viernes, 1 de diciembre de 2017

DANA POPA, UNA FOTÓGRAFA INMERSA EN SUS RAICES


Dana Popa es una fotógrafa rumana afincada en el Reino Unido. Está licenciada en Relaciones Públicas y Estudios sobre Comunicación de Masas. Tiene un Master de Arte en Fotografía Documental y Fotoperiodismo de la London College of Communication.

Se dio a conocer a través de su proyecto “not Natasha” realizado entre los años 2006 y 2008, por el que ganó el primer premio en el concurso Project de la organización CENTER de Nuevo México, también consiguió el premio Jerwood de Fotografía 2007 y el Premio del Jurado en los premios internacionales de fotoperiodismo de la revista japonesa Days, Japan International Photojournalism Awards 2007. Este trabajo fue realizado principalmente en Moldavia, uno de los principales países de origen de la trata de mujeres y niños. Se estima que entre 200,000 y 400,000 mujeres habían sido vendidas en ese periodo para la prostitución en el extranjero, casi el 10% de la población femenina.
 





En Moldavia, Popa trabajó con dos organizaciones que tratan de reinsertar a las víctimas de trata de nuevo en la sociedad, proporcionándoles una nueva vida. International Organisation for Migration Shelters and Winlock International,  le dieron acceso para fotografiar y documentar las experiencias de 17 mujeres que habían sido víctimas de la trata. El proyecto se completó a su regreso al reino unido donde documentó los espacios donde mujeres víctimas de trata trabajan como prostitutas en los burdeles del Soho,  en Londres.

Popa ha vuelto a Rumanía y a Moldavia en repetidas ocasiones para documentar la forma de vida de los que habitan en ese lado del mundo, dividido entre dos civilizaciones paralelas, la de los que se sienten parte de la Unión Europea y los que siguen sujetos al régimen comunista de la antigua Unión Soviética. Las imágenes que Dana tomó en el pueblo de Ruginesti, en los Carpatos rumanos, muestran una sociedad rural anclada en el pasado y un pueblo divido en dos por una frontera trazada en 1945 y que aunque ya no existe físicamente sigue presente en la mente y los corazones de los habitantes de las dos partes de la aldea.






Las fotografías de Dana Popa son directas, sin concesiones, pero a la vez se puede apreciar una cierta empatía entre la fotógrafa y los fotografiados, tal vez por su origen rumano que la ha llevado a comprender e incluso a sentir los cambios producidos en su país y en los países del este en general en los últimos años, cambios para los que no siempre han estado preparados. El paso de un comunismo básico a una sociedad capitalista de consumo necesita de una economía adecuada que ayude a afrontar dicho cambio y en muchos de esos países no se han dado las circunstancias necesarias. Quizás los jóvenes estén más preparados para abordar una vida diferente pero a las personas de más edad les cuesta aclimatarse a los nuevos tiempos.




Entre las series de Dana Popa podemos ver también “Istambul-Odesa”. Entre estas dos ciudades Estambul y Odessa hay personas que viajan en barcos con sueños vagos, prácticamente inalcanzables, y esperanzas recónditas, algunos ni siquiera eso. El viaje que realizan no es emocionante y no tiene nada de aventurero. Solo son personas entre dos mundos que a veces parecen no pertenecer a ninguno.