lunes, 27 de mayo de 2013

Sebastião Salgado




Hablar de Sebastião Salgado es algo muy fácil y a la vez muy difícil. A estas alturas todo el mundo conoce el trabajo de este gran fotógrafo y se ha escrito tanto sobre él que no queda mucho que decir. Así que casi prefiero centrar mi comentario en su último libro, GÉNESIS.

Desde el momento en que conocí este proyecto estaba deseando ver los resultados y desde luego puedo asegurar que no me han defraudado, al contrario, considero que es uno de los mejores trabajos de Salgado.
Citando las palabras que encabezan el libro diré que el fotógrafo Sebastião Salgado, que nació en Aimorés, Minas Gerais, en 1944 y se crio en una hacienda, siempre ha sentido un gran amor y respeto por la naturaleza. También es un hombre profundamente comprometido con la devastadora situación socioeconómica en la que a menudo se ven afectados los seres humanos. Esto es algo que ya hemos podido apreciar en sus anteriores proyectos Trabajadores (1993) y Éxodos (2000).

Génesis, al igual que los anteriores, puede considerarse un trabajo épico realizado a lo largo de ocho años en los que Salgado ha realizado más de 32 viajes, a veces en condiciones extremas y con los más variados medios de transporte a su alcance para conseguir llegar a los más recónditos lugares del planeta. Sin embargo a diferencia de sus otros trabajos en los que se mostraban las duras condiciones de vida de los trabajadores de todo el mundo, o el dolor de los desplazados por la hambruna, las guerras o los desastres medioambientales, en esta ocasión lo que Sebastião Salgado pretende mostrarnos es el lado amable de la vida. La naturaleza, los animales y los habitantes de distintas tribus reciben en la obra del fotógrafo un homenaje a su belleza y a sus costumbres y tradiciones. 

Para algunos puede resultar extraño que la exuberante vegetación de las selvas amazónicas, las gargantas del Gran Cañón o los glaciares de Alaska se nos muestren en blanco y negro perdiendo de ese modo una parte de su propia esencia. Sin embargo, en mi opinión, es precisamente el haber privado de color a la naturaleza lo que confiere a la obra de Salgado una dimensión especial. Sin distracciones que nos estorben a la hora de observar, la obra de Salgado se convierte en una oda visual a la majestuosidad y fragilidad de la Tierra. Sin duda el fotógrafo ha logrado  su sueño de mostrar la vida y la naturaleza en todo su esplendor.

Dado que los temas que se reflejan en esta obra, paisajes, animales y gentes, a menudo se solapan, al diseñar el libro el autor y su colaboradores han optado por estructurarlo en cinco amplios capítulos, donde cada uno representa una extensa región que a su vez puede también comprender varios ecosistemas.
Si tenéis la oportunidad de conseguir un ejemplar no lo dudéis, el libro vale lo que cuesta y mucho más. Eso sí para poder disfrutar de él os recomiendo que os lo toméis con calma. Disponed de una mesa en donde situarlo, ya que pesa lo suyo, y disponeos a desgustarlo con calma, son más de 500 páginas y seguro que no pasaréis ninguna por alto. 

Para quienes no estéis demasiado familiarizados con el autor os dejo una pequeña reseña: 

Salgado trabajó en la administración de la OIC (Organización Internacional del Café), pero en 1973 abandona su carrera para dedicarse a la fotografía, terreno al que llega relativamente tarde y de modo autodidacta. En su carrera como fotógrafo comenzó trabajando para la agencia Gamma con sede en París, pero en 1979 se une a Magnum Photos.

En 1994 deja Magnum para formar su propia agencia Amazonas Images en París para representar su obra. Fue nominado representante especial de UNICEF en el año 2001.

No todo el mundo admira el trabajo de Salgado, en los inicios del año 2000, periodistas del New York Times y la escritora Susan Sontag criticaron sus imágenes. El fotógrafo fue acusado de utilizar de manera cínica y comercial la miseria humana y de exponer de manera bella las situaciones dramáticas,  corriendo el riesgo de hacerlas perder su autenticidad. 

Eso es algo que cada cual debe juzgar por sí mismo, pero a veces es difícil separar la belleza de la cruda realidad. No podemos olvidar que en el fondo todo fotógrafo tiene una parte de artista y una forma de mirar totalmente personal que en ocasiones los demás no pueden llegar a comprender.









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