miércoles, 16 de septiembre de 2020

‘Danny Lyon. La destrucción del Bajo Manhattan’. Retrato agonizante de una ciudad.

 

 

A mediados de la década de los sesenta, Danny Lyon establece su residencia en el número 39 de la calle Beckam, en el West Side Neoyorkino e inmediatamente es consciente de lo que está ocurriendo a su alrededor. La autoridades portuarias hicieron efectivo el derecho de dominio que tenían sobre los terrenos delimitados por el Washington Market y sus zonas limítrofes hasta el acceso al puente de Brooklyn, desahuciando a todo el mundo y arrasando la totalidad de  la zona. Lyon decidió documentar este hecho y tras conseguir una beca del New York State Council of the Arts comenzó a trabajar en el proyecto.

 

El resultado final, ‘La destrucción del Bajo Manhattan’, es uno de los más importantes ensayos fotográficos del siglo XX con la ciudad como centro de atención. En él Danny Lyon documenta la demolición de 24 hectáreas de edificios del centro histórico de Nueva York que, mayoritariamente construidos en el siglo XIX, debían dejar sitio, entre otros, al nuevo World Trade Center. Un complejo que, por circunstancias completamente diferentes, también sería destruido tan solo treinta años después. Este trabajo es también un recuerdo de lo que fue, de las casas, de sus habitantes, de un lugar único con más de un siglo de historia que nunca más volvería.


Aunque la mayor parte de las fotografías que contiene el proyecto son edificios, el trabajo realizado por Lyon es también un retrato de las personas que vivieron allí, las habitaciones vacías la mayor parte de las veces, pero otras con objetos olvidados o simplemente dejados allí por sus antiguos inquilinos, los dibujos infantiles, los muebles, las maltrechas escaleras, todo ello ayuda a comprender como debió de ser la vida de aquellas personas. Y aunque en un principio tuvo algunos problemas para congeniar con los obreros, muchos de ellos veteranos de la primera guerra mundial y que no comprendían porque un hombre joven como él se dedicaba a hacer fotos en lugar de estar luchando en la guerra de Vietnam, finalmente consiguió llegar a un mutuo respeto con ellos e incluso a fotografiarlos durante la dura labor de demolición, que en su mayor parte se realizó a mano, o en los descansos realizados por éstos. 

 


La exposición que nos muestra ahora el Museo ICO dentro del programa de PHotoEspaña 2020, y en la que el propio Lyon ejerce de comisario, reúne 76 fotografías de gran belleza y valor documental tomadas en torno al Puente de Brooklyn, Washington Market y la Calle West. Un recuerdo de lo que fue el Bajo Manhattan hasta su demolición en 1967, un lugar único que nunca más volvería a existir, con edificios que, en algunos casos, se remontaban a la Guerra de Secesión.

 

Las fotografías son, sin pretenderlo, el reflejo de un debate urbanístico que comenzó en 1960 y que aún está sin resolver. La constatación de la dualidad de pensamiento entre quienes abogan por una ciudad amable y tranquila, con costumbres de barrio arraigadas, con gente por la calle, niños jugando y pequeños comercios (Jane Jacobs) y, por otro lado, quienes propugnan una renovación urbana más especulativa, con edificios modernos y una infraestructura potente para facilitar el uso del automóvil, que cambia por completo el concepto urbano (Robert Moses). 


El autor, impresionado por la destrucción completa de una de las esencias neoyorquinas, reflexionó sobre el valor emocional que tenían esas construcciones y anotó en un cuaderno vació que encontró en uno de los edificios y que siempre llevaba consigo las siguientes palabras: “Observo los edificios como si fueran fósiles de un tiempo pasado. Estos edificios ya eran utilizados durante la Guerra de Secesión. Sus habitantes han muerto, pero los edificios siguen aquí, olvidados mientras la ciudad crece a su alrededor.”

 

el Museo ICO muestra al completo ‘La Destrucción del Bajo Manhattan’ y publica, en colaboración con Aperture, la edición facsímil en español de una obra fundamental que, como pocas antes y después, ha sabido captar la esencia de una ciudad que desaparecía, de su arquitectura y de sus últimos habitantes. Un libro que, publicado originalmente por The Macmillan Company en 1969, se convirtió en una obra de culto y en un objeto de coleccionista.

La exposición se completa con la serie ‘Un álbum: Europa, verano de 1959’, una selección de 24 fotografías inéditas y nunca antes expuestas, las primeras de su carrera, tomadas por Danny Lyon con una Exa de 35 mm. durante un viaje a Europa con su hermano. Entre ellas hay varias realizadas en España.

 

La muestra se podrá visitar del 16 de septiembre de 2020 al 17 de enero de 2021 en el Museo ICO, situado en la calle Zorrilla, 3, de Madrid. El horario de visitas es de martes a sábado, de 11 a 20 horas. Domingos y festivos, de 10 a 14. Todos los lunes, el 25 de diciembre y el 1 de enero, el Museo permanecerá cerrado. La entrada es gratuita.

Todas las fotografías de este artículo llevan © Danny Lyon 



viernes, 11 de septiembre de 2020

BARCELONA FOTÒGRAFES / FOTOGRAFAS, UN LIBRO QUE REIVINDICA EL PAPEL DE LAS MUJERES FOTÓGRAFAS EN LA BARCELONA DEL SIGLO XX

Milagros Caturla Soriano, Matutina

El Ayuntamiento  de   Barcelona  y  La  Fábrica   publican,  en edición  bilingüe,  Barcelona. Fotògrafes/Fotógrafas,  de   Isabel  Segura, con prólogo de Laia Abril,  publicación  que   tiene  por   objeto  ayudar a reescribir la historia y dar voz a las mujeres fotógrafas, testigos de primera mano de grandes acontecimientos históricos que  han conformado y conforman la vida de la ciudad.

 

Barcelona.  Fotògrafes/Fotógrafas, es una crónica  de  la ciudad que  recorre tres  períodos trascendentales: desde el inicio de la década de los años  treinta, con la proclamación de la II República; el estallido de la Guerra Civil y la represión social  impuesta por  la dictadura franquista, así como los años  posteriores con los primeros movimientos sociales reivindicativos, hasta  finales del siglo XX.

 

Es el primer libro que reconstruye la historia  de la ciudad a través de la mirada de 21 mujeres fotógrafas, poniéndolas en relación, y explorando la narrativa  urbana que con sus imágenes han  contribuido  a construir. Mujeres  como Margaret Michaelis  y sus  fotografías  sobre el barrio de San Andrés;  Dora Maar, que  retrató las campesinas en las plazas de los mercados, o Kati Horna  y su testimonio sobre una ciudad en guerra; Pilar Aymerich,  que  fotografió el tiempo de la censura; Carme Garcia,  fotógrafa desde las azoteas o  Colita,  directora  de fotografía de la revista  Vindicación Feminista, entre otras.  En definitiva "Son fotógrafas, sin etiquetas, que  quieren contar historias  y hacerlas públicas".

 

 Anna Turbau, Mercado1998

El libro, que reúne imágenes desde la proclamación de la II República hasta la actualidad, incluyendo, por supuesto, la Guerra Civil Española y la represión social durante los años del franquismo, cuenta con imágenes de Pilar Aymerich, Consuelo Bautista, Joana Biarnés, Anna Boyé, Milagros Caturla Soriano, Colita, Silvia T. Colmenero, Carme García Padrosa, Kati Horna, Dora Maar, Roser Martínez Rochina, Anna María Martínez Sagi, Margaret Michaelis, Marta Povo, Guillermina Puig, Marta Sentis, Rosa Szücs del Olmo, Gerda Taro, Anna Turbau, Montserrat Vidal i Barranquer y Pilar Villarrazo.

 

Barcelona se internacionaliza con la fotografía a partir de los años treinta. Los cambios sociales, políticos y demográficos de la época hicieron de la ciudad un destino interesante para las fotógrafas que participaban de las corrientes más innovadoras. Unas llegaron para quedarse, y se instalaron en sus barrios; otras, vivieron y desarrollaron su carrera allí, y otras estaban de paso y descubrieron un lugar en el que poder trabajar. Pero todas las mujeres fotógrafas que retrataron sus calles y su gente contribuyeron a crear la imagen de una Barcelona moderna y cosmopolita.

 

Consuelo Bautista, Contruccion de la Torre Mapfre 1990

La situación política que vive la ciudad de Barcelona con la proclamación de la II República, en 1931, y el consiguiente cambio social, la convierte en un periodo muy intenso informativamente. En esta década, Barcelona tiene un millón de habitantes, es una ciudad diversa, de acogida, una ciudad en proceso de cambio, tanto cultural –con una apuesta firme por la cultura como herramienta de transformación social– como urbanístico y político. "Son cambios que reconocen la voluntad de diversos colectivos de transformar las relaciones entre la ciudadanía y las instituciones públicas, y también las relaciones entre hombres y mujeres. En definitiva, son cambios que quieren explorar nuevas maneras de vivir tanto colectiva como individualmente, lejos de las viejas y obsoletas políticas y de los antiguos arquetipos", señala Isabel Segura.

Dora Maar, Hombre con cartel en La Rambla 1934

En Europa el auge del nazismo impulsa a algunas creadoras a buscar cobijo en Barcelona, ​​a la vez que otras creadoras europeas llegarán a la ciudad para conocer los cambios políticos de primera mano. Margaret Michaellis centrará gran parte de su trabajo en el barrio del Raval y captará la sensibilidad de un barrio marginal –como el caso de Rosita, una trabajadora sexual-, un barrio rechazado por los urbanistas que trabajan para la transformación de la ciudad, el movimiento arquitectónico del GATCPAC, con el que Michaellis colaborará estrechamente. También será la encargada de hacer el seguimiento para la contratación del conjunto residencial de la Casa Obrera, espacio con el que se pretendía poner en relación la vivienda con los servicios y las necesidades sociales reales de la clase obrera dotándolo, además, de nuevos programas educativos. Esta transformación social permanecerá bajo el relato fotográfico de Margaret Michaellis: “Se establecía que la vivienda obrera debía estar en zonas urbanizadas y bien comunicadas, un principio radicalmente distinto del que se había aplicado en las casas baratas construidas por la dictadura en las periferias incomunicadas, que dificultaban el acceso al trabajo remunerado y a cualquier servicio urbano”, explica la autora.


Dora Maar, Le simulateur 1936

Por su parte Dora Maar será la fotógrafa de la ciudad, desde la montaña y desde el mar, desde el Park Güell hasta el mercado de la Boquería, fotógrafa de la vida cotidiana y testimonio de la diversidad de Barcelona.

 

El 19 de julio del año 36, con el golpe de estado producido en diversas ciudades contra el régimen republicano, estalla la Guerra Civil. Esta contienda provocará la llegada de periodistas y fotógrafos de todo el mundo y será el primer conflicto armado con cobertura mediática. Gerda Taro y su compañero Endre Ernö Friedmann –con quien trabajará, y conjuntamente firmarán sus imágenes con el nombre de Robert Capa–, y Kati Horna, estarán entre los principales profesionales de la fotografía que cubrirán el conflicto bélico. Tal como narra Isabel Segura, "la Barcelona de Gerda Taro es todavía una ciudad esperanzada que confía en la organización popular para detener rápidamente a los golpistas. El Comité Central de Milicias Antifascistas de Cataluña organiza las milicias obreras y las columnas que van hacia los frentes de Aragón y de Madrid".

 

Anna María Martínez Sagi, atleta y periodista, quiere alistarse en las milicias antifascistas que se dirigen hacia Zaragoza y se une como reportera a la Columna Durruti, desde donde publicará a lo largo de un mes crónicas gráficas en las principales cabeceras, fotos desde primera línea del frente y del día a día de los milicianos.

Dora Maar, Somorrostro 1934

En octubre de 1936 se crea el Comisariado de Propaganda de la Generalitat de Catalunya, una comisión indispensable para poder dar a conocer el conflicto internacionalmente, facilitando el acceso a redactores y fotógrafos extranjeros. A principios de 1938 Kati Horna vuelve a Barcelona y será testigo de los bombardeos que sufre la ciudad, especialmente los del 16, 17 y 18 de marzo. "Las imágenes de Kati Horna, aquel mes de marzo de 1938, testimonian la masacre colectiva que sufrió la ciudad: edificios derrumbados, escombros y más escombros. No fotografía ninguna persona muerta. Sí que muestra un perro, como símbolo de la brutalidad", comenta la autora.

 

Carme Garcia Pedrosa, artista y amante de la fotografía, inicia su trayectoria en los años treinta, pero una vez acabada la guerra y con las tropas franquistas ocupando  la ciudad, el panorama es desolador y los sueños se desvanecen. La subsistencia es el primer objetivo. La actividad social y cultural en la calle desaparece y se sustituye por actos como la quema de libros. Garcia Pedrosa esconde su máquina.

 

Entre las innumerables acciones de represión, el Instituto de la Mujer y la Biblioteca popular, la primera biblioteca pública de mujeres de Europa creada en 1909, pasa a manos de la Sección Femenina de la Falange Española y de las JONS, y "se depura siguiendo órdenes del nuevo régimen. Se dan de baja 3.782 libros y así se hace constar en los papeles. Y, para evitar que sean quemados, también se esconden detrás de una falsa pared cientos y cientos de libros del fondo antiguo de la biblioteca.”

Margaret Michaelis, Albañil haciendo un revolton en la Casa Bloc, septiembre 1934

El papel de la mujer queda relegado a ejercer "labores del hogar", dedicándose íntegramente a la familia y prácticamente sin derecho a pensar y a expresar, pero estas mujeres creadoras trabajarán para poder explicar todo lo que sucede en la ciudad, como es el caso de Montserrat Vidal y Barraquer, que quiere mostrar la Barcelona derribada y, en palabras de Isabel Segura, "sin duda, es la fotógrafa que capta con más intensidad el vacío de la Barcelona de posguerra". Las calles están vacías y la vida se traslada a las azoteas de las casas, la azotea será el observatorio de la ciudad, y Carme Garcia explicará a través de sus fotografías, el día a día de unas vidas escondidas.

 

A finales de la década de los cincuenta, dentro de la Agrupació Fotogràfica de Catalunya, se constituye el Grupo Femenino, pero sin poder profesionalizarse como fotógrafas: “Existía una especie de consenso tácito, un pacto social no explícito, que excluía a las mujeres del mundo de la formación y de la creación cultural. Las mujeres eran conscientes de que el acceso a la profesionalización era prácticamente imposible a causa del contexto social y también a causa de un entorno familiar en el que las actividades artísticas estaban permitidas siempre que se mantuvieran como hobby y no se pretendiera llevarlas más allá.” Rosa Szücs fue una de las fotógrafas más reivindicativa y comprometida en defender los derechos de la mujer.

Margaret Michaelis, Niños jugando en la calle 1932

Roser Martínez Rochina, entrevistadora y fotógrafa, sitúa parte de su obra en las antiguas fábricas textiles, alimentarias y de automoción, del barrio del Poblenou, así como en las casas centenarias. La ciudad también crece, de este a oeste. Se inicia un periodo de construcción acelerado, de iniciativa pública pero también, y en mayor grado, privada. Los arquitectos llaman a los fotógrafos para captar esta evolución de la ciudad. Las mujeres fotógrafas no estarán invitadas, pero ellas irán igualmente, como es el caso de Carmen García. Estamos en la década de los sesenta y setenta.

 

La obra fotográfica de estas mujeres no aparecerá en el circuito natural, como son las publicaciones diarias, su divulgación se hará a través de publicaciones especializadas. La primera reportera fotográfica de este periodo fue Joana Biarnés, pero a pesar de trabajar para el diario El pueblo de Madrid, los prejuicios hacia las mujeres no le hicieron fácil desarrollar su tarea.

 

El año 68, que pasó a la historia como el año de las grandes reivindicaciones sociales, con manifestaciones contra la guerra de Vietnam y a favor de los derechos civiles en Estados Unidos, los movimientos contra la invasión soviética de Praga, Mayo del 68 en París, y las huelgas y los conflictos en los centros universitarios e industriales de Asturias, Barcelona, ​​País Vasco y Madrid, esta inestabilidad social y política provocó la declaración del estado de excepción en el Estado, en 1969. De nuevo se silencia la libertad de expresión. Barcelona no será menos y, además de encontrarse en un proceso en el que se debe redefinir identitariamente, se añade el conflicto político, urbanístico, laboral y vecinal. Barcelona es ahora una ciudad desigual, tanto social como urbanísticamente.

 Montserrat Vidal i Barraquer, Interior de la estacion de Francia de Barcelona,  abril-mayo 1944

La fotografía también dejará testimonio de estas diferencias: "Las fotógrafas dieron visibilidad a los ciudadanos que exigían participar en la construcción de una ciudad democrática y moderna. Fueron testimonio gráfico de aquellos movimientos sociales y políticos y practicaron una fotografía documental con un claro compromiso político que muestra las calles como un espacio común donde se hace visible la voluntad de construir una nueva ciudad." Explica Segura.

 

Pilar Villarrazo, deja atrás el Montjuïc de la Exposición Internacional para adentrarse en el Montjuïc marginal, el de las barracas, o enel barrio de Can Clos, construido en tan sólo 28 días para acoger a los desalojados de la Diagonal, debido al Congreso eucarístico de 1952. Regresará una segunda vez a Montjuïc, con Manuel Vázquez Montalbán. Ambos plantean un debate sobre la concepción de la ciudad a partir de dos tendencias, " la de los urbanistas del siglo XIX, que habían apostado por una ciudad compacta con una mezcla de usos, y la de los contemporáneos que, a remolque de los principios establecidos por el CIAM (Congreso Internacional de Arquitectura Moderna), optan por una ciudad funcional con una fuerte especialización espacial”.

 

En la nueva Barcelona se construyen miles de viviendas, zonas residenciales en polígonos situados al este de la ciudad, sin servicios, sin escuelas, sin tiendas, sin transporte. Esta tendencia traspasa más allá de la ciudad a poblaciones vecinas. Comienza la especulación, la construcción masiva y sin control, pero por otro lado también se da otro fenómeno, el abandono de los territorios agrícolas.

 

Mientras se levanta esta Barcelona de construcción indiscriminada, irrumpe el movimiento feminista, y en mayo de 1976 se celebran en Barcelona las Jornadas Catalanas de la Mujer, en el Paraninfo de la Universidad de Barcelona ​​con la asistencia de más de cuatro mil mujeres, como muestra de protesta y en contra del modelo de femineidad preestablecido. Tres días de debate y de protesta que quedaron grabados en la cámara de Pilar Aymerich. Estas jornadas permitirían hablar libremente a las mujeres, debatir sobre la opresión del hombre sobre la mujer, los abusos y la división sexual del trabajo. Varias iniciativas surgirían a partir de las Jornadas, como la revista Vindicación Feminista, bajo la dirección fotográfica de Colita. "Vindicación Feminista combina el lenguaje con la imagen cargada de contenido político. Hay una transitabilidad del ámbito verbal a lo visual. La revista busca estrategias visuales complejas y narrativas de representación", apunta Segura. La aparición de esta cabecera marcará un punto de inflexión con respecto a las publicaciones dirigidas a mujeres.

 

Margaret Michaelis, Mujer delante de la estacion de Francia 1932

Se crearán nuevos proyectos feministas que servirán para romper con los estereotipos establecidos. Colita y Maria Aurèlia Capmany publicarán el libro Antifémina. Se inaugura el bar-biblioteca Sal, donde se presentarán libros. El movimiento feminista en Barcelona se vinculará a la lectura y al debate. Y la fotografía será un elemento cultural indispensable para dejar testimonio de la efervescencia de estos movimientos sociales por parte de diferentes colectivos. Pero también políticos, huelgas y manifestaciones reivindicativas de todos los sectores por las calles de Barcelona ​​que terminarán con la huelga general del 12 de noviembre del 76, contra las medidas de ajuste laboral y económico del gobierno de Adolfo Suárez, y también a favor de la amnistía y las libertades democráticas, hechos inmortalizados por las cámaras de Colita, Pilar Aymerich, Anna Turbau y Guillermina Puig.

 

Marta Sentís pasea por la Barcelona del Eixample y de la Diagonal, donde emerge la nueva Barcelona arquitectónica, pero su interés se centrará en la vida cotidiana, la parte más humana de la ciudad. Por otra parte, así como Maragert Michaella fotografió el Raval de los años treinta, Anna Turbau lo hace en los años setenta. Entre las fotografías de ambas, el barrio no ha cambiado, no ha habido intervención urbanística en el barrio de las casas fábrica que ahora son viviendas. Para Anna Boyé el interés está en la diversidad también del barrio del Raval, tanto en el exterior como en el interior de las casas. Consuelo Bautista, dará voz a los suburbios a través de la fotografía, y retratará la diversidad, centrando su obra en las migraciones: "Del Raval a la Mina y a la Perona, una geografía humana de Barcelona que a menudo se excluía de los imaginarios urbanos y que los medios también habían estigmatizado. Durante años, la fotografía había contribuido a fabricar la idea del suburbio, una construcción fotográfica y simbólica que se había quedado definida como paisaje de excepción”, explica Isabel Segura.

 

En definitiva "Son fotógrafos, sin etiquetas, que quieren contar historias y hacerlas públicas", mujeres creadoras que contribuyeron a dar una nueva imagen de la ciudad y a la construcción de un nuevo relato de gran valor patrimonial.

 

El martes 15 de septiembre, a las 18h. tendrá lugar la presentación online del libro a través de Youtube. Participarán Isabel Segura, historiadora y autora del libro, y las fotógrafas Pilar Aymerich y Colita, con la presencia de  Ada Colau,  Alcaldesa de  Barcelona.