LA MIRADA FOTOGRÁFICA
miércoles, 1 de mayo de 2013
Ania Blazejewska
No sé si será por el rebrote invernal que estamos teniendo pero hoy necesitaba poner un poco de color en mi vida y en el blog. ¿Y que hay mejor para poner ese tono de color que una buena fotografía de viajes? Y ya puestos, mejor ciento que una, o antes muerta que sencilla, que dice el dicho. O sea que voy a alegraros el día con las imágenes de Ania Blazejewska, que para el que tenga tiempo y se decida a entrar en su web puede ser más de un día, ya que esta fotógrafa tiene un archivo bastante extenso y que merece la pena visionar con detenimiento.
Ania Blazejewska es una fotógrafa freelance de origen polaco que actualmente tiene su residencia en Manila, Filipinas, pero que ha recorrido buena parte de Asia y África para desarrollar un impresionante porfolio repleto de retratos, paisajes, estilos de vida, tradiciones y todo aquello que conforma la fotografía de viajes.
Ania, que está graduada en ciencias políticas, siente un gran interés por explorar los temas culturales y sociales que reúnen las comunidades que visita. El trasfondo humano de la gente común, sus historias, el devenir de cada día en sus vidas, el impacto de las costumbres ancestrales que definen a un pueblo, forman parte del legado que la fotógrafa nos transmite.
Yo conocí el trabajo de Ania Blazejewska hace tiempo por casualidad, creo que fue a través de flickr. No se si entonces ya se dedicaba profesionalmente a la fotografía, pero sus fotos me impresionaron lo bastante como para hacer un seguimiento del mismo cada cierto tiempo. A día de hoy en que sus imágenes se han publicado en diversos medios y ha sido galardonada con varios premios, puedo confirmar que no me equivocaba al estimar que merecía la pena conocer su obra. Sin duda el tiempo ha ido puliendo su estilo y dotando a su obra de una mayor calidad, prueba de ellos son los magníficos reportajes realizados este mismo año en Filipinas, sobre el Festival Cultural de Aliwan y sobre los Flagelantes de Infanta, algunas de cuyas imágenes podréis ver en su página de facebook.
http://www.aniablazejewska.com/
https://www.facebook.com/aniablazejewskaphotography?fref=ts
lunes, 15 de abril de 2013
Flor Garduño
Dado que los libros de fotografía son caros, de vez en cuando me gusta pasarme por algunas librerías en las que se, que si hay suerte, puedo encontrar alguna joya escondida entre sus anaqueles a un precio reducido y asequible. Uno de esos lugares es La Fugitiva, una librería situada en la calle Santa Isabel de Madrid en la que además puedo aprovechar para tomarme un café o una infusión sentada a una de sus mesas mientras me regocijo repasando libros.
La semana pasada me acerqué por allí y la diosa fortuna me sonrió. Conseguí dos excelentes libros, "Brasil", de Schommer y "Testigos del Tiempo", de Flor Garduño. Ambos contienen trabajos maravillosos y he disfrutado muchísimo pudiendo añadirlos a mi biblioteca.
Hacía tiempo que me apetecía hablar de Flor Garduño porque creo que es una fotógrafa con una gran sensibilidad. Sin duda es una de las autoras contemporáneas más importantes de hispano américa y su trabajo ha sido reconocido en todo el mundo. Nacida en la Ciudad de México en 1957, a la edad de cinco años se mudo con su familia a una granja en la que paso su infancia y parte de su adolescencia. El contacto con la naturaleza y también con los animales sin duda han influenciado su forma de entender la vida y sus imágenes.
Flor Garduño realizó estudios de Artes Plásticas en la Antigua Academia de San Carlos, de la UNAM, donde asistió a un taller de fotografía de de la maestra Kati Horna. La personalidad de la fotógrafa húngara y sus imágenes mágicas y expresivas causaron una profunda impresión en Flor, que hasta ese momento había enfocado su trabajo en la búsqueda de los aspectos estructurales de la forma y el espacio.
En 1979 abandona sus estudios para trabajar como asistente de Manuel Álvarez Bravo, uno de los más prestigiosos fotógrafos mexicanos. Con él aprendió todas las artes del laboratorio y la composición y también a mirar más allá de lo evidente.
Más tarde ingresa en la Secretaría de Educación Pública, bajo la dirección de la fotógrafa Mariana Yampolsky y empieza a visitar zonas rurales. Este trabajo le dio la oportunidad de recorrer el país y conocer la vida de los pueblos indígenas, así como a empezar a consolidar un estilo propio. El libro "Testigos del Tiempo", está basado en esos viajes, en los que a través de los elementos luminosos de su fotografía se hacen presentes los horizontes, los elementos de la tierra y también el tiempo, tanto el pasado como el presente y el que aún está por llegar.
Sin embargo este no fue el primer libro publicado por la autora. Con anterioridad, en 1985, alentada por el entusiasmo y el apoyo editorial del pintor Francisco Toledo, había publicado su primer libro, "Magia del Juego Eterno", y en 1987 publicó "Bestiarium", una colección de imágenes basadas en la creencia de que los hombres venimos al mundo con un animal hermano, una criatura doble, un gemelo en el bosque. La suerte del recién nacido estará ligada toda su vida con la buena bestia o la mala fiera que le corresponda.
Otro de los trabajos recurrentes de Flor Garduño ha sido el del cuerpo de la mujer. Sus desnudos femeninos, dotados de una luz especial, están casi siempre en perfecta comunión con la naturaleza, que a la vez los arropa y los define.
Flor Garduño ha participado en numerosas exposiciones individuales y colectivas y su obra se encuentra en las colecciones de algunos de los museos más importantes del mundo; el Museo de Arte Moderno de Nueva York, el de Israel, el Art Institute of Chicago y el Museo de Arte Fuji de Tokio, son algunos de ellos.
http://www.florgarduno.com/presentation_02.html
lunes, 1 de abril de 2013
Paco Elvira
Hoy es un día triste para el gremio de la fotografía en nuestro país. Siempre que cae un compañero lo es. A veces nos encontramos en los periódicos o en la televisión con noticias que nos dicen que algún fotoreportero ha sido herido o ha fallecido cuando cubría algún conflicto armado en algún país extraño al de su origen o su hogar y eso nos entristece, nos llena de rabia y de dolor.
Esta vez no ha habido balas de por medio, un fortuito y desgraciado accidente se ha llevado a uno de los más reputados fotoperiodistas españoles. Y no es que no hubiera tentado veces a la parca porque Paco Elvira había sido testigo de primera mano en algunos de los acontecimientos más importantes de las últimas décadas. El alzamiento popular en Portugal, la guerra de los Balcanes o el conflicto de Irlanda del Norte fueron algunos de los hechos que presenció y de los que informó en su periplo como reportero.
También estuvo presente y fotografió la lucha universitaria en los últimos años del franquismo y los problemas sociales que acuciaron a los mineros o a los jornaleros andaluces durante la época de la transición. Sus reportajes para el periódico El Mundo o la revista Interviú, abarcaron temas como el del envenenamiento por aceite de colza, la reconversión industrial o el conflicto de ETA.
Fue editor gráfico del diario Récord y de la revista Públic, y la publicación Photography Year Book ha pubicado en varias ocasiones sus fotos entre las mejores del año. Ralizó numerosas exposiciones fotográficas tanto individuales como colectivas. En la actualidad, algunas de sus obras están expuestasn el IVAM y en el MNAC. También publicó numerosos libros de fotografía y había sido galardonado con el premio Fotopress.
Actualmente estaba trabajando en un nuevo libro de fotografías sobre rincones emblemáticos de Barcelona. Para ello contaba con la participación de otros fotoperiodistas reconocidos como Xavier Miserachs o Pepe Encinas. Se cree que precisamente se hallaba buscando localizaciones para sus fotos en el paraje del Garraf, cuando se produjo el mortal accidente.
Todos los que en algún momento tuvimos algún tipo de contacto con él, personal o profesional, sentimos la perdida de Paco Elvira, a quienes sus amigos calificaban como una persona de extraordinaria bondad.
martes, 19 de marzo de 2013
Alex Ten Napel
Es indudable que el retrato es una de las disciplinas más atractiva y agradecida dentro del universo fotográfico, pero también es una de las más comprometidas. Hacer un retrato no consiste únicamente en capturar el semblante físico de una persona. El fotógrafo debe además poder mostrar el interior de esa persona, su carácter, su personalidad, su estado de ánimo.
Si además el retrato pertenece a una serie, debe de guardar cierta uniformidad de manera que el espectador pueda identificar el motivo en cada una de las imágenes. A lo largo de la historia de la fotografía ha habido muchos autores que han sabido cumplir estos requisitos a la perfección, desde Julia Margaret Cameron o Gustav Le Gray en sus inicios, hasta Pierre Gonnord en la actualidad, numerosos fotógrafos han dejado su huella en este campo.
Alex Ten Napel es un fotógrafo holandes que ha decidido volcar toda su creatividad en este género. Nacido en Alkmaar en 1958, curso estudios en la Escuela Superior de Fotografía de La Haya y es miembro de la GKF Photographers Association.
Aunque empezó a plubicar sus imágenes en periódicos y revistas, tanto holandesas como de fuera de sus fronteras, desde el año 1996, fué a raiz de la exibición de sus "Waterportraits" en el festival de EPSON PHOTO, en la ciudad de Naarden en el 2005 y más tarde en Paris Photo, cuando le llego el reconocimiento de sus trabajo. Esta serie, que muestra a niños, sólos o con sus padres, supuestamente sumergidos en el agua tuvo un gran éxito y fue mostrada en diferentes países desde Nueva York a Moscú, además de
publicarse en Le Monde, Zoom y otras revistas internacionales.
En sus trabajos posteriores Napel ha continuado realizando sus retratos con la misma estética que tan buen resultado le diera con los "Waterportraits". Por regla general son retratos sencillos de estudio, realizados sobre un fondo neutro, casi siempre en primer plano o con plano medio, iluminados frontalmente, en los que realmente lo que destaca es el protagonista. Y es que Alex Ten Napel consigue que sus modelos den lo mejor de si mismos, no importa si se trata de niños, adolescentes o jovenes graduados.
Sin embargo, en mi opinión, su mejor trabajo hasta el momento es el único que ha hecho fuera del estudio. Consiste en una serie de retratos realizados en una residencia de ancianos de Amsterdam a pacientes con la enfermedad de Alzheimer. Los retratos de estos hombres y mujeres han dado lugar a una galería de imágenes en las que las emociones están a flor de piel para el espectador. Sin pretender escenas desoladoras como han hecho otros autores, ni enfatizar rasgos, Napel ha captado el rostro del olvido de una manera sencilla y natural, algo que los que hemos vivido de cerca la enfermedad entendemos muy bien. Os recomiendo que echéis un vistazo a su web.
http://www.alextennapel.nl/
jueves, 28 de febrero de 2013
Yokohama Shasin
© Felice Beato
Cuando en 1858 Japón puso fin a su aislamiento, que había durado alrededor de 250 años, y firmó tratados comerciales con Estados Unidos y otros países, se produjo una gran entrada de extranjeros en la isla. Los occidentales fueron autorizados a residir en los puertos ligados a los tratados, así Yokohama, Kobe y Hakodate se convirtieron en los primeros lugares a los que acudieron no sólo comerciantes y empresarios ya que los turistas y viajeros ávidos de conocer las costumbres de oriente también llegaron hasta allí.
Entre la población que se
estableció en estas ciudades también había fotógrafos occidentales que en
algunos casos llevaban tiempo en oriente como reporteros de guerra, tal es el
caso de Felice Beato, y otros que emprendieron el camino hacia lo desconocido.
Desde la década de 1860 tanto los fotógrafos extranjeros como los japoneses
empezaron a establecer allí sus estudios a los que acudían principalmente los
foráneos. La llegada masiva de turistas hizo que surgiera un lucrativo negocio
ya que las fotografías y tarjetas ilustradas se convirtieron en recuerdos
populares. Las imágenes de los cerezos en flor, las geishas, el monte Fujiyama,
los acarreadores o los rickshaws, fueron las más demandadas. Las imágenes
solían venderse en álbumes que contenían alrededor de 50 fotos. De este modo
cuando los viajeros volvían a sus lugares de origen podían mostrar a sus
conocidos los exóticos lugares que habían visitado.
Así pues el mercado turístico dio
lugar al “Yokohama Shasin”, (fotografías al estilo de Yokohama), título que se
refiere a las fotografías realizadas tanto por los fotógrafos japonés como por
los occidentales residentes en la ciudad, entre los años 1860 y 1880. El género
conocido con este nombre consistía en imágenes realizadas en blanco y negro, o
en placas de cristal, que eran coloreadas a mano con pigmentos especiales. En
poco tiempo la técnica se convirtió en un auténtico arte y los grandes estudios
fotográficos contrataban a pintores japoneses para realizar dicha labor.
Tanto los fotógrafos occidentales
como los locales, entre los que se encontraban Adolfo Farsari, Felice Beato,
Kusakabe Kimbei, Tamamura Kozoburo, el Barón Von Strillfied, Ogawa Kazumasa y
Uchida Kuichi, realizaron trabajos en los que el tema principal, la composición
y el coloreado a mano representan una llamativa combinación de las convenciones
y técnicas de la fotografía occidental con las de la tradición artística
japonesa, sobre todo con el ukiyo-e (estampas japonesas realizadas mediante
xilografía). Dichos fotógrafos dieron la clave de las imágenes gracias a las
cuales se conoce la Era Meiji de Japón. Dieron lugar también a que los
japoneses cambiaran el modo en que se veían a sí mismos y a su país. También a
través de las sus imágenes dieron notoriedad a mausoleos y otros lugares que hasta ese momento
estaban reducidos al ámbito familiar y que a partir de ese momento trasladaron
a una audiencia más amplia.
Las fotografías realizadas con
estas técnicas eran caras de producir, un retrato podría costar fácilmente casi
un mes del sueldo de un artesano, ese fue sin duda uno de los motivos por los
que los trabajos estaban destinados a ser adquiridos por una clientela
residente en los enclaves extranjeros, tanto europeos como americanos y entre
los turistas que visitaban la isla. Para atraer a sus posibles clientes los
fotógrafos no dudaron en recrear escenas que denominaban de “usos y costumbres”.
También se utilizaron las fotografías de estos autores para ilustrar libros, como
inspiración para algunos pintores o para registrar eventos y visitas de
dignatarios extranjeros a Japón.
A finales del siglo XIX la
llegada de las nuevas tecnologías y el consiguiente aumento de fotógrafos
aficionados produjo un tremendo impacto negativo en la fotografía comercial.
Para paliar en parte las perdidas algunos fotógrafos como Farsari, ofrecían a
los aficionados el uso gratuito del cuarto oscuro, para que pudieran revelar
sus imágenes, y de ese modo los atraían a su estudio con el fin de animarles a
comprar alguno de sus trabajos.
Es difícil en ocasiones estar
seguros de cuál de los fotógrafos de la época realizó una imagen concreta, ya
que era práctica común que éstos compraran fotografías a otros y que las
vendieran bajo su propio nombre. Además, aparte de la costumbre que existía entre
los propios fotógrafos comerciales de intercambiar negativos, había un buen
número de fotógrafos independientes que vendían sus trabajos a más de un
estudio.
En cualquier caso la calidad de
los trabajos de estos autores ha sido valorada por los críticos de forma
desigual. Por ejemplo Terry Bennett, especialista en la temprana fotografía asiática, se
refiere al trabajo de Farsari como “inconsistente y carente de la calidad
encontrada en los trabajos de Beato, Stillfired o Kusakabe.” Pero Bennett
también reconoce que Farsari empleaba excelentes artistas, usaba los mejores
papeles para imprimir y producía “increíbles fotografías coloreadas”.
Muchas de las
fotografías y álbumes de estos autores pueden encontrarse hoy en día en
numerosos museos y colecciones privadas de todo el mundo.
© Kusabe Kimbei
© Barón Von Stillfried
© Adolfo Farsari
© Anonimo
© Felice Beato
© Tamamura Kozoburo
© Uchida Kuichi
martes, 12 de febrero de 2013
Jose Manuel Navia
Como es de bien nacidos ser agradecido tenía que llegar un momento en que le rindiera tributo a uno de los fotógrafos de los que más he aprendido, y lo que no he aprendido a buen seguro que no ha sido por culpa suya, sino de mi testarudez. Cuando uno conoce a Jose Manuel Navia se pregunta como es posible que en una persona tan menuda quepa tanto y tan bueno, porque Navia no sólo es un gran fotógrafo, además es un gran profesor y una gran persona repleta de humanidad y con una personalidad increible.
Hay muchos fotógrafos que consideran que la imagen es suficiente para mostrar algo, Navia a menudo conjuga la imagen con la palabra. Por ejemplo en uno de sus libros que a mi más me llega, Pisadas Sonámbulas, sus fotografías están acompañadas de los versos de varios autores de lengua portuguesa, dando lugar a lo que él ha llamado lusofonías. No es el único caso en que sus imágenes se han unido a la palabra de un escritor, aunque él, licenciado en filosofía, se basta y se sobra para expresar ideas y sentimientos.
Nacido en el seno de una familia andaluza fue su madre la primera en introducirle en el mundo de la fotografía y a los doce años ya realizaba sus primeras pinitos en un laboratorio casero. Con sus propias palabras: "A esa edad ver aparecer la imagen por primera vez en una cubeta fue como una droga." Y como una droga aquello le dejo enganchado ya que desde entonces no ha dejado de fotografiar.
Aunque en general se le considera un fotógrafo documental el prefiere la palabra "autor", que define como alguién que se expresa de una forma más o menos personal a través de un medio, en este caso la fotografía. Su estilo peculiar y el hecho de que desde sus inicios trabajara en color le han distiguido de otros fotografos de su generación, que utilizaban tradicionalmente el blanco y negro para relatar sus crónicas.
Solitario a la hora de realizar las imágenes, cuenta sin embargo con un equipo que trabaja con él en estrecha colaboración, su compañera Carmen que le ayuda en el proceso de edición y Marta, que se ocupa del trabajo de archivo y laboratorio digital. La experiencia de los años que llevan realizando el trabajo juntos hace que la suya sea una maquina bien engrasada en la que todo el mundo encaja perfectamente a la hora de llevar a buen termino su labor.
Jose Manuel Navia compagina sus trabajos de autor con la docencia, impartiendo cursos y talleres a aspirantes a fotógrafos y también a quienes ya lo son pero desean ampliar sus conocimientos y su forma de entende la fotografía. Aquellos que deseen asistir a alguno de sus cursos podrán hacerlo a lo largo del año no sólo en diversas escuelas de fotografía, sino también en sitios tan relajantes como La Magistral o Cabo de Gata, suponiendo que logren conseguir una plaza pues generalmente se cubren apenas salen.
En cuanto a su fotografía me atrevo a decir que es intimista, con un carácter muy real y plagada de sentimientos y sensaciones. Es de ese tipo que te hace pensar, hacerte preguntas. Y es que para Navia al fotografiar lo que buscamos es encontrarnos con nosotros mismos a través del rencuentro con aquello que nos importa o que surge de nuestro interior.
http://jmnavia.blogspot.com.es/
lunes, 28 de enero de 2013
Wayne Lawrence
El trabajo de Wayne Lawrence es un diario visual de la vida que transcurre a su alrededor, de la iteración de sus repetidas visitas a aquellas zonas de Nueva York que le atraen especialmente por su mezcla de culturas y costumbres.
Nacido en Saint Kitts and Nevis, el país más pequeño del continente americano, en 1974, decidió cambiar su oficio de carpintero por el de fotógrafo hace poco más de una década. Desde el principio se embarcó en una serie de proyectos personales, de los cuales tal vez el más conocido sea el desarrollado a lo largo de 6 años en la playa de Orchad, en el Bronx neoyorkino. Durante ese periodo cada verano Lawrence tomaba dos trenes y un autobús para documentar el complejo universo que se desarrollaba en aquella improbable "Riviera" situada al borde de uno de los barrios más duros de la ciudad de Nueva York.
Wayne Lawrence conocía bien la zona, de adolescente había pasado algunas temporadas allí con su abuela. Su reencuentro con la cultura hiphop, la trágica muerte de su hermano, los recuerdos de su infancia y su facilidad para conectar con la compleja sociedad que se desarrollaba ante sus ojos, fueron sin duda determinantes a la hora de realizar su trabajo. Su acercamiento hacia los habitantes del lugar fue respetuoso y sin prejuicios. En las fotografías de Wayne se observa orgullo, audacia, confianza, dolor y placer. Son espejos de la vida que parecen haber encontrado su voz en las imágenes de este autor.
Desde hace cuatro o cinco años Lawrence combina sus trabajos personales con algunos encargos profesionales, que suele realizar con un par de ayudantes y el apoyo del equipo de su agencia, el Institute For Artist Managent. Y aunque su oficina se encuentra en Bedford-Stuyvesand, Brooklyn, una gran parte de su trabajo se desarrolla en todo Nueva York. Wayne Lawrence piensa que hay tanta energía y cultura en la Gran Manzana que podría trabajar en las calles toda su vida sin poder cubrir todo lo que allí se encuentra.
http://www.waynelawrenceonline.com/
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