miércoles, 14 de enero de 2015

Helmar Lerski

Peter Pfrunder, director y curador de la Fotostiftung Schweiz / Swiss Foundation for Photography de Winterthur (Suiza), dijo que difícilmente podría encontrarse otro nombre en la historia internacional de la fotografía, cuyo trabajo haya sido peor entendido con tanta frecuencia y haya levantado tanta polémica, como el de Helmar Lerski. 

Lerski, cuya familia era de origen polaco, nació en Estrasburgo en 1871 como Israel Schmuklerski. Su padre, un pequeño comerciante textil, fuel el primer judío polaco al que se le concedieron derechos civiles en Zurich, lugar al que se había trasladado la familia en 1876. Aunque en un principio inició estudios de banca, pronto lo abandona y en 1888 emigra a Estados Unidos donde fija su residencia y empieza a ganarse la vida como actor, realizando trabajos ocasionales en el teatro alemán de Chicago y cursando cursos de interpretación. En 1896 decide cambiar su nombre por el de Helmar Lerski. 

No fue sino hasta 1910, a la edad de 39 años, cuando comenzó a interesarse por la fotografía y lo hizo a través de su esposa, una actriz proveniente de una familia de fotógrafos. Lerski opinaba que podía mostrarse el interior de todo ser humano si se utilizaba para ello la iluminación apropiada, así que realizó una serie de retratos basado en dichas premisas, en las que no trataba de mostrar el aspecto de  las personas fotografiadas, sino como las veía él. A través de la luz, el ángulo de la cámara y la perspectiva, conseguía alterar la realidad, creando personajes que se acercaban a la visión del autor más que a la pura realidad. 

En 1915 Helmar Lerski regresa a Europa y se introduce en el mundo del cine. Durante más de diez años, trabajó como camarógrafo, técnico de iluminación y experto en efectos especiales para numerosas películas mudas expresionistas en Berlín, entre otros "Metropolis" de Fritz Lang (1925-1926). A finales de la década de 1920, volvió su atención una vez más a la fotografía de retrato y participó en el movimiento de vanguardia que estaba tratando de lograr cambios radicales en el lenguaje de la imagen fotográfica. Sus imágenes, alejadas de las de otros autores, le convierten posiblemente en el fotógrafo de retratos más conocido de su época. Comienza a exponer su obra y realiza algunas publicaciones, de las cuales quizás la más importante fuera “Köpfe des Alltgs”, en 1931. En este libro Lerski mostró retratos de personas anónimas de la clase baja de la sociedad berlinesa, presentándolos como figuras teatrales.  

También es en este periodo cuando realiza sus primeros viajes a Palestina, donde lleva a cabo su trabajo más radical, uno de sus proyectos más conocidos, “Verwandlungen durch Licht”, para el cual fotografió a una misma persona un elevado número de veces desde distintos ángulos y con un exhaustivo control de la luz. Aunque sus fotografías de primeros planos capturan las características esenciales de una cara - ojos, nariz y boca -, su principal preocupación no era la apariencia física o semejanza superficial sino el potencial interior más profundo: por ello se hizo hincapié en la capacidad de cambio,  en mostrar las diferentes caras de un individuo. Con la ayuda de un máximo de 16 espejos y filtros, dirigió la luz natural del sol en constantes nuevas variaciones y refracciones sobre su modelo. Así consiguió, en una serie de más de 140 primeros planos "cientos de caras diferentes, incluido el de un héroe, un profeta, un campesino, un soldado moribundo, una anciana y un monje, de un único individuo fotografiado.

Contrariamente a la idea convencional del retrato como expresión de la identidad humana, Lerski utiliza el rostro humano como superficie de proyección de las figuras de su imaginación.

Sin embargo, a pesar de que Helmar Lerski fue uno de los retratistas más importantes e innovadores del siglo XX y de que reconocidos historiadores de arte lo hayan situado entre figuras tan importantes como Alfred Stieglitz, Edward Steichen y Paul Strand, lo cierto es que en su país, Suiza, apenas es conocido por el público en general. Su obra se haya recogida en el Museum Folkwang, en Essen. 






viernes, 19 de diciembre de 2014

Gotthard Schuh



Gotthard Schuh es uno de los fotógrafos suizos más importantes del pasado siglo XX. Considerado como uno de los pioneros del fotoperiodismo moderno y creador del “Realismo Poético”,  en 1930 abandona una incipiente pero prometedora carrera de pintor para dedicarse en cuerpo y alma a la fotografía. Subyugado por  la revolución estética que tuvo lugar en el mundo de la fotografía a finales de los años veinte y que postulaba una "nueva visión" sobre el floreciente fotoperiodismo descubre una oportunidad para poner en práctica sus ideas plásticas.

Sin embargo, a medida que empieza a trabajar como fotógrafo de prensa, Schuh percibe rápidamente  que no está hecho para seguir los acontecimientos diarios que se suceden en el mundo. Su interés se centra en otros aspectos, el París nocturno, los artistas, los bares y sobre todo las mujeres, a quienes retrata con una extraña mezcla de misterio y erotismo.
En su faceta como periodista llevada a cabo en el período de entreguerras, una época en que todavía no se tenían en cuenta estos aspectos, a Schuh le interesa el encuadre, la luz, la composición. De tal modo que sin perder el objetivo de lo que ocurre en la escena busca al mismo tiempo una armonía estética, consiguiendo con ello darle a la fotografía una dimensión poética y narrativa que en cierto modo la aleja de la mera realidad. 

Gotthard Schuh fue uno de los primeros en considerar la fotografía como un arte en si misma, de tal modo que la expresividad emocional, la densidad de ambientes y la sensibilidad psicológica se convierten en elementos centrales de su fotografía. Convencido de estos hechos decide dedicarse a proyectos cuyo fin en sí  era convertirse en libros, al tiempo que empieza a trabajar como editor en el semanario más importante de Zurich. Allí conoció a Robert Frank, y le publicó sus primeras imágenes. Ambos artistas mantendrían  una gran amistad hasta el final de sus días. 

Viajero inagotable recorre Java, Sumatra, Bali, Singapur y toda la costa asiática retratando la sensualidad de sus mujeres y la cotidianidad intimista de la vida de sus habitantes. Parece querer recoger toda la belleza de un continente en sus imágenes, del mismo modo que anteriormente lo hiciera Gauguin en sus lienzos. Destacan especialmente sus paisajes, en los que rinde tributo a la exuberancia de la naturaleza de las islas, así como las fotografías de fiestas y ritos religiosos. El resultado de los once meses que duró su periplo fue plasmado en un libro, “Islas de los dioses”, que se publícó en 1941.

Su búsqueda incesante de la belleza y su marcado estilo personal en una época en que el trabajo del resto de fotorreporteros se encuentra sumido en el dolor y la devastación de la guerra, sin duda le convierte en alguien muy especial a quien otros jóvenes profesionales no dudan en seguir. Ya en 1938 su fotografía de “Child playing balls”, en Java, recorrió todo el mundo y su trabajo apareció en la  gran exposición The Family of Man, organizada en 1955 por Edward Steichen.

Schuh fue también una figura relevante del Kollegiunm Schweizerischer  Photographen, asociación fundada en 1950 cuyo objetivo fundamental era revalorizar la fotografía como medio subjetivo de expresión artística. A esta institución pertenecieron también algunos de los fotógrafos suizos más importantes de la época, tal como Jacob Tuggener, Werner Bischof, René Groebli o Robert Frank. Todos ellos contribuyeron a la renovación fundamental de la creación fotográfica durante la posguerra.  En 1960 Gotthard Schuh vuelve a la pintura, no sin antes dejar a las próximas generaciones su particular visión del “realismo poético”.









domingo, 2 de noviembre de 2014

Christ Suspect



Christ Suspect es un fotógrafo americano nacido en Filipinas en 1968, pero que reside en Washington DC y San Francisco. Hijo de un diplomático y rebelde por naturaleza, hace treinta años asistió a sus primeros conciertos de bandas de punk, en los que era muy habitual encontrar también grupos de skinheads. Por aquel entonces, confiesa que no tenía ni la cámara ni el valor, él dice las bolas, suficiente para fotografiar a los tipos que se reunían en los locales en los que se celebraban dichos encuentros. Sin embargo siempre ha recordado la energía, la diversión y también el peligro que como un tornado se generaba en aquellos espectáculos. 

Christ trabaja como diseñador multimedia y está especializado en video, live streaming, pod-casting y producción de video. Hace unos años se enganchó a la Street Photography llegando a ser parte de colectivo STRATA y desde hace cuatro años, como si de una asignatura pendiente se tratara, comenzó a visitar de nuevo los clubs para documentar el movimiento punk actual en Washington  DC y Baltimore, que son algunos de los lugares en los que se mueve este tipo de cultura, aunque el movimiento trasciende en ocasiones las fronteras y son muchas las personas que viajan cada año al Damaged City Festival, en donde se dan cita jóvenes llegados de Brasil, Suecia, el Reino Unido o California. 

Suspect ha reunido en un libro algunas de las imágenes que ha ido acumulando a lo largo de estos cuatros años, con la idea de mostrar que a pesar de lo que se pueda crear el movimiento punk está vivo y sigue coleando, aunque en general lo haga en pequeños locales cutres, bares y sótanos. El libro se llama “Suspect Device” y varias de sus fotografías han formado parte de la muestra que Leica ha colgado de sus paredes en su stand de la pasada edición de Photokina en Colonia. 

Sus trabajos como Street Photographer, también han sido publicados en diversos medios, desde el Huffington Post al Washington City Paper y por supuesto están presentes en múltiples webs. Ha participado en Chicago Photographic Society - First Annual Street Photography Contest, en donde recibió una mención de honor y en el Miami Street Photography Festival, entre otros encuentros. 

Yo particularmente prefiero su fotografía de calle, pues si bien las imágenes documentales sobre el movimiento punk son absolutamente correctas, y algunas de ellas muy interesantes,  me da la impresión de que en general carecen de la  fuerza que se supone pretende mostrar el autor. Será que los punks se nos han vuelto muy lights o que nuestras bandas de los 80 tenían más pinta de malotes.










http://suspectdevice.net/

viernes, 10 de octubre de 2014

Andrea Bruce


En los últimos años se ha ido incrementando el número de mujeres que prefieren estar detrás de la cámara en lugar de delante, sin embargo hay muy pocas que se atrevan a aventurarse en el terreno de la fotografía de conflictos. Es algo lógico, pues a los múltiples peligros de la profesión, hay que sumarle los inherentes de la propia condición femenina. Sobre todo si tenemos en cuenta que la mayoría de tales conflictos suelen desarrollarse en países musulmanes, en los que el papel de la mujer es secundario porque se les considera y trata como un sexo débil que necesita de la supervisión, protección y dominio del hombre sobre ella, y por tanto no les está permitido ejercer la mayoría de los trabajos comunes en el mundo occidental. Y si hay una persona que sabe muy bien de lo que estoy hablando es sin duda alguna Andrea Bruce. 

Bruce es una periodista freelance que durante años ha estado trabajando en algunos de los lugares más peligrosos del planeta. Afganistan e Irak han sido algunas de sus bases de operaciones, aunque no las únicas. Nacida en los Estados Unidos en 1973, confiesa que cuando decidió ser fotógrafa no pensó ni por un momento que iba dedicarse a cubrir guerras. Fueron los atentados del 11S, los que la llevaron a tomar dicha determinación. Al igual que ella, muchos fotógrafos de su generación tomaron el mismo camino por idéntico motivo.  Y al igual que a ella, a esos compañeros les ha costado una parte de su vida, a algunos la vida entera. 

Andrea Bruce comenzó su andadura periodística en Irak, en el año 2003, trabajando para el Washington Post. Durante un año, mientras fotografiaba los bombardeos y destrozos de la guerra entrevistó al menos a treinta prostitutas, hasta que finalmente encontró una que estuvo dispuesta a ayudarla y a permitir que fotografiara su vida y su entorno. Lo que pretendía Andrea era mostrar la cara humana del proceso de deterioro que sufren los pueblos cuando se hayan ante un conflicto de este tipo y como en general es la población civil y sobre todo los niños y las mujeres quienes padecen la peor parte de las tragedias que allí ocurren. “Halla”, se convirtió en su mejor amiga allí, y ambas intentaron enseñarle al resto del mundo la dureza de la vida de las prostitutas, mujeres que en muchos casos al haber perdido a sus esposos por causa de la guerra y sin otros medios de vida se ven obligadas a ejercer ese oficio para poder alimentar a sus hijos.

Este reportaje y algunos otros realizados a lo largo de los ocho años que formó parte de la plantilla de reporteros del diario The Washington Post, en donde escribía una columna semanal llamada "Unseen Irak", le han servido para que fuera nombrada Fotógrafo del Año en cuatro ocasiones por la Asociación de Fotógrafos de Noticias de la Casa Blanca,  y también para ganar el prestigioso premio John Faber por mejor reportaje fotográfico del extranjero desde el Overseas Press Club. Sin embargo ella ha declarado que en muchas ocasiones siente que ha fracasado,  ya que no cree que ninguna de las fotografías que ha realizado sirva para describir fielmente lo que ocurre en esos lugares y tampoco para concienciar a la gente de que no debería ocurrir. 

El hecho de que además haya tratado de mostrar la crudeza de la guerra tanto para los habitantes del país en conflicto como para los militares americanos o de otros países que han intervenido en ella, le ha costado a veces críticas por ambos lados. Se le ha acusado de realizar fotos únicamente para vender periódicos y su trabajo no siempre es fácil de entender. Su propia madre le comentó en una ocasión: “Sé que esto está sucediendo, pero para ser honesta, no quiero verlo.” Sin embargo y a pesar de todo ella aún cree que lo que hace es importante y por ello no ha dudado en arriesgar su vida en más de una ocasión. Ha sido amenazada, abofeteada y asediada. Incluso en una ocasión estuvo a punto de ser linchada por una multitud, cuando tras el estallido de un coche bomba su compañero y ella empezaron a tomar fotografías de la terrible escena que allí se desarrollaba. Antes de que pudiera darse cuenta un hombre la levantó del suelo y le clavo contra la pared y acto seguido más de cincuenta personas se arremolinaron alrededor de ella gritando e increpándola con piedras en la mano. Afortunadamente el reportero que la acompañaba hablaba árabe y empezó a gritar: “Ella es mi esposa, ella es mi esposa. Tienen que respetarla.” Poco a poco la multitud se fue calmando y tras mucho hablar les dejaron marcharse. Posiblemente ese haya sido el peor momento de su vida. 

La vida de un reportero de guerra conlleva un desgaste y un alto coste personal, muchos acaban divorciándose. A Andrea le ocurrió un año después de empezar su labor en Irak. También siente que ha cambiado tanto que le resulta difícil estar en su país, no porque no le guste, sino porque de algún modo siente que no encaja, que su vida es otra. Así que reparte su tiempo entre Estados Unidos y Afganistán, en donde reside habitualmente. Actualmente trabaja para la Agencia Noor. 







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