domingo, 29 de septiembre de 2013

Alejandro Lamas



Alejandro Lamas nació en la ciudad porteña de Buenos Aires a mediados de los cincuenta pero,  quizás por la afinidad que siempre ha existido entre nuestros dos países, desde hace algún tiempo reside y trabaja en España, concretamente en Madrid. 

Entusiasta de la fotografía desde una edad muy temprana, comenzó a realizar imágenes a los catorce años, cursó estudios de Óptica Instrumental en Rosario, la tercera ciudad más importante en cuanto a población de Argentina y que está considerada como un importante centro cultural y educativo del país. Fue allí también, en la prestigiosa Peña Fotográfica Rosarina, fundada en 1950 y que a día de hoy está considerada como “Entidad de Bien Público”, donde perfeccionó sus conocimientos de fotografía. 

También se especializó en la reproducción fotográfica de obras de arte, de modo que en sus primeros años laborales alternó sus trabajos en este campo con el mundo de la publicidad. Así mismo impartió clases de iluminación en la escuela oficial de cine y televisión de la provincia de Santa Fe, en Argentina y más tarde actuó como profesor en varias escuelas de fotografía ya en España. 

Para Alejandro el dedicarse a la fotografía no fue algo deliberado sino natural. Desde el momento en que cogió su primera cámara, o más bien la de su padre, una Argus Coated Cintar, de la que seguramente muchos de vosotros no habréis oído hablar pero de la cual se vendieron más de dos millones de ejemplares en su momento, el salir a la calle con ella en la mano fue una costumbre que le acompaño a lo largo de su adolescencia y que sin duda marcó su vida profesional. No es pues de extrañar que los fotógrafos en los que más se fijara como referente fueran aquellos que también desarrollaban su labor en las calles, nombres como Harry Callahan, Manuel Álvarez Bravo, Robert Frank o Sergio Larrain fueron una fuente de inspiración y estudio. 

En su trabajo de autor Alejandro Lamas ha desarrollado una fotografía con un marcado carácter intimista. Sus imágenes suelen reflejar una ciudad desnuda, desprovista de cualquier tipo de artificio, en donde las calles son las auténticas protagonistas mientras que sus escasos moradores, apenas unas sombras, son meros espectadores del tiempo y el espacio.  Él suele definir su labor con una frase de Sergio Larrain extraída de su libro El rectángulo en la mano, “Es en mi interior que busco las fotografías cuando con la cámara en la mano paseo la vista por fuera, puedo solidificar ese mundo de fantasmas cuando encuentro algo que tiene resonancias en mí.”

Pero además de su propio trabajo personal como autor Alejandro dedica una gran parte de su tiempo a formar a futuros fotógrafos y si bien con anterioridad lo hacía al modo tradicional en alguna escuela, en los últimos tiempos ha desarrollado un método muy innovador en nuestro país, la fórmula del Coaching Fotográfico.  Este método está basado en una serie de salidas colectivas de un reducido grupo de alumnos, programadas a lo largo  de un periodo de tiempo durante el cual se realizará una práctica regular guiada por un fotógrafo profesional en activo, que incluye un proceso de revisión constante del trabajo realizado para una posterior selección y publicación de los resultados en formato de libro. 

Esta posibilidad de desarrollo de los conocimientos del alumno es mucho más provechosa y motivante. En lugar de impartir una lección magistral de la que los alumnos aprovechan un porcentaje limitado o un taller en el que el trabajo de campo ayuda a asimilar mejor las enseñanzas teóricas, se plantea una forma diferente de formación: incentivar el aprendizaje a través de la práctica regular del alumno, favoreciendo así el trabajo personal, la reflexión sobre los resultados, la comparación y el debate entre iguales y el incremento de la necesidad de adquirir conocimientos puntuales muy concretos y enfocados a una mejora casi inmediata de los resultados. 

De este modo Alejandro Lamas intenta transmitir a sus alumnos lo que él denomina “La Voluntad de Ver”, de modo que cada uno de ellos se sumerja en la tarea de encontrar su propia identidad como autor. Sin duda él la ha encontrado. Este hombre que se siente más cómodo mirando en blanco y negro, que gusta del formato medio y que cree que el futuro de la fotografía es un presente en transformación permanente, nos deja en sus obras una mirada de irrealidad trazada en un contexto paralelo en el que sin embargo se atisba una constante de humanidad, marcada sin duda por la presencia/ausencia de individuos como sujetos del espacio delimitado en la imagen. 

Como siempre os dejo el enlace a su página para que podáis seguir indagando y disfrutando del trabajo de este autor.








http://www.alejandrolamas.com/

jueves, 12 de septiembre de 2013

Robert Mapplethorpe





 Hace unos días terminé de leer "Eramos unos niños", la biografía de Patti Smith, o casi podría decirse la biografía compartida de Patti y Robert Mapplethorpe, ya que una buena parte del libro está dedicada a su vida en común. Era una asignatura que tenía pendiente, como tenía pendiente el escribir un artículo sobre ese polifacético artista que fue Robert Mapplethorpe.

Debo confesar que Mapplethorpe me fascina. Y no sólo como fotógrafo. Todo su personaje en sí, su fuerza vital, sus ansias de llevar la vida al límite aún dentro de su timidez, su deseo de experimentar, su fascinación por la belleza, su ambigüedad, su deseo de superación, todo en él era excesivo y al mismo tiempo insuficiente; siempre necesitaba más.

Nacido en el seno de una familia católica y siendo el tercero de seis hijos fue un niño travieso pero también estuvo sujeto a rígidas normas. Siempre supo que era un artista, era un dibujante nato del mismo modo que era capaz de componer cualquier cosa con sus manos. Disfrutaba montando y decorando broches, realizando collages, haciendo bocetos, cualquier cosa que requiriera de una mente creativa.

En 1963, Mapplethorpe se matriculó en el Instituto Pratt en las cercanías de Brooklyn, donde estudió dibujo, pintura y escultura. Influenciado por artistas como Joseph Cornell y Marcel Duchamp, experimentó con diversos materiales para la realización de collages de técnica mixta, incluyendo imágenes recortadas de libros y revistas. Fue su amiga y compañera Patti quien insistió para que realizara sus propias imágenes para incluirlas en sus obras. Sin embargo en un principio Robert no estaba interesado, entre otras cosas porque su economía no era muy boyante y la compra del material necesario para poder realizar las fotografías hubiese supuesto un coste mucho mayor que el que le exigían las revistas que utilizaba.

Sus primeras fotografías las tomó con una cámara Polaroid que le prestó un amigo y sus primeros modelos fueron Patti y él mismo. Al principio jugueteó con la cámara, no estaba convencido que aquello fuera lo suyo y aunque el mecanismo de la misma era muy sencillo las opciones eran limitadas. Aquello fue suficiente para que aquel hombre apasionado por todo tipo de arte se quedara totalmente enganchado a la fotografía. Poco tiempo después conoció a Sam Wagstaff, coleccionista y mecenas que paso a formar parte de su vida y que el día de su cumpleaños le regaló una Hasselblad. Ambos habían nacido el mismo día, el 4 de noviembre, con 25 años de diferencia y a cambio Robert le regalo a Sam una fotografía. Aquel primer intercambio simbolizó sus respectivos papeles como artista y mecenas, aunque con el tiempo Sam llegaría a ser mucho más al convertirse en amantes. 


La Hasselblad, una cámara de formato medio adaptada a la Polaroid, le permitía a Mapplethorpe una mayor flexibilidad y control sobre el uso de la luz y el poder intercambiar los objetivos le procuraba una mayor profundidad de campo, de ese modo Robert empezó a conseguir exactamente lo que quería. A partir de ahí, el resto de sus trabajos quedaron arrinconados y se dedicó en cuerpo y alma a la fotografía con resultados cada vez más atractivos. 

El mundo que rodeaba a Mapplethorpe estuvo siempre compuesto de los intelectuales más importantes de aquella época, músicos, poetas, pintores, escultores, todo tipo de artistas pasaron por el objetivo de su cámara, consiguiendo que nos dejará un maravilloso legado de retratos y aunque su obra está también repleta de naturalezas muertas, desnudos y provocativas imágenes, yo he querido mostraros hoy su faceta como retratista. Sin embargo si deseáis conocer más no tendréis ningún problema ya que la red está llena de páginas dedicadas a este singular artista. Para facilitaros un poco la labor, yo os dejaré al final un enlace a la página de su fundación. Como siempre os deseo que disfrutéis con las imágenes de Robert Mapplethorpe.






http://www.mapplethorpe.org/