martes, 3 de marzo de 2015

Troy Colby



Algunas veces nos basta con ver una sola imagen, una sola fotografía, para darnos cuenta de que queremos saber más del autor de la misma. No sólo conocer su trabajo más a fondo, sino también profundizar un poco en su forma de pensar, de ver, de saber que le estimula y le lleva a realizar de una manera determinada su labor.

En un mundo como en el que nos movemos hoy en día, rodeados de ordenadores e información por todas partes, suele resultar una tarea sencilla. Sólo hay que tener paciencia y bucear en los entresijos de la red para llegar hasta donde queremos. Sin embargo hay ocasiones en que nos topamos con un muro y todas las reseñas nos conducen una y otra vez a las mismas y repetidas palabras. A unas pocas frases, acuñadas en una mini biografía anodina que poco o nada dice de la persona en la que estamos interesados.

En el caso de Troy Colby, poco más he podido encontrar que lo que el mismo cuenta en su página: Que nació y se crio en una pequeña comunidad agrícola  y rural, que precisamente ese ambiente rural es la fuente de su inspiración. Que ha estudiado la licenciatura de fotografía artística en la Academia de Arte de la Universidad de San Francisco y que fotografía desde el corazón.

Quizás eso sea todo lo que necesitamos saber, quizás nos baste con contemplar sus fotografías para saber que Troy Colby es un artista con una gran sensibilidad y que los sueños que se desprenden de sus imágenes y llegan hasta el espectador nos transportan hacia una especie de espejismo onírico. Disfrutemos pues de dichas imágenes y dejemos volar nuestra imaginación.






miércoles, 4 de febrero de 2015

Narelle Autio


Narelle Autio  nació en un pueblo costero de Adelaida, al sur de Australia, y tal vez por ese motivo la mayoría de sus imágenes están inspiradas en las playas que ha ido visitando a lo largo de su vida. El agua y la tierra que la circunscribe, las personas que transitan por estos lugares, los objetos que se dejan olvidados en ellas,  son la base del trabajo de Autio. Pero lejos de las típicas postales playeras, o de las imágenes irónicas de otros autores, sus fotografías buscan una visión diferente, la de un persona que de regreso a su hogar después de haber estado tres años trabajando en diversos periódicos del Reino Unido, se da cuenta de lo mucho que hay que fotografiar en su propia país, en su hogar. “La vuelta a Australia resultó ser un despertar para mí. Comencé a descubrir las cosas con las que había crecido, que conocía y amaba, todo lo que había dado por sentado. La única inspiración que necesitaba era este país y la capacidad de ver con nuevos ojos.”

Como muchos otros fotógrafos Narelle Autio comenzó sus estudios en una escuela de arte con la intención de ser pintora y como muchos otros acabó con una cámara en la mano. Después de graduarse en una licenciatura en Artes Visuales en 1990, empezó a trabajar para el Adelaide Advertiser, hasta que cinco años más tarde decidió conocer otros lugares y viajó por varios países, recalando en Inglaterra y trabajando como fotógrafa y editora para la  oficina del Australia’s News Limited en Londres.

Ya de vuelta a Australia, pero ahora con sede en Sidney, formó parte como miembro fundador de Oculi, una agencia fotográfica colectiva e independiente. También reanudó su trabajo como fotógrafa de prensa colaborando con el Sidney Morning Herald.

Parte de la inspiración de su trabajo proviene sin duda de su colaboración con el fotógrafo de Magnum Trent Parke en la confección del libro ‘The Seventh Wave’. Un documento de inspiración surrealista con imágenes en blanco y negro sobre la cultura de las playas australianas, que en 2001 ocupo el segundo lugar en la lista de American Pictures of the Year, sobre los mejores libros de fotografía.

En el 2002 Narelle ganó el  primer premio de fotografía artística de World Press Photo, por su trabajo “The School of Dance”. Un año antes fue uno de los tres  fotógrafos seleccionados por Australian Art Collectors Magazine, como uno de los 50 artistas australianos con mayor proyección y mayores posibilidades de que su obra fuera colecionable. También ha sido el primer fotógrafo australiano en ganar el prestigioso premio Leica Oskar Barnack, con su serie “Coastal Dwellers”. Su obra forma parte de numerosas colecciones tanto públicas como privadas y su carrera está plagada con múltiples galardones.

En su último trabajo “Water Hole” (2012), celebra la belleza del oscuro mundo de las profundidades del agua que ella encontró en sus viajes a través de Queensland, el territorio  occidental al norte de Australia. y en su serie de 2009, “The Summer of Us”, probablemente el más diferente de todos, Autio mira hacia la costa, en lugar de hacia el mar, recogiendo los restos naturales y artificiales de los largos días del verano; un solitario tanga rosa, los esqueletos de las sombrillas, un bote de bronceador abandonado o una concha arrojada por el mar hacia la arena, constituyen todo un largo imaginario.  

Pero sin duda la parte más conocida de su trabajo sea aquella en que las figuras humanas parecen posar para ella bajo el agua, a pesar de la total ausencia de intervención por su parte. 






miércoles, 14 de enero de 2015

Helmar Lerski

Peter Pfrunder, director y curador de la Fotostiftung Schweiz / Swiss Foundation for Photography de Winterthur (Suiza), dijo que difícilmente podría encontrarse otro nombre en la historia internacional de la fotografía, cuyo trabajo haya sido peor entendido con tanta frecuencia y haya levantado tanta polémica, como el de Helmar Lerski. 

Lerski, cuya familia era de origen polaco, nació en Estrasburgo en 1871 como Israel Schmuklerski. Su padre, un pequeño comerciante textil, fuel el primer judío polaco al que se le concedieron derechos civiles en Zurich, lugar al que se había trasladado la familia en 1876. Aunque en un principio inició estudios de banca, pronto lo abandona y en 1888 emigra a Estados Unidos donde fija su residencia y empieza a ganarse la vida como actor, realizando trabajos ocasionales en el teatro alemán de Chicago y cursando cursos de interpretación. En 1896 decide cambiar su nombre por el de Helmar Lerski. 

No fue sino hasta 1910, a la edad de 39 años, cuando comenzó a interesarse por la fotografía y lo hizo a través de su esposa, una actriz proveniente de una familia de fotógrafos. Lerski opinaba que podía mostrarse el interior de todo ser humano si se utilizaba para ello la iluminación apropiada, así que realizó una serie de retratos basado en dichas premisas, en las que no trataba de mostrar el aspecto de  las personas fotografiadas, sino como las veía él. A través de la luz, el ángulo de la cámara y la perspectiva, conseguía alterar la realidad, creando personajes que se acercaban a la visión del autor más que a la pura realidad. 

En 1915 Helmar Lerski regresa a Europa y se introduce en el mundo del cine. Durante más de diez años, trabajó como camarógrafo, técnico de iluminación y experto en efectos especiales para numerosas películas mudas expresionistas en Berlín, entre otros "Metropolis" de Fritz Lang (1925-1926). A finales de la década de 1920, volvió su atención una vez más a la fotografía de retrato y participó en el movimiento de vanguardia que estaba tratando de lograr cambios radicales en el lenguaje de la imagen fotográfica. Sus imágenes, alejadas de las de otros autores, le convierten posiblemente en el fotógrafo de retratos más conocido de su época. Comienza a exponer su obra y realiza algunas publicaciones, de las cuales quizás la más importante fuera “Köpfe des Alltgs”, en 1931. En este libro Lerski mostró retratos de personas anónimas de la clase baja de la sociedad berlinesa, presentándolos como figuras teatrales.  

También es en este periodo cuando realiza sus primeros viajes a Palestina, donde lleva a cabo su trabajo más radical, uno de sus proyectos más conocidos, “Verwandlungen durch Licht”, para el cual fotografió a una misma persona un elevado número de veces desde distintos ángulos y con un exhaustivo control de la luz. Aunque sus fotografías de primeros planos capturan las características esenciales de una cara - ojos, nariz y boca -, su principal preocupación no era la apariencia física o semejanza superficial sino el potencial interior más profundo: por ello se hizo hincapié en la capacidad de cambio,  en mostrar las diferentes caras de un individuo. Con la ayuda de un máximo de 16 espejos y filtros, dirigió la luz natural del sol en constantes nuevas variaciones y refracciones sobre su modelo. Así consiguió, en una serie de más de 140 primeros planos "cientos de caras diferentes, incluido el de un héroe, un profeta, un campesino, un soldado moribundo, una anciana y un monje, de un único individuo fotografiado.

Contrariamente a la idea convencional del retrato como expresión de la identidad humana, Lerski utiliza el rostro humano como superficie de proyección de las figuras de su imaginación.

Sin embargo, a pesar de que Helmar Lerski fue uno de los retratistas más importantes e innovadores del siglo XX y de que reconocidos historiadores de arte lo hayan situado entre figuras tan importantes como Alfred Stieglitz, Edward Steichen y Paul Strand, lo cierto es que en su país, Suiza, apenas es conocido por el público en general. Su obra se haya recogida en el Museum Folkwang, en Essen. 






viernes, 19 de diciembre de 2014

Gotthard Schuh



Gotthard Schuh es uno de los fotógrafos suizos más importantes del pasado siglo XX. Considerado como uno de los pioneros del fotoperiodismo moderno y creador del “Realismo Poético”,  en 1930 abandona una incipiente pero prometedora carrera de pintor para dedicarse en cuerpo y alma a la fotografía. Subyugado por  la revolución estética que tuvo lugar en el mundo de la fotografía a finales de los años veinte y que postulaba una "nueva visión" sobre el floreciente fotoperiodismo descubre una oportunidad para poner en práctica sus ideas plásticas.

Sin embargo, a medida que empieza a trabajar como fotógrafo de prensa, Schuh percibe rápidamente  que no está hecho para seguir los acontecimientos diarios que se suceden en el mundo. Su interés se centra en otros aspectos, el París nocturno, los artistas, los bares y sobre todo las mujeres, a quienes retrata con una extraña mezcla de misterio y erotismo.
En su faceta como periodista llevada a cabo en el período de entreguerras, una época en que todavía no se tenían en cuenta estos aspectos, a Schuh le interesa el encuadre, la luz, la composición. De tal modo que sin perder el objetivo de lo que ocurre en la escena busca al mismo tiempo una armonía estética, consiguiendo con ello darle a la fotografía una dimensión poética y narrativa que en cierto modo la aleja de la mera realidad. 

Gotthard Schuh fue uno de los primeros en considerar la fotografía como un arte en si misma, de tal modo que la expresividad emocional, la densidad de ambientes y la sensibilidad psicológica se convierten en elementos centrales de su fotografía. Convencido de estos hechos decide dedicarse a proyectos cuyo fin en sí  era convertirse en libros, al tiempo que empieza a trabajar como editor en el semanario más importante de Zurich. Allí conoció a Robert Frank, y le publicó sus primeras imágenes. Ambos artistas mantendrían  una gran amistad hasta el final de sus días. 

Viajero inagotable recorre Java, Sumatra, Bali, Singapur y toda la costa asiática retratando la sensualidad de sus mujeres y la cotidianidad intimista de la vida de sus habitantes. Parece querer recoger toda la belleza de un continente en sus imágenes, del mismo modo que anteriormente lo hiciera Gauguin en sus lienzos. Destacan especialmente sus paisajes, en los que rinde tributo a la exuberancia de la naturaleza de las islas, así como las fotografías de fiestas y ritos religiosos. El resultado de los once meses que duró su periplo fue plasmado en un libro, “Islas de los dioses”, que se publícó en 1941.

Su búsqueda incesante de la belleza y su marcado estilo personal en una época en que el trabajo del resto de fotorreporteros se encuentra sumido en el dolor y la devastación de la guerra, sin duda le convierte en alguien muy especial a quien otros jóvenes profesionales no dudan en seguir. Ya en 1938 su fotografía de “Child playing balls”, en Java, recorrió todo el mundo y su trabajo apareció en la  gran exposición The Family of Man, organizada en 1955 por Edward Steichen.

Schuh fue también una figura relevante del Kollegiunm Schweizerischer  Photographen, asociación fundada en 1950 cuyo objetivo fundamental era revalorizar la fotografía como medio subjetivo de expresión artística. A esta institución pertenecieron también algunos de los fotógrafos suizos más importantes de la época, tal como Jacob Tuggener, Werner Bischof, René Groebli o Robert Frank. Todos ellos contribuyeron a la renovación fundamental de la creación fotográfica durante la posguerra.  En 1960 Gotthard Schuh vuelve a la pintura, no sin antes dejar a las próximas generaciones su particular visión del “realismo poético”.