sábado, 16 de enero de 2016

Jan Lukas


«Observar  y  preservar  aquello  que me  interesa,  con  la  esperanza  de  que hay  muchas  otras  personas  a  quienes también les interesa,» («To observe and  to  preserve  that  which  interests me, hoping that there are many others who are interested too,»),  reza el credo del documentalista Jan Lukas, autor del excelente Diario fotográfico de Praga 1938-1965.

El trabajo de Lukas muestra la caída de los países centroeuropeos en las redes del totalitarismo: primero la anexión de Austria a Alemania, después la disgregación de Checoslovaquia y la ocupación nazi de los territorios checos, para acabar con la hegemonía de posguerra de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. La fotografía checa tiene, además de Lukas, sólo dos creadores que han ofrecido testimonios comparables. La experiencia del llamado reclutamiento total para trabajar en beneficio del poder ocupante, el Tercer Reich, fue expresada por Zdenûk Tmej inminentemente a la finalización del conflicto en el libro  Abecedario  del  vacío  espiritual (presentado en alemán como Alphabet der geistigen Leere y en inglés The ABCs of Spiritual Emptiness). La invasión de las tropas del Pacto de Varsovia, que reprimieron la Primavera de Praga, fue captada por Josef Koudelka en el álbum publicado en Francia  Prague,  1968

Las obras mencionadas anteriormente pertenecen al fondo básico de la memoria visual nacional checoslovaca, al mismo tiempo que representan una interesante aportación en imágenes a la historia europea. Los reportes de Lukas y Tmej fueron publicados en los años  90  por  la  editorial checa  TORST  de  Víctor Stoilov, que sin embargo y a pesar de intentarlo no logró publicar el libro de Koudelka.




Jan Lukas empezó a fotografiar en la segunda mitad de los años 20, cuando era tan  sólo un estudiante de 12 años. Entonces  ya  vivía en Praga, adonde su familia se había trasladado desde el idílico sur de Bohemia. A través del cine y de revistas populares ilustradas adquirió nociones sobre las formas y la luz y como debía interpretarlas. Gracias al testimonio del autor sabemos que se miraba en celebridades progresistas de la fotografía y que determinaron su gusto. De los fotógrafos franceses le gustaban especialmente André Kertész y Brassai. Muy pronto intentó imitar a sus dos modelos y enseguida consiguió publicar: «Entonces todavía  iba  al  colegio  y  de  camino pasaba junto a escaparates repletos de revistas con mis fotografías en las  portadas,» recuerda Lukas. En el año 1934 realizó con éxito los exámenes de reválida, pero sin ninguna intención de iniciar la carrera para la que fue instruido por deseo de su padre. Aún siendo diplomado de la academia de comercio, prefería completar sus conocimientos de fotografía mediante una estancia de un año  en  la  escuela  gráfica de Viena. Por aquel entonces empezó a publicar también en la prensa extranjera.





El debut de Jan Lukas en las galerías tuvo lugar a raíz de su participación en un evento fundamental de la vanguardia de los años  30,  la Exposición internacional de fotografía que acogió la sala Mánes de Praga. En menos de un mes, al inicio de la primavera de 1936, la sala recibió a 7.927 visitantes. Lukas exponía por primera vez y lo hacía conjuntamente con los mejores maestros nacionales – Josef Sudek, Jaromír Funek, Jindrich Styrsky, Miroslav Hák, Frantisek Povolny, Eugen Wiskovsky, Otakar Lenhart o Alexander Hammid, con quien más tarde conincidiría en Nueva York. En la exposición también estaban representadas estrellas mundiales como Man Ray, László Moholy Nagy, John Heartfield, Raoul Hausmann, Alexander Michailovich Rodchenko y toda una pléyade de artistas internacionales. Igual de importante fue la participación de Lukas en otra manifestación colectiva de opiniones, llamada “Siete” en octubre de 1939. Por entonces, al inicio de la guerra, el historiador de arte Pavel Kropáãek caracterizó en el catálogo de la galería Topiã en Praga el trabajo de Lukas País y Pueblo, del ciclo patriótico, como técnicamente atrevido y poético.  



Es evidente que Jan Lukas nunca dejó que le quitaran la determinación de expresarse mediante la fotografía sobre la sociedad en la que vivía. A lo largo de los años el autor ha ido encadenando percepciones  en  colecciones  de  fotografías unidas por su significado: mediante ellas ha señalado  características comunes a través de la interioridad de la vivencia. Además de  las imágenes bucólicas de País y Pueblo (publicada en forma de libro en 1946), construyó también el  Diario de Praga 1938 – 1965 y de manera continuada, después de los primeros veinte años de exilio, el creciente Isleños/ The Islanders (1987).

El  exilio, al que voluntariamente se sometió en 1965, cuando tenía cincuenta años, significó una reavivación de las fuentes originales. Lukas incluso se encontró con el ídolo de su niñez, André Kertész: «Con veinte años más que yo, él todavía iba por Nueva  York  con  la  cámara  en la mano. Fue un estímulo saber que aún me quedaban veinte años más.»

Nueva York, y sobre todo Manhattan, supuso para Lukas «Un  encandilamiento  total», tal y como lo llama el mismo fotógrafo, «Simplemente caminando por la isla  de  Manhattan  uno  ve  imágenes que pueden ser tomadas en Hong Kong o Nápoles, San Juan o Tel Aviv, incluso  Calcuta  o  Pompeya.»
Jan Lukas aseguraba que se reconoce a un buen fotógrafo por la frecuencia con la que goza de suerte. Es una bonita sentencia. En realidad es necesario adelantarse a la fotogenia. Es consciente de ello, tal y como revela en la explicación del momento en que se despidió de la fotografía: «El fotógrafo debe ir tras su testimonio mediante la preparación, es decir,  mediante  un  estudio  del  tema, y también mediante la superación de los obstáculos. Cuando en una ocasión en el año 1989 vi a un joven que subía  a  una  farola,  para  desde ahí  fotografiar  aquello,  que  yo  sólo podía  captar  como  mucho  desde  la acera, lo dejé.»  





Lukas se mantuvo siempre fiel al libro de fotografías, llegando a publicar un total de 23 libros, muchos de ellos sobre temas topográficos. Sin embargo, esta práctica quedó interrumpida por el exilio en América, donde se refugió con su esposay dos hijos después tras una visita en 1964 a unos amigos. «No quería que mis hijos vivieran en el  país  de  la  arbitrariedad.» En los años  90  realizó una serie de exposiciones en Praga y Nueva York, también le fueron publicados libros nuevos y otros más antiguos. La editorial de Franz Kafka / Franz-Kafka-Verlag sacó a la calle la colección Amerikanach  Kafka  (América  según  Kafka), America  according  to  Kafka(1993) en la versión inglesa, mientras que TORST, treinta años  después de finalizar su actividad editorial, publicó por primera vez una versión bilingüe en checo e inglés del Diario  de Praga  1938 –  1965. También se imprimieron versiones readaptadas de dos colecciones de los años  60: Das Praguer Guetto (El Gueto de Praga) en la editorial Aventin (1993), y después en la Editorial de Franz Kafka, no sólo en alemán (Kafka lebte in Prag), sino también en checo bajo el título Praga – ciudad natal de Franz Kafka (2000).













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