lunes, 22 de julio de 2013

Fred Herzog



La fotografía de calle es, por encima de todo, un ejercicio visual. Dado que no tiene en que apoyarse, pues no se basa en una sucesión de imágenes cuyo conjunto sea coherente como lo hace el reportaje, se ve obligada a sobresalir por si misma. Y sin embargo, y al mismo tiempo, se caracteriza por la falta de necesidad de que ocurra algo especialmente importante.

Los fotógrafos de la calle suelen tener una especie de sexto sentido que les permite visualizar en unas decimas de segundo aquello que otras personas que están en el mismo lugar son incapaces de ver. La secuencia de colores precisos, el juego de luces y sombras, la escena con un punto irónico o divertido, el juego de las líneas de un edificio, una o varias personas que sobresalen del resto por cualquier motivo, todo esto y mucho más puede ser lo que de protagonismo a sus fotografías.

Fred Herzog es uno de esos fotógrafos, pero además fue un precursor. En una época en la que la mayoría de los que se dedicaba a este oficio trabajaban en blanco y negro él decidió hacerlo en diapositiva y en color, lo cual le excluyó durante largo tiempo del circuito de museos, galerías de arte y demás ambientes fotográficos.

Herzog, de origen alemán, emigró a Canada tras perder a sus padres durante la segunda guerra mundial. Enrolado en un barco como marinero recaló en el continiente americano y durante un breve tiempo vivió en Toronto y Montreal. En 1953 se traslada a Vancuouver, donde comienza a trabajar como fotógrafo dentro del ramo de la medicina. Más tarde llegaría a ser Director Asociado de UBC Department of Biomedical Communication y también formó parte de la plantilla de profesores de la Universidad Simon Fraser.

Fuera del laboratorio también retomó lo que en su infancia había sido simplemente algo casual y empezó a fotografiar las calle y las gentes de su ciudad. Su trabajo se centra principalmente en la gente corriente de clase obrera y en los lugares que frecuenta. Siente una expecial predilección por los numerosos carteles que en los años 50 y 60 cercaban los muros de Vancouver, por los espacios abiertos, los coches abandonados y las tiendas. Sus escaparates son a menudo un motivo para este fotógrafo, tanto en lo que puede apreciarse desde el interior, como aquello que los viandantes encuentran a su paso.

El uso de la película Kodachrome le confiere a sus imágenes ese aspecto que nos hace pensar en los fotogramas de una película o en los lienzos de algunos de los pintores realistas de la época. Muchas de sus fotografías podrían haber servido de base para las obras de Edward Hopper, o tal vez fuera él quien se sintiera inspirado por las mismas.

En las últimas decadas su trabajo ha sido reconocido en todo el mundo y se han hecho muestras del mismo en diversas galerías, como la Vancouver Art Gallery o la Equinox Gallery, también de Vancouver, quién tiene la representación de su obra y en cuya página podréis ver parte de su trabajo.

Los que queráis profundizar más podéis optar por alguno de sus libros. Yo recomiendo "Photographs", el cual contiene una buena selección de su trabajo y cuenta con una serie de interesantes prólogos de Claudia Gochmann, Sarah Milroy, Jeff Wall y Douglas Coupland. Eso si, está en inglés, así que los que no dominéis el idioma tendréis que hacer un esfuerzo.








http://www.equinoxgallery.com/artists/portfolio/fred-herzog

lunes, 1 de julio de 2013

Anders Petersen



Anders Petersen nació en Estocolmo en 1944. Influenciado por los artistas plásticos Karin Bodlan y Lars Sjögren, a quienes conoció en la provincia de Värmland cuando se trasladó allí con su familia a los 14 años, quiso convertirse en pintor o escritor, así que en 1961se estableció durante un tiempo en Hamburgo para estudiar alemán al tiempo que realizaba sus deseos. No lo consiguió, no realizó un sólo cuadro.

Eso no fue óbice para que años más tarde lograra su objetivo, aunque de una manera diferente. Su relación con Christer Strömholm, fotógrafo sueco que se hizo famoso por sus fotografías sobre los ambientes existencialistas de París, tuvo mucho que ver. Su amistad con Strömholm, que además fue su profesor en la Escuela de Fotografía de Estocolmo, influenció la manera de ver y de trabajar de Petersen.

En 1968, Petersen entró por casualidad en el café Lehmitz a tomar una cerveza. El local, situado en el barrio rojo de Hamburgo, era un tugurio frecuentado por prostitutas, homosexuales, proxenetas, alcohólicos y todo tipo de personas que se movían al margen de la sociedad. El azar quiso que dejara su máquina sobre la mesa para ir al baño y al volver se encontró con que los clientes se estaban haciendo fotografías los unos a los otros. Petersen no desaprovecho la oportunidad y tras obtener su permiso para fotografiarles estuvo visitando aquel lugar durante aproximadamente tres años, obteniendo una serie de 88 fotografías que acabaron convirtiéndose en un clásico, su libro Café Lehmitz, publicado por Schirmer Mosel en 1978.

Fue también allí donde hizo su primera exposición ya que las fotografías realizadas fueron colgadas en las paredes del café, detrás de la barra. Su empatía con los personajes retratados le llevó a realizar el reportaje no como un extraño, sino con una mirada de afecto en una especie de diario íntimo.

En sus siguientes trabajos Anders Petersen siguió la misma tónica que tan buen resultado le diera en el realizado en el café. Durante algún tiempo visito los lugares que formarían sus próximos tres libros, una trilogía constituida por un estudio de la marginalidad en cárceles, instituciones mentales y asilos de ancianos. Después de fotografiar un manicomio durante tres años consecutivos decidió que ya tenía bastante y empezó a enfocar su trabajo hacia la calle y la vida cotidiana en ella.

Sin embargo el estilo de Anders Petesen no varió. Sus descarnadas imágenes marcan una constante, de tal manera que su trabajo podría ser todo uno, no importando el lugar ni el momento en que fueron realizadas. Petersen ubica a sus personajes en el centro de la imagen y les rodea de una atmósfera cerrada, casi opresiva, de tal manera que en ocasiones su retratos llegan a ser grotescos, aunque nunca estén exentos de humanidad. La vida en ocasiones es dura y Petersen sin duda es capaz de mostrar esa dureza en toda su realidad.

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http://www.anderspetersen.se/petersen/