1840 la fotografía documental era algo latente. Ejemplo de ello son el limpiabotas captado en una de las primeras placas de Louis Daguerre (1838, Boulevard du Temple de París) o las fotografías tempranas de Henry Fox Talbot con escenas de trabajadores de la construcción o de carpinteros.

La segunda sala de la exposición se ocupa de la década de 1850, cuando las campañas de los monumentos nacionales, como la Misión Heliográfica en Francia, constituyen uno de los impulsos emblemáticos del ascenso de la fotografía. También es el momento de la revolución tecnológica en el campo de la fotografía, con la combinación de negativo al colodión y positivado a la albúmina, que dio paso a la multiplicidad fotográfica.


Junto a los trabajos de Charles Clifford en su seguimiento de los viajes de la reina Isabel II en España en forma de álbum y sus recorridos por la geografía monumental española, en este espacio se muestra el que es, posiblemente, el primer corpus representativo de la clase trabajadora en la historia de la fotografía: el estudio de la comunidad de pescadores en Newhaven, Escocia, un gran conjunto de calotipos realizados por David Octavius Hill y Robert Adamson hacia 1845, así como las fotografías, en la década de 1850, de Charles Nègre en París o de John Thomson en el Londres de la década de 1870, publicadas después en el libro Street Life in London.



La cuarta sala de la muestra se detiene en la publicidad fotográfica de la nueva producción industrial y las obras de ingeniería e infraestructura de la época. 

En las últimas décadas del siglo XIX la fotografía también se utilizó en los ámbitos médico y judicial. La Guerra Civil americana produjo un notable corpus de fotografía anatómica y diversos catálogos de heridos y amputados, así como de fallecidos. Estas prácticas son simultáneas del comienzo del uso policial y judicial de la fotografía y de la estandarización de los métodos modernos de identificación fotográfica, a partir de la actividad de Alphonse Bertillon en Francia, o Francis Galton en Inglaterra.  

Jorge Ribalta y Manuel Borja-Villel

El itinerario de la exposición se cierra con la revolución como protagonista, aunque en este caso con la Comuna de París de 1871, primer experimento de autogobierno popular y mítico en la cultura del movimiento obrero que generó un gran corpus fotográfico y que sería ejemplo iconográfico para las revoluciones rusas de 1905 y de 1917, en donde también aparecen por primera vez las masas movilizadas, o en la Semana Trágica barcelonesa de 1909.