miércoles, 7 de junio de 2017

UNA NOCHE EN EL CAFÉ LEHMITZ – ANDERS PETERSEN



CENTRO CENTRO CIBELES
Plaza de Cibeles, 1  MADRID
Del 31 de Mayo al 17 de Septiembre


Sin duda una de las exposiciones más esperada y deseada de la presente edición de PHOTOESPAÑA es la que está teniendo lugar en CENTRO CENTRO. La muestra de Anders Petersen Café Lehmitz es una obra clave en la historia de la fotografía urbana europea. Seguramente muchas de las personas que visiten la exposición ya conocerán las míticas imágenes del fotógrafo sueco, sin embargo el montaje que se ha realizado para su exhibición y el hecho de que se permita al espectador vislumbrar la práctica totalidad de las imágenes que realizó a través bien de los contactos, bien de las fotografías finalmente seleccionadas, añade un plus a la muestra.

Cuando a los 18 años Anders Petersen descubrió casi por casualidad este café del barrio rojo de Hamburgo, punto de encuentro de del hampa de la ciudad alemana, cuya clientela estaba formada por prostitutas, travestis, proxenetas e indigentes, se quedó totalmente prendado del lugar. Petersen, estaba ya influenciado por la visión y las fotografías que Christer Strömholm había realizado sobre los ambientes existencialistas de París. No en vano Strömholm, que por aquel entonces era director de la Fotoskolen (Escuela de fotografía) de la Universidad de Estocolmo en la que estudiaba Petersen, mantuvo una estrecha amistad con él lo que repercutió en la forma de trabajar del autor.




En 1968 Petersen regresó a Hamburgo y comenzó a fotografiar a los personajes que pululaban cada noche por el café, de este modo iniciaba su primer trabajo de autor y probablemente el más significativo de su carrera. Cuenta el autor que todo empezó casi por casualidad, “Era la una de la mañana y yo estaba esperando a una amiga en el Café. El lugar estaba lleno de gente y no estaba sonando buena música. Un hombre se acercó a mí y me preguntó por mi cámara que estaba sobre la mesa. Era una Nikon F y yo le dije que era buena. Él dijo “Yo tengo una mejor”. Levantamos nuestras cervezas y brindamos por ellas. Entonces nos pusimos a bailar con algunas damas. De repente, me di cuenta de que un grupo de personas habían cogido mi cámara y estaban sacándose fotos unos a otros. Me acerqué y les dije: ‘Por favor, sacadme una a mí porque es mí cámara’. ‘Vale’, dijeron y me la devolvieron. Así que me saqué algunas fotos – y así fue como empecé a fotografiar en el Café Lehmitz.”



Entre 1968 y 1970 Petersen retrató con una gran humanidad y cercanía a los habituales del local. Aunque aquellas fotografías fueron hechas con el corazón, el autor consiguió realizar un retrato alejado de la compasión o la repulsa y que consigue recrear el calor y la camaradería que se respiraba en el café en aquellos años. Dice Petersen: “Sabía que tenía que quedarme entre esas cuatro paredes y fotografiar a la gente. Sentí que el Lehmitz era un lugar único, un sitio de encuentro para débiles, ciudadanos de segunda condenados por el sistema capitalista al desahucio social, pero capaces de ofrecerse mutuamente simpatía y comprensión y sabía también que para muchos de ellos aquel era un final de trayecto.”

 
En 1970 Anders Petersen realizó su primera exposición individual en el propio Café con alrededor de 350 fotografías. La muestra duró cuatro días y una de las normas fue que los protagonistas de las imágenes estaban autorizados a llevarse aquellas en las que salían. En 1978 se publicó por primera vez el libro que llevaría el mismo título que la exposición y que ahora ha vuelto a reeditar LA FABRICA. El conjunto de la obra le procuró a Petersen una gran proyección internacional y además definiría el estilo y los trabajos posteriores del autor.



Esta exposición forma parte de las seis que Alberto García-Alix ha seleccionado dentro de LA EXALTACIÓN DEL SER, la Carta Blanca que el Festival en su XX aniversario le ha concedido al autor. Para Alberto “Café Lehmitz, la opera prima de Anders Petersen, posee magia. Nos atrapa desde que traspasamos la puerta. Nos hipnotiza. La atmósfera es soberana. Anders se adueña del aire. Nos sumerge en vida. Mirada y latido de antropólogo, de naturalista. No juzga. Ni pone a su mirada pretenciosidad, ni artificio. La noche y su viaje. Como el de Céline, con la diferencia de que en los ojos de ANders no cabe ese pesimismo. Es más clemente. No es un cínico. Los quiere, es cómplice. Brinda y baila con ellos. Nos arrastra a seguirlos. Terminamos por conocerlos. Su fotografía les alienta a ser. Él ama a los que nunca se muestran. Los invisibles. Vemos a Scar, un tragasables sin camisa en el trance de meterse en líos. Al fondo una máquina de discos y música. Vicios de amor. Nos llegan voces. Ramona da, seduce; Gretel pide…. La ternura empuja. Comprensión. Los iguales comparten noche y templo. Son penitentes. Los del flagelo y la alegría. Soledad y fracaso. Sublimidad… Café Lehmitz es una obra generosa de humanidad compartida. Un trabajo inolvidable. Hasta provocar las lágrimas. Soy testigo.”
 




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