sábado, 14 de octubre de 2017

¿ES FEMENINA LA FOTOGRAFÍA?

Juego de Piedras, 1988 © Colette Urbajtel

Uno de mis principales vicios consiste en rebuscar en los estantes de las librerías algún libro de esos que no suelen encontrarse fácilmente, bien por estar descatalogados, bien porque no alcanzaron suficiente relevancia a la hora de su distribución o venta. Hace unos días conseguí en la librería Antonio Machado, una de mis favoritas, un precioso ejemplar de la editorial rm, con el sencillo título de Colette Urbajtel.

Seguramente todo el mundo sabe quién era Manuel Álvarez Bravo y también que Lola Álvarez Bravo fue su primera mujer, sin embargo lo más probable es que muchos de vosotros no conozcáis a Colette Urbajtel, la segunda mujer de Manuel Álvarez Bravo. Esta fotógrafa de origen francés, que llegó a México en 1959 para hacer una tesis sobre economía en el marco de un intercambio cultural, acabo quedándose allí y se convirtió en la asistente del que fuera su esposo, a quién ayudo a difundir su obra. De 1969 a 1981 trabajó como administradora, asistente y fotógrafa en el Fondo Editorial de la Plástica Mexicana fundado por Manuel Álvarez Bravo, Rafael Carrillo, Carlos Pellicer y Leopoldo Méndez.


Al mismo tiempo Colette abandonó la economía por la fotografía y empezó a desarrollar un trabajo íntimo en el que se muestran lugares tranquilos, pequeños acontecimientos a veces divertidos o irónicos, plantas o animales de su entorno. Es una fotógrafa instintiva que sólo dispara su cámara movida por un impulso irresistible, pues cree que una simple vista no siempre da lugar a una buena fotografía. Su composición y su manera de recortar las tomas puede ser drástica, cuando decide excluir de su campo de visión algo que no le agrada o que considera imágenes excesivamente crueles o tiernas.

El libro del que os hablo es de los que a mí me gustan, más bien pequeño, encuadernado en tela y editado con mucho mimo. Predominan las fotografías y contiene poco texto, lo justo, una pequeña autobiografía esquemática de la autora y una interesantísima reflexión que es lo que me ha llevado a escribir este artículo ya que me gustaría compartirla con vosotros. Lleva por título ¡Ay, mujer! y os la trascribo tal como viene: 

 J'écris ton nom, 1985 © Colette Urbajtel


Cochinito al aire, 1980's © Colette Urbajtel

Alacrán en la tina, 1979  © Colette Urbajtel


“Hace unos años, la directora de una galería de fotografía en Nueva York, formó una exposición y la hizo circular con el título ¿Hay una cámara femenina? Se supone que la respuesta implícita es: sí. Pero, entrando en preguntas tontas: ¿es femenina la fotografía?
Exhumando del fondo de los siglos símbolos inherentes al funcionamiento de la mente humana: que la tierra y el agua son mujer, que el fuego y el aire son hombre, los mismos símbolos han perdurado  o vuelto a surgir, más o menos afines a uno u otro sexo, en actividades tradicionales o nuevas.

Se puede describir el dibujo como esencialmente masculino por sus instrumentos, los lápices, y porque implica creación, imaginación impositiva. Tanto más si se compara con la fotografía. Ésta es recepción, pasividad, copia del existir visible, estado de ánimo. En su quehacer interminable, vean las cámaras huecas, las lentes redondas, sus cristales transparentes y reflexivos, y las películas que admiten primero una imagen latente. El trabajo de cuarto oscuro es típico proceso femenino: primero revelar y luego ampliar como la vida en desarrollo; incluso los utensilios: cubetas, probetas, tanques, la luz tenue y hasta el delicado dosificar de cada cosa. ¿Les parece poco? Al ver sus basureros llenos, y peor aún las cajas repletas de fotografías mal logradas, mal tomadas, mal impresas, débiles imitaciones o copias de obras del pasado, como no evocar los incontables ensayos de la naturaleza, los ovarios tantas veces trabajando en vano, los huevecillos perdidos o devorados. Y frente a la demanda insaciable de hermosas doncellas jóvenes por parte de los compañeros, la proporción de mujeres feas, hoscas y viejas.
Retrato en Teotihuacan, 1967  © Colette Urbajtel

Caballos y muro, 1977  © Colette Urbajtel


Admitamos pues como demostrado que la fotografía es la más femenina de las bellas artes.

El año pasado durante la exposición de una fotógrafa en un prestigiado museo de la Ciudad de México, en la mesa redonda acerca del tema en cuestión, una mujer proyectó fotografías de mujeres. Quizá estaban particularmente bien seleccionadas, o la historia de la fotografía, aunque corta, está tan poblada que resultó fácil escoger. Tal vez hubo discriminación al construir la historia, o ellas escogieron mejor sus tomas al contar con recursos escasos, o son más fáciles de rastrear por ser menos numerosas en actividades firmadas. El caso es que su obra parecía destacarse frente a la de los hombres, en su contenido y forma.
Calavera pintada, 1962  © Colette Urbajtel

La tierra es redonda, 1978  © Colette Urbajtel


Julia Margaret Cameron retrata personajes victorianos, pero los hace posar como peones de un salón mundano. Margaret Bourke-White y Dorothea Lange, en sus fotografías de reportaje, llegan a mostrar detalles humildes de la vida diaria. ¿No les parece más evanescente el romanticismo de Gertrud Käsebier; más tierna la sensualidad de Tina Modotti, Joyce Tenneson o Claude Batho; más graciosos el impudor de Judy Dater? El expresionismo denigrante de Diane Arbus, está lejos de toda concesión: ¿no lleva a un mayor extremo lo patético, por haber tenido que sufrir, a lo largo de los siglos, la fealdad del macho conquistador?

Si, señores fotógrafos, la parte femenina de su ser complejo es la que obra cuando fotografían, y en nosotras, al disparar, se suelta nuestra parte masculina creativa, a lo mejor. Valioso, infinito instrumento del ser insatisfecho en el mundo, emitiendo, modulando sobre las ondas, al alcance de todos, un grito liberador.”

Vitrina con niño pescador, 1964  © Colette Urbajtel

Manuel y luna, 1970's  © Colette Urbajtel


Supongo que frente a esta diatriba podría organizarse un buen debate. Vosotros ¿Qué creéis? ¿Es femenina la fotografía?








 

1 comentario:

  1. Me ha gustado leerte
    Las imágenes en blanco y negro me gustan y llenan de nostalgias
    un placer haber estado aquí

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